miércoles, 13 de abril de 2011


El PRD y sus históricas peleas


POR SAUL PIMENTEL*


*EL AUTOR es periodista, director de ALMOMENTO.net. Reside en Santo Domingo.




¿A qué se debe esa conducta histórica y patológica que siempre han exhibido los perredeístas?

E
stoy muy interesado en que alguien (bien sea un sociólogo, un politólogo o un psicólogo) me explicara a qué se debe esa conducta histórica y patológica que siempre han exhibido los perredeístas  y que consiste en permanentemente pelearse, dando origen a veces con ello a resonantes divisiones.
¿Se deberá este fenómeno a que su símbolo es un “jacho” encendido?.  ¿O a que su nombre de “revolucionario” ha influido históricamente en la mentalidad de sus dirigentes?.
Las primeras discrepancias en esta organización, la más vieja de nuestro sistema de partidos, surgieron a finales de la década del 50 y comienzos de los 60, cuando sus primeros dirigentes Enrique Cotubanamá Henríquez, Ángel Miolán, Nicolás Silfa, Juan Isidro Jiménez Grullón, Juan Bosch, Virgilio Mainardi Reyna, Lucas Pichardo y José Manuel Santana (Pipi) no se ponían de acuerdo respecto a la forma en que se debía realizar desde el exilio la lucha contra el dictador Rafael L. Trujillo,  y cuál era el momento propicio para retornar al país a insertar el partido.
Luego de que el 5 de julio de 1961 llegaran Miolán, Silfa y Castillo con la misión de organizar el partido en todo el territorio nacional, hubo la primera gran fricción  cuando unos dirigentes, antes de ganar Bosch, acusaron a Nicolás Silfa de traicionar al partido al aceptar un cargo a Joaquín Balaguer (asesor y continuador del trujillato sin Trujillo).
En momentos en que se hacían preparativos para la participación del partido en las elecciones del 1962, hubo otro escándalo mayúsculo cuando Bosch amenazó incluso con renunciar a la candidatura presidencial porque sectores perredeístas supuestamente querían imponerle un candidato vicepresidencial que no era de su preferencia. Finalmente, éstos cedieron y terminaron aceptando como candidato a la segunda magistratura al doctor González Tamayo.
Instalado Bosch en la Presidencia de la República, sectores del propio PRD se prestaron a hacer el juego a los conspiradores y no asumieron una actitud militante antes ni después del golpe de Estado.  Mas bien hicieron galas del famoso “dejar hacer, dejar pasar”.
Una actitud de desidia también asumieron en los momentos en que se abogaba por el retorno a la constitucionalidad sin elecciones y se discutía  respecto a la mejor forma y fecha en que Bosch debía regresar al país. Cuando se produjo el retorno, no había ya constitucionalidad ni tampoco un PRD cohesionado ni con capacidad de enfrentar la embestida que en ese momento hacían sectores conservadores, con el apoyo norteamericano, para imponer el triunfo en el 1966 de la candidatura de Balaguer.
La patología de las discrepancias y del divisionismo cobró intensidad después del 1966, cuando Balaguer subió al poder.  Fueron tales que Bosch abandonó de nuevo el país y no regresó sino en marzo del 1970. Lo primero que hizo a su retorno fue dedicarse con gran empeño a erradicar lo que consideraba eran influencias del MPD sobre su partido. Unos eran partidarios de que el Partido concurriera a las elecciones del 1970, y otros se opusieron resueltamente a ello. Finalmente se impuso la tesis de la abstención electoral por la cual Bosch propugnaba, considerando que la violencia y el terrorismo oficiales convertían los comicios en un “matadero electoral”.
En los años siguientes Bosch entró en serias contradicciones con los demás dirigentes de su partido, pues se declaró “marxista no leninista” y partidario de una “dictadura con respaldo popular”.  Terminó abandonando el PRD en noviembre del 1973 y formando inmediatamente el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).  Con la oposición debilitada y profundamente dividida, se impuso de nuevo en el 1974 la tesis de la abstención, lo que le permitió a Balaguer continuar en el poder.
Luego del triunfo del PRD en el 1978, el candidato ganador Antonio Guzmán Fernández, quien a pesar de ser campesino tenía dotes de psicólogo natural,  también entró en contradicción con los dirigentes de su partido (o viceversa: éstos entraron en contradicción con él) por lo que el nuevo presidente rápidamente estableció un paralelismo al señalar que el nuevo régimen surgido de las elecciones de ese año era “mi gobierno”, y prefirió designar a empresarios en las principales posiciones del Gobierno así como a familiares y a personas de su entorno.
Al respecto, dice Frank Moya Pons en su Manual de Historia Dominicana:  “En consecuencia, el PRD se dividió en dos facciones: la de Guzmán y sus colaboradores, y la de aquellos que permanecieron fuera de la administración pública.  Muchos de los perredeístas se convirtieron en críticos del gobierno argumentando que Guzmán y su familia habían traicionado al PRD”.
Aún está fresca en la memoria de muchos de nosotros la batalla que libraron Guzmán y el sector oficial contra sus  opositores perredeístas, liderados por Salvador Jorge Blanco (quien a la sazón era senador y prácticamente controlaba el Congreso Nacional) con el apoyo tácito de José Francisco Peña Gómez, líder del partido.   Fueron muchos los convenios internacionales destinados a favorecer a la República Dominicana que fueron frenados en el Congreso Nacional, y que finalmente se cayeron debido a que no fueron asignadas a tiempo las contrapartidas locales.
No queremos entrar en detalles sobre los motivos que, finalmente, indujeron al Presidente Guzmán a suicidarse en su oficina del Palacio Nacional en momentos en que Salvador Jorge Blanco, después de haber ganado las elecciones del 1982, se preparaba para subir al poder y hacía sugerentes amenazas de todo tipo.
Tampoco queremos cansarlos a Ustedes, amigos lectores, recordando los tristemente célebres encontronazos entre el Presidente Jorge Blanco y Jacobo Majluta, cuando este último era presidente del Senado y aplicaba al primero la misma medicina que éste le había hecho beber a Guzmán.
No fueron uno ni dos sino muchas las batallas que Peña Gómez libró contra dirigentes de su propio partido, que en diferentes oportunidades trataban de imponerle criterios que él entendía eran equivocados. Fruto de uno de estos enfrentamientos, Majluta decidió irse también del PRD y formar el Partido Revolucionario Independiente (PRI). Posteriormente, otro líder perredeísta, Hatuey Decamps, decidió formar tienda aparte y fundar el Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD).
Resuenan en nuestros oídos y se mantienen en forma lapidaria aquellas famosas palabras de Peña Gómez de que: “Sólo el PRD destruye al PRD” y de que “el PRD unido jamás será vencido”.
Pero, así como “a los amigos hay que quererlos con sus defectos”, a las organizaciones de nuestro sistema de partidos hay que aceptarlos con los suyos ya que, al fin y al cabo, son los pilares de nuestro régimen democrático.
Fue muy sabia la decisión de la cúpula del PRD de realizar, faltando un año y tres meses para las elecciones, la convención nacional para elegir el candidato presidencial.  Quienes tomaron esta determinación parece que conocían bien “los ejes de su carreta” y se anticiparon a lo que venía. 
Pese a todo, una vez que Miguel Vargas ha desistido de su actitud beligerante, es casi seguro que el PRD se reunificará y no tengo la menor dudas de que dará la gran batalla en las elecciones del 20 de mayo del 2012.