El periodista cubano Guillermo Fariñas no podrá recoger el premio Sajarov que le otorgó el Parlamento Europeo porque el Gobierno cubano no ha iniciado los trámites para la emisión de su permiso de salida de la isla, según ha informado la madre del opositor, Mercedes Hernández.
El presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, había pedido por escrito al presidente cubano, Raúl Castro, que permitiese a Guillermo Fariñas viajar a Estrasburgo para recibir el Premio Sajarov la próxima semana.
"La presencia del señor Fariñas sería muy apreciada por los parlamentarios y los ciuadadanos europeos", ha señalado Buzek en un comunicado difundido por su oficina.
"El Parlamento Europeo apoya sinceramente que Fariñas esté personalmente presente en Estrasburgo para recibir su premio", insiste Buzek, que fue opositor al régimen comunista en Polonia y que considera que una autorización a Fariñas tendría "un impacto positivo" en las relaciones de la UE con la isla.
El premio Sajarov a la libertad de expresión debe ser entregado el 15 de diciembre en una sesión plenaria del Parlamento Europeo.
El director de la agencia ilegal de información Cubanacan Press y miembro del movimiento clandestino 'Alianza Democrática Cubana', dijo que Fariñas, de 48 años, sería el tercer opositor cubano en recibir el premio. Osvaldo Payá lo recibió en 2002, y las Damas de Blanco, esposas de los prisioneros políticos, en 2005.
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viernes, 10 de diciembre de 2010
domingo, 28 de noviembre de 2010
El Conocimiento Profesional del Profesor de las Ciencias Sociales
Zamudio F., José I.
Mérida-Venezuela. ISSN 1316-9505. Enero-Diciembre. Nº 8 (2003): pp. 87-104.
José Ignacio Zamudio Franco*
Resumen
Este escrito hace una revisión sobre un tema de gran importancia para interpretar
y comprender las actuaciones, estilos, y decisiones que los profesores eligen cuando
enseñan. Trata de explicar el tránsito del programa de investigación denominado
Pensamiento de los Profesores al Conocimiento Profesional, describiendo el papel
de un grupo de profesores de Sociales de educación básica de la ciudad de Cali,
respecto al saber profesionalizado y al saber didáctico.
Palabras Clave: Conocimiento, formación, teorías personales, saber,
conceptualización, enseñanza, didáctica.
Abstract
This article is a revision of a very important topic to interpreter and understand
the performances, styles and decisions that teachers choose when they teach. It
tries to explain the transition from the investigative program called Teacher’s
Thoughts to professional knowledge, describing the role of a group of Social
Science Basic Education teachers from Cali with respect to professional and
didactical knowledge.
Key Words: Knowledge, formation, personal theories, knowledge,
conceptualización, teaching didactics.
Résumé:
Cet écrit fait une révision d’un sujet de grande importance pour interpréter et
comprendre les actuations, les styles et les décisions que les professeurs choisissent
lors de l’enseignement. Il essaye d’expliquer le transit du programme
d’investigation nommé Pensée des Professeurs à la Connaissance Professionnelle,
en décrivant le rôle d’un groupe des professeurs de Sciences Sociales et
d’Éducation Basique de la ville de Cali, à propos du savoir professionnalisé et du
savoir didactique.
Mots Clefs: Connaissance, formation, théories personnelles, savoir,
conceptualisation, enseignement, didactique.
El conocimiento profesional
del profesor de Ciencias Sociales
* Prof. de Didáctica y Curriculo de Ciencias Sociales en Postgrado. Vicerrector Universidad
Santiago de Cali. Colombia. E-mail: joseiz@emcali.net.co
Zamudio F., José I. El Conocimiento Profesional del Profesor de ... Revista de Teoría y Didáctica de las
Ciencias Sociales. Mérida-Venezuela. ISSN 1316-9505. Enero-Diciembre. Nº 8 (2003): pp. 87-104.
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La formación del profesor, es sin lugar a dudas uno de los
temas que más ocupa las reflexiones e investigaciones en nuestro
tiempo, ya que las demandas sociales y los desarrollos científicos y
tecnológicos así lo imponen. Los centros de formación de profesores,
y particularmente las universidades, tratan de enfatizar el
perfeccionamiento de los procesos didácticos, atribuyendo a éstos en
el mejor de los casos, el mejoramiento de los procesos de aprendizaje
de los estudiantes.
Las carencias que demuestran los profesores en el ejercicio de
la vida escolar, se atribuye tradicionalmente a su proceso de formación
inicial; sin embargo, existen otros factores que igualmente pueden ser
importantes para explicar este proceso; podríamos nombrar: la falta
de políticas y programas de formación permanente, la ausencia de
espacios que propicien la reflexión y la producción pedagógica, la
inexistencia de comunidades académicas que tengan como objeto de
investigación la didáctica y la pedagogía, y nos atrevemos a sugerir
que todos ellos, de alguna manera, inciden en lo que se denomina el
Conocimiento Profesional del profesor.
1. Las teorías personales
La teoría personal, como cualquier otra teoría es un modelo,
una metáfora, un sistema de símbolos y conceptos, “un lenguaje” (J
García. 1996: 202). Nuestras teorías personales se encargan de
elaborar los sistemas de preferencias, a la vez que dirigen y limitan
nuestra atención. La naturaleza y la sociedad continuamente nos
ofrecen múltiples informaciones, mensajes y conocimientos, pero esta
información se organiza en la mente en función de las preguntas y
esquemas que poseemos. La teoría personal selecciona y acomoda el
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Ciencias Sociales. Mérida-Venezuela. ISSN 1316-9505. Enero-Diciembre. Nº 8 (2003): pp. 87-104.
sistema de acción a las aspiraciones y deseos, constituyendo de esta
manera el mecanismo mediante el cual se integran necesidades y
acciones; es lo que se ha denominado por algunos investigadores como
“mentalidad”.
Seguramente, el rasgo distintivo más importante de estas teorías,
en su elaboración más simple, es el de construirse como una metáfora.
De esta manera, es común referirse a quien resuelve un problema con
rapidez, como “talentoso”; igualmente, si una persona tiene un
comportamiento que no tiene cabida en el mío la considero como
“difícil”. Estas metáforas también se encuentran en las Ciencias
Naturales en forma de analogías: al aparato circulatorio correspondería
la instalación de agua en una casa, a las venas los desagües, a las
arterias las tuberías, etc.
El razonamiento analógico permite que ante una nueva
situación el sujeto pueda afrontarla basándose en el conocimiento
que ya tiene sobre situaciones anteriores similares, aunque distintas
en muchos aspectos. La importancia y efectividad de este proceso
está en el hecho de aprovechar la experiencia e información sobre
un aspecto conocido que cumpla con la condición de ser análogo y,
por ello permita construir nuevas relaciones y reflexiones acerca de
ese ámbito de conocimiento.
La mayor virtud de esta forma de conocimiento radica en la
posibilidad de construir una práctica educativa en la que los nuevos
conocimientos e informaciones se consolidan sobre la base de los
conocimientos anteriores, facilitando su comprensión y el establecimiento
de nuevas relaciones sobre ese campo. Igualmente, la analogía es un
medio de comunicación que se encuentra más cercano a la experiencia
cognitiva, perceptiva y emocional de las personas.
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En un contexto distinto al nuestro, Pierre Bordieu (1984)
propone unas categorías que nos pueden resultar de gran utilidad:
“individus empiriques et individus épistemiques”. El sujeto epistémico
se instituye por el uso de la racionalidad, mientras el sujeto empírico
está dominado por el conocimiento ordinario; en otras palabras es el
que se tiene a sí mismo por práctico. Para este hombre práctico el
motivo de acción se construye desde la superficie de lo material y, de
la manera como interviene sobre los objetos o procesos en los que
actúa. Por esta razón como bien lo afirma García. J (1996: 183) la
manera de opinar del hombre práctico se le denomina realismo ingenuo.
El hombre práctico en el contexto pedagógico se supone que es el
profesor, lo que nos permitiría hablar entonces de realismo pedagógico
ingenuo.
La práctica de este realismo ingenuo asume una serie de
características que permiten identificarlo de la siguiente
manera:
• El sujeto tiende a estimar que el estado en el que se encuentra
una organización o sistema es su estado lógico o natural y que éste es
simple consecuencia de la acción de leyes físicas, biológicas o mentales
que rigen en esa estructura.
• Le es difícil comprender que el campo de la educación es un
campo de múltiples fenómenos culturales y sociales, y que por ello se
dan en un mundo que tiene complejas explicaciones por su raíz social
e histórica.
• Desestima que la configuración del comportamiento de un
sujeto no sólo obedece a reglas internas de su personalidad, o modos
de ser, sino también a reacciones e interacciones con el mundo que lo
rodea.
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• Reduce el criterio de validez de un hecho, acción o
acontecimiento a la sola dimensión de la utilidad, es decir de su
aplicación práctica e inmediata.
• Considera la actividad teórica, independiente de su orientación
y contenido como innecesaria y desestabilizadora.
• Los patrones de conducta son estables y ensamblados al propio
estilo de su personalidad. De ahí que el coeficiente de inercia sea muy
alto.
2. El conocimiento práctico
Esta conceptualización del saber de los profesores ha sido
elaborada por Elbaz en la década de los 80. Con este concepto se
hace referencia al “ conjunto de conocimientos complejos, orientados
a la práctica que (los profesores) utilizan activamente para conformar
y dirigir el trabajo de la enseñanza” (Elbaz. 1983: 3). Desde esta
perspectiva, los profesores no son sujetos pasivos y meramente
ejecutores de los postulados y teorías educativas elaboradas por
expertos. Son agentes que alcanzan un cierto grado de autonomía,
que emplean en función de su experiencia profesional y de su singular
modo de comprender e interpretar el contexto educativo en el que
intervienen.
En relación con el contenido del conocimiento práctico, Elbaz
distingue 5 categorías:
• Conocimiento de sí mismo que se refiere a los valores, las
actitudes, las creencias y sentimientos personales del profesor.
• Conocimiento del medio, indica los diversos contextos
en los que se desenvuelve el profesor: aula, escuela, comunidad,
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etc; y la manera como influyen en la mentalidad y actividad del
docente.
• Conocimiento de la asignatura, representa el conjunto de
saberes teóricos y los procedimientos que el profesor emplea en la
enseñanza.
• Conocimiento del curriculum. Se refiere a los diferentes
elementos que incluye el proceso de enseñanza-aprendizaje.
• Conocimiento de la instrucción. Indica el enfoque de
enseñanza e incluye las creencias y teorías sobre el aprendizaje que
ha interiorizado el profesor.
3. Del pensamiento al conocimiento profesional del profesor
La línea de investigación del pensamiento de los profesores,
se ha transformado en un programa que se focaliza en la
descripción e interpretación de aquel conjunto de saberes que los
profesores ponen en juego en la enseñanza de una asignatura o
disciplina en particular. Los estudios sobre los procesos de
pensamiento de los profesores han tenido en cuenta tres
categorías: a) la planificación del docente (pensamientos
preactivos y post-activos); sus pensamientos y decisiones
interactivos, y c) sus teorías y creencias. Estas categorías son
una construcción hecha por los investigadores desde marcos
conceptuales hipotéticos que han tratado de lograr
comprobaciones empíricas.
Debemos distinguir que los procesos de pensamiento de los
profesores ocurren en su mente y como tales no son observables.
En cambio la conducta y acciones que ellos realizan no solamente
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son observables, se pueden registrar e interrogar para ofrecer
explicaciones, es decir se pueden someter a procesos de
comprobación empírica.
Reseña de las principales líneas de investigación que
han abordado el tema: Pensamiento de los profesores
Considera el pensamiento como un proceso que configura constructos
diferenciales, según los estilos de enseñanza. Kelly define el constructo
como la síntesis mental que cada sujeto utiliza como espacio
interpretativo de su propio mundo.
Considera que la investigación sobre el pensamiento del profesor
evidencia la preocupación que existe por conocer:que el profesor es
un profesional racional, reflexivo que toma decisiones, emite juicios,
tiene creencias y forma rutinas profesionales.
Teoría de los
constructos (Ben
Peretz, 1984).
Teoría Cognitiva
(Villar, 1990)
Se propone la búsqueda del sentido representacional y atribución de
contextos (la escuela, el aula), espacios de trabajo relacional, ha
evidenciado la importancia del discurso del profesor en el aula y la
relación que existe entre el pensamiento del profesor y el discurso
que explicita en el aula.
Interaccionismo
Simbólico
(Zeichner 1985,
Hargreaves 1985,
Medina 1989,
Mingorance, 1990)
Concede gran importancia al conocimiento de la línea de vida del
profesor, a las claves de acción de su práctica y a la identificación de
referencias significativas en la formación del profesor.
La Biografía
(Huberman 1990,
Hubert 1989,
Butt 1988)
La competencia por excelencia de los profesores es prepararlos para
que en las complejas decisiones del aula elijan competencia más
adecuada a los sucesos que tienen lugar en cada espacio (tiempo de la
enseñanza).
Teoría de las
Decisiones
(Shavelson 1973,
Villar y Marcelo
1988)
El profesor es un profesional de la enseñanza que debe estar
equipado de competencias para las variadas funciones que tiene
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que representar en la cada vez más compleja situación que se
presenta en el mundo de la escuela. Por ello, una de las líneas de
investigación que viene desarrollándose más promisoriamente en
el mundo es la que se derivó del programa llamado el Pensamiento
de los Profesores, ésta es: el Conocimiento Profesional del
Profesor.
La categoría Conocimiento Profesional del profesor, nos sugiere
un conjunto de interrogantes acerca de lo que debería saber el profesor,
conocimientos científicos, filosóficos, educativos y principalmente
la manera como debería enseñar; es decir, las estrategias didácticas
que emplea para lograr mejores aprendizajes en los alumnos.
El conocimiento profesional de los profesores no se puede
reducir sólo al tipo de saber práctico o del saber hacer, sino que
además incluye sus proposiciones teóricas, procedimientos
técnicos y construcciones pedagógicas y didácticas que regulan u
optimizan su actuación en el aula. El saber del profesor es un
saber teórico y práctico. El conocimiento profesional de los buenos
profesores se articula con base a un sistema complejo e interactivo
de conocimiento y experiencia que se asemeja a una especie de
arquitectura didáctica. Pero igualmente en muchos profesores este
sistema es más simple y en él predominan las teorías personales o
conocimiento empírico como lo explicamos en páginas anteriores.
Todas las personas tienen ideas acerca de como funciona el
mundo y explicaciones sobre las causas que originan los conflictos,
así como posibles soluciones a ellos. Estas construcciones se realizan
principalmente atendiendo a dos factores: la experiencia vivida y el
conocimiento preexistente que tiene cada individuo, condicionado por
supuesto a las condiciones sociales e históricas del contexto en el que
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se vive; por ello, se trata de un conocimiento relativo, temporal y en
continuo proceso de desarrollo.
Nuestros conocimientos y construcciones personales se
expresan o configuran en esquemas que nos permiten interpretar y
comprender los fenómenos, pero también en algunos casos nos impiden
ver correctamente algunas situaciones y fenómenos, es decir actúan a
manera de filtros a través de los cuales apreciamos la realidad. Desde
esta óptica deberíamos entender lo provisional de nuestras conjeturas
y por tanto las repercusiones que esto le transmite al proceso de
enseñanza-aprendizaje.
La consideración anterior permite mirar el conocimiento del
profesor como algo cambiante y dinámico que crece en la medida
en que se desarrollan nuevas y más ricas interacciones con:
alumnos, colegas, comunidad académica y sus múltiples
experiencias profesionales. Los profesores trabajamos con
diferentes clases de conocimiento: científicos, pedagógicos,
sociales, técnicos, etc; que a su vez pretendemos promover y formar
en nuestros alumnos.
El conocimiento de los profesores, podríamos decir, es
similar al de otros profesionales como los médicos o los jueces,
es como lo anota Porlán (1998) un tipo de conocimiento práctico,
profesionalizado y orientado a la intervención en diferentes
campos sociales. El conocimiento de los profesores está orientado
a la consecución de unas finalidades culturales, políticas y
sociales, que le dan unas características propias a su
profesionalidad.
Por otra parte, el conocimiento del profesor supone abordar
problemas relacionados con la práctica de la enseñanza, lo que indica
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una toma de decisiones en la fase preactiva o de planeamiento, durante
el proceso de enseñanza y cuando realiza la evaluación general del
proceso de enseñanza y aprendizaje. Por esta razón es notable la
relación entre el conocimiento profesional del profesor y el desarrollo
curricular.
El conocimiento profesional de los profesores es un saber
constituido por un conjunto de teorías, prácticas y experiencias que
se estructuran alrededor de cuestiones tan importantes como: metas
y objetivos de la educación, naturaleza y condiciones del saber escolar,
ideas acerca del aprendizaje de los alumnos y la gestión de la vida de
la escuela; estas ideas, teorías y creencias se generan y cultivan en el
proceso de construcción y reconstrucción de los diferentes contenidos
formativos presentes en sus prácticas pedagógicas.
Este conocimiento del profesor, es una expresión un tanto
suigéneris en la que se entremezclan teorías provenientes del campo
del saber científico, con manifestaciones peculiares del mundo
experiencial cotidiano, con sus hábitos, rutinas, reflexiones, teorías
personales y creencias; no es filosófico o metadisciplinar que sigue
con rigor las normas epistemológicas del pensamiento científico, pero
tampoco se reduce a una expresión simple del saber empírico de la
vida escolar; tiene una epistemología propia de un nivel de complejidad
al menos similar al del conocimiento científico, aunque
tradicionalmente en la formación del profesor no se lo valora del mismo
modo (Porlán y Rivero 1998: 65).
Cuando estudiamos el conocimiento del profesor damos gran
importancia al papel de la mente, o mejor a los procesos que se
desarrollan en ella para interpretar y comprender la realidad. Por
supuesto, los procesos de la mente aparecen para resolver o conjeturar
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sobre los problemas de los sujetos en contextos espaciales y temporales
específicos. Uno de estos espacios es el de las acciones de enseñanza
que orienta el profesor en la escuela. De ahí que los procesos que
desencadena la mente para dar respuesta a situaciones y problemas
reales, propios de la enseñanza, se denominen conocimiento ordinario,
y sus formas de accionar no se pueden considerar anomalías de la
razón, sino también formas de conocimiento.
Muchos estudiosos y analistas del conocimiento humano,
cuando se refieren al campo de las experiencias de la vida cotidiana,
sugieren que las operaciones mentales no son lógicas sino psicológicas;
nosotros diríamos que competen a los dos campos: al psicológico y al
lógico. Las acciones del profesor no se podrían valorar como lógicas
o ilógicas, racionales o irracionales, deberán apreciarse como el
resultado de la influencia de los campos psicológico y lógico o la
dependencia o dominancia de uno de ellos.
4. Las categorías del conocimiento profesional
Como hemos indicado, el conocimiento profesional del
profesor se constituye en un sistema cognitivo de saberes, creencias,
destrezas, habilidades y capacidades. Este especial sistema está
alimentado por una red interactiva de diferentes tipos de
conocimientos y señales que se interrelacionan y retroalimentan
mutuamente, integrando un complejo dispositivo de saber hacer en
la acción. Para Shulman este nivel de competencia se apoya en un
proceso reflexivo regulado por un razonamiento que orienta y dirige
las acciones del profesor.
Desde esta perspectiva el conocimiento profesional de los
profesores podría caracterizarse como:
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• Un sistema inteligente configurado por un amplio
repertorio de conocimientos y experiencias que interaccionan
continuamente.
• Un sistema cognitivo estructurado en forma de esquemas
o redes semánticas de diversa tipología (Calderheard, 1988).
• Como un sistema abierto que mantiene un intercambio
frecuente con las informaciones y señales provenientes del entorno.
• Un sistema dinámico, pero que puede mostrar resistencias
al cambio, o expresar una predisposición positiva hacia el cambio y
la innovación.
Dos trabajos que sirvieron como tesis doctorales en la
Universidad de Sevilla (Martín del Pozo, R, 1994 y Azcarate, P.
1995) reseñados por (López, J. 1999) consideran como componentes
del conocimiento profesional:
• El conocimiento profesionalizado de las disciplinas: se
refiere al contenido de las asignaturas o cursos que el profesor
imparte e incluye las decisiones relativas al currículo
• El conocimiento pedagógico o repertorio de saberes
didácticos y educativos del profesor.
• El conocimiento práctico o experiencial: proviene de la
experiencia del profesor y es el conocimiento que de hecho emplea y
refleja en su actuación en el aula.
La investigación del conocimiento profesional de los
profesores se ha desarrollado principalmente por la necesidad de
comprender e interpretar mejor los procesos de formación y
perfeccionamiento de los profesores. Su alcance se ha extendido
principalmente hacia la educación secundaria. La pretensión es
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Shulman (1986)
Conocimiento de
la materia.
Conocimiento
pedagógico
general.
Conocimiento de
los objetivos de
la enseñanza.
Conocimiento
curricular.
Conocimiento
didáctico del
contenido.
Grosman (1990)
Conocimiento de
la materia.
Conocimiento
pedagógico
general.
Conocimiento
didáctico del
contenido.
Conocimiento
curricular.
Conocimiento de
los propósitos de
enseñanza.
Conocimiento de
estrategias de
enseñanza.
Conocimiento
del contexto.
Martín del Pozo
(1994)
Conocimiento
profesionalizado
del contenido.
Conocimiento
pedagógico
general.
Conocimiento
didáctico
específico
Conocimiento
práctico.
Azcarate (1995)
Conocimiento
profesionalizado
de la disciplina.
Conocimiento
práctico
profesional
Conocimiento
experiencial.
identificar correctamente las dimensiones del conocimiento de los
docentes con el propósito de que éstas sirvan de base para la
formulación de programas coherentes de formación inicial y continua
de los profesores.
En el cuadro siguiente se sintetizan las categorías descritas
por varios investigadores:
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5. El conocimiento profesional del profesor de ciencias sociales
Las respuestas a los cuestionarios aplicados a un grupo de
profesores de educación secundaria de la ciudad de Cali, nos
permiten hacer una aproximación acerca del papel de las Ciencias
Sociales en la enseñanza y la relevancia que le otorgan los
profesores a aspectos como el saber profesionalizado y el
conocimiento didáctico.
Sobre el saber profesionalizado encontramos las siguientes
características:
• La gran incidencia de los aspectos formales en los que
ha operado el proceso de formación como educador: escuela
normal para quienes eligieron ser maestros de primaria y luego
los estudios de licenciatura en Ciencias Sociales. Desde esta
opción tiene gran fuerza el conocimiento brindado por la
universidad. En otras palabras, su proceso formativo está bien
definido por la cultura escolar del medio universitario y no
obedece a procesos informales o espontáneos, fruto de
innovaciones o proyectos alternativos.
• En cuanto a los modos de razonar, podemos afirmar que
están en relación directa con el aspecto anterior, ya que la cultura
de los programas de licenciatura que se ofrecen en nuestra ciudad
se caracterizan por la presencia de modelos centrados en la
adquisición del conocimiento y los modos de razonar propios de
las disciplinas que conforman el área de las Ciencias Sociales.
De esta manera los profesores comparten una educación
comprensiva, con estrategias que la propicien, pero al mismo
tiempo mantienen un papel directivo predominante en el
conocimiento. Se hibridan unas formas académicas propias del
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enciclopedismo con otras que se apoyan más en la búsqueda, la
interpretación y la comprensión.
• El conocimiento de los profesores tiene un fuerte componente
práctico, ligado a su praxis pedagógica y se transforma como
resultado de las diferentes interacciones que recibe. La disciplina
que demuestra su predominio en las Ciencias Sociales es la historia,
pues el profesor le dedica más tiempo y le atribuye una mayor
importancia que a la geografía, la economía o la sociología. Los
conocimientos históricos son valorados por el profesor como
insustituibles para garantizar el afianzamiento del concepto de
nacionalidad y la formación ciudadana. Además, afirman que la
historia sirve para que los alumnos conozcan el pasado, comprendan
el presente y puedan incidir sobre el futuro.
6. El conocimiento didáctico
Se refiere a las estrategias empleadas por los profesores; permite
apreciar la valoración que éstos hacen del aprendizaje y el papel que
le confieren a los aspectos didácticos para:
• La búsqueda de soluciones concretas a los problemas de la
realidad social de los alumnos para hacer más significativo el
aprendizaje de las Ciencias Sociales y generar mayor motivación en
los estudiantes.
• La enseñanza debe privilegiar la comprensión sobre la
memoria a diferencia de la enseñanza tradicional. No se debe
despreciar la memoria, pero ella debe ser comprensiva. Las Ciencias
Sociales debieran enseñarse de manera integral o global para que se
puedan captar mejor los diferentes aspectos de la compleja realidad
social.
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Ciencias Sociales. Mérida-Venezuela. ISSN 1316-9505. Enero-Diciembre. Nº 8 (2003): pp. 87-104.
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reflexiva, un instrumento para el análisis del conocimiento del profesor
en la enseñanza”. Textos universitarios “Sant Jordy”, Barcelona.
• Se atribuye mucha importancia a medios tradicionales
empleados en la enseñanza, tales como: textos, carteleras, vídeos, mapas
y salidas de campo; no incluye los nuevos medios que proporciona el
Internet y las redes satelitales ni otros asociados con los ordenadores.
• Otorga características especiales al profesor de sociales:
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Ciencias Sociales. Mérida-Venezuela. ISSN 1316-9505. Enero-Diciembre. Nº 8 (2003): pp. 87-104.
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José Ignacio Zamudio Franco*
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de un grupo de profesores de Sociales de educación básica de la ciudad de Cali,
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Palabras Clave: Conocimiento, formación, teorías personales, saber,
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Abstract
This article is a revision of a very important topic to interpreter and understand
the performances, styles and decisions that teachers choose when they teach. It
tries to explain the transition from the investigative program called Teacher’s
Thoughts to professional knowledge, describing the role of a group of Social
Science Basic Education teachers from Cali with respect to professional and
didactical knowledge.
Key Words: Knowledge, formation, personal theories, knowledge,
conceptualización, teaching didactics.
Résumé:
Cet écrit fait une révision d’un sujet de grande importance pour interpréter et
comprendre les actuations, les styles et les décisions que les professeurs choisissent
lors de l’enseignement. Il essaye d’expliquer le transit du programme
d’investigation nommé Pensée des Professeurs à la Connaissance Professionnelle,
en décrivant le rôle d’un groupe des professeurs de Sciences Sociales et
d’Éducation Basique de la ville de Cali, à propos du savoir professionnalisé et du
savoir didactique.
Mots Clefs: Connaissance, formation, théories personnelles, savoir,
conceptualisation, enseignement, didactique.
El conocimiento profesional
del profesor de Ciencias Sociales
* Prof. de Didáctica y Curriculo de Ciencias Sociales en Postgrado. Vicerrector Universidad
Santiago de Cali. Colombia. E-mail: joseiz@emcali.net.co
Zamudio F., José I. El Conocimiento Profesional del Profesor de ... Revista de Teoría y Didáctica de las
Ciencias Sociales. Mérida-Venezuela. ISSN 1316-9505. Enero-Diciembre. Nº 8 (2003): pp. 87-104.
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La formación del profesor, es sin lugar a dudas uno de los
temas que más ocupa las reflexiones e investigaciones en nuestro
tiempo, ya que las demandas sociales y los desarrollos científicos y
tecnológicos así lo imponen. Los centros de formación de profesores,
y particularmente las universidades, tratan de enfatizar el
perfeccionamiento de los procesos didácticos, atribuyendo a éstos en
el mejor de los casos, el mejoramiento de los procesos de aprendizaje
de los estudiantes.
Las carencias que demuestran los profesores en el ejercicio de
la vida escolar, se atribuye tradicionalmente a su proceso de formación
inicial; sin embargo, existen otros factores que igualmente pueden ser
importantes para explicar este proceso; podríamos nombrar: la falta
de políticas y programas de formación permanente, la ausencia de
espacios que propicien la reflexión y la producción pedagógica, la
inexistencia de comunidades académicas que tengan como objeto de
investigación la didáctica y la pedagogía, y nos atrevemos a sugerir
que todos ellos, de alguna manera, inciden en lo que se denomina el
Conocimiento Profesional del profesor.
1. Las teorías personales
La teoría personal, como cualquier otra teoría es un modelo,
una metáfora, un sistema de símbolos y conceptos, “un lenguaje” (J
García. 1996: 202). Nuestras teorías personales se encargan de
elaborar los sistemas de preferencias, a la vez que dirigen y limitan
nuestra atención. La naturaleza y la sociedad continuamente nos
ofrecen múltiples informaciones, mensajes y conocimientos, pero esta
información se organiza en la mente en función de las preguntas y
esquemas que poseemos. La teoría personal selecciona y acomoda el
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sistema de acción a las aspiraciones y deseos, constituyendo de esta
manera el mecanismo mediante el cual se integran necesidades y
acciones; es lo que se ha denominado por algunos investigadores como
“mentalidad”.
Seguramente, el rasgo distintivo más importante de estas teorías,
en su elaboración más simple, es el de construirse como una metáfora.
De esta manera, es común referirse a quien resuelve un problema con
rapidez, como “talentoso”; igualmente, si una persona tiene un
comportamiento que no tiene cabida en el mío la considero como
“difícil”. Estas metáforas también se encuentran en las Ciencias
Naturales en forma de analogías: al aparato circulatorio correspondería
la instalación de agua en una casa, a las venas los desagües, a las
arterias las tuberías, etc.
El razonamiento analógico permite que ante una nueva
situación el sujeto pueda afrontarla basándose en el conocimiento
que ya tiene sobre situaciones anteriores similares, aunque distintas
en muchos aspectos. La importancia y efectividad de este proceso
está en el hecho de aprovechar la experiencia e información sobre
un aspecto conocido que cumpla con la condición de ser análogo y,
por ello permita construir nuevas relaciones y reflexiones acerca de
ese ámbito de conocimiento.
La mayor virtud de esta forma de conocimiento radica en la
posibilidad de construir una práctica educativa en la que los nuevos
conocimientos e informaciones se consolidan sobre la base de los
conocimientos anteriores, facilitando su comprensión y el establecimiento
de nuevas relaciones sobre ese campo. Igualmente, la analogía es un
medio de comunicación que se encuentra más cercano a la experiencia
cognitiva, perceptiva y emocional de las personas.
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En un contexto distinto al nuestro, Pierre Bordieu (1984)
propone unas categorías que nos pueden resultar de gran utilidad:
“individus empiriques et individus épistemiques”. El sujeto epistémico
se instituye por el uso de la racionalidad, mientras el sujeto empírico
está dominado por el conocimiento ordinario; en otras palabras es el
que se tiene a sí mismo por práctico. Para este hombre práctico el
motivo de acción se construye desde la superficie de lo material y, de
la manera como interviene sobre los objetos o procesos en los que
actúa. Por esta razón como bien lo afirma García. J (1996: 183) la
manera de opinar del hombre práctico se le denomina realismo ingenuo.
El hombre práctico en el contexto pedagógico se supone que es el
profesor, lo que nos permitiría hablar entonces de realismo pedagógico
ingenuo.
La práctica de este realismo ingenuo asume una serie de
características que permiten identificarlo de la siguiente
manera:
• El sujeto tiende a estimar que el estado en el que se encuentra
una organización o sistema es su estado lógico o natural y que éste es
simple consecuencia de la acción de leyes físicas, biológicas o mentales
que rigen en esa estructura.
• Le es difícil comprender que el campo de la educación es un
campo de múltiples fenómenos culturales y sociales, y que por ello se
dan en un mundo que tiene complejas explicaciones por su raíz social
e histórica.
• Desestima que la configuración del comportamiento de un
sujeto no sólo obedece a reglas internas de su personalidad, o modos
de ser, sino también a reacciones e interacciones con el mundo que lo
rodea.
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• Reduce el criterio de validez de un hecho, acción o
acontecimiento a la sola dimensión de la utilidad, es decir de su
aplicación práctica e inmediata.
• Considera la actividad teórica, independiente de su orientación
y contenido como innecesaria y desestabilizadora.
• Los patrones de conducta son estables y ensamblados al propio
estilo de su personalidad. De ahí que el coeficiente de inercia sea muy
alto.
2. El conocimiento práctico
Esta conceptualización del saber de los profesores ha sido
elaborada por Elbaz en la década de los 80. Con este concepto se
hace referencia al “ conjunto de conocimientos complejos, orientados
a la práctica que (los profesores) utilizan activamente para conformar
y dirigir el trabajo de la enseñanza” (Elbaz. 1983: 3). Desde esta
perspectiva, los profesores no son sujetos pasivos y meramente
ejecutores de los postulados y teorías educativas elaboradas por
expertos. Son agentes que alcanzan un cierto grado de autonomía,
que emplean en función de su experiencia profesional y de su singular
modo de comprender e interpretar el contexto educativo en el que
intervienen.
En relación con el contenido del conocimiento práctico, Elbaz
distingue 5 categorías:
• Conocimiento de sí mismo que se refiere a los valores, las
actitudes, las creencias y sentimientos personales del profesor.
• Conocimiento del medio, indica los diversos contextos
en los que se desenvuelve el profesor: aula, escuela, comunidad,
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etc; y la manera como influyen en la mentalidad y actividad del
docente.
• Conocimiento de la asignatura, representa el conjunto de
saberes teóricos y los procedimientos que el profesor emplea en la
enseñanza.
• Conocimiento del curriculum. Se refiere a los diferentes
elementos que incluye el proceso de enseñanza-aprendizaje.
• Conocimiento de la instrucción. Indica el enfoque de
enseñanza e incluye las creencias y teorías sobre el aprendizaje que
ha interiorizado el profesor.
3. Del pensamiento al conocimiento profesional del profesor
La línea de investigación del pensamiento de los profesores,
se ha transformado en un programa que se focaliza en la
descripción e interpretación de aquel conjunto de saberes que los
profesores ponen en juego en la enseñanza de una asignatura o
disciplina en particular. Los estudios sobre los procesos de
pensamiento de los profesores han tenido en cuenta tres
categorías: a) la planificación del docente (pensamientos
preactivos y post-activos); sus pensamientos y decisiones
interactivos, y c) sus teorías y creencias. Estas categorías son
una construcción hecha por los investigadores desde marcos
conceptuales hipotéticos que han tratado de lograr
comprobaciones empíricas.
Debemos distinguir que los procesos de pensamiento de los
profesores ocurren en su mente y como tales no son observables.
En cambio la conducta y acciones que ellos realizan no solamente
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son observables, se pueden registrar e interrogar para ofrecer
explicaciones, es decir se pueden someter a procesos de
comprobación empírica.
Reseña de las principales líneas de investigación que
han abordado el tema: Pensamiento de los profesores
Considera el pensamiento como un proceso que configura constructos
diferenciales, según los estilos de enseñanza. Kelly define el constructo
como la síntesis mental que cada sujeto utiliza como espacio
interpretativo de su propio mundo.
Considera que la investigación sobre el pensamiento del profesor
evidencia la preocupación que existe por conocer:que el profesor es
un profesional racional, reflexivo que toma decisiones, emite juicios,
tiene creencias y forma rutinas profesionales.
Teoría de los
constructos (Ben
Peretz, 1984).
Teoría Cognitiva
(Villar, 1990)
Se propone la búsqueda del sentido representacional y atribución de
contextos (la escuela, el aula), espacios de trabajo relacional, ha
evidenciado la importancia del discurso del profesor en el aula y la
relación que existe entre el pensamiento del profesor y el discurso
que explicita en el aula.
Interaccionismo
Simbólico
(Zeichner 1985,
Hargreaves 1985,
Medina 1989,
Mingorance, 1990)
Concede gran importancia al conocimiento de la línea de vida del
profesor, a las claves de acción de su práctica y a la identificación de
referencias significativas en la formación del profesor.
La Biografía
(Huberman 1990,
Hubert 1989,
Butt 1988)
La competencia por excelencia de los profesores es prepararlos para
que en las complejas decisiones del aula elijan competencia más
adecuada a los sucesos que tienen lugar en cada espacio (tiempo de la
enseñanza).
Teoría de las
Decisiones
(Shavelson 1973,
Villar y Marcelo
1988)
El profesor es un profesional de la enseñanza que debe estar
equipado de competencias para las variadas funciones que tiene
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que representar en la cada vez más compleja situación que se
presenta en el mundo de la escuela. Por ello, una de las líneas de
investigación que viene desarrollándose más promisoriamente en
el mundo es la que se derivó del programa llamado el Pensamiento
de los Profesores, ésta es: el Conocimiento Profesional del
Profesor.
La categoría Conocimiento Profesional del profesor, nos sugiere
un conjunto de interrogantes acerca de lo que debería saber el profesor,
conocimientos científicos, filosóficos, educativos y principalmente
la manera como debería enseñar; es decir, las estrategias didácticas
que emplea para lograr mejores aprendizajes en los alumnos.
El conocimiento profesional de los profesores no se puede
reducir sólo al tipo de saber práctico o del saber hacer, sino que
además incluye sus proposiciones teóricas, procedimientos
técnicos y construcciones pedagógicas y didácticas que regulan u
optimizan su actuación en el aula. El saber del profesor es un
saber teórico y práctico. El conocimiento profesional de los buenos
profesores se articula con base a un sistema complejo e interactivo
de conocimiento y experiencia que se asemeja a una especie de
arquitectura didáctica. Pero igualmente en muchos profesores este
sistema es más simple y en él predominan las teorías personales o
conocimiento empírico como lo explicamos en páginas anteriores.
Todas las personas tienen ideas acerca de como funciona el
mundo y explicaciones sobre las causas que originan los conflictos,
así como posibles soluciones a ellos. Estas construcciones se realizan
principalmente atendiendo a dos factores: la experiencia vivida y el
conocimiento preexistente que tiene cada individuo, condicionado por
supuesto a las condiciones sociales e históricas del contexto en el que
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se vive; por ello, se trata de un conocimiento relativo, temporal y en
continuo proceso de desarrollo.
Nuestros conocimientos y construcciones personales se
expresan o configuran en esquemas que nos permiten interpretar y
comprender los fenómenos, pero también en algunos casos nos impiden
ver correctamente algunas situaciones y fenómenos, es decir actúan a
manera de filtros a través de los cuales apreciamos la realidad. Desde
esta óptica deberíamos entender lo provisional de nuestras conjeturas
y por tanto las repercusiones que esto le transmite al proceso de
enseñanza-aprendizaje.
La consideración anterior permite mirar el conocimiento del
profesor como algo cambiante y dinámico que crece en la medida
en que se desarrollan nuevas y más ricas interacciones con:
alumnos, colegas, comunidad académica y sus múltiples
experiencias profesionales. Los profesores trabajamos con
diferentes clases de conocimiento: científicos, pedagógicos,
sociales, técnicos, etc; que a su vez pretendemos promover y formar
en nuestros alumnos.
El conocimiento de los profesores, podríamos decir, es
similar al de otros profesionales como los médicos o los jueces,
es como lo anota Porlán (1998) un tipo de conocimiento práctico,
profesionalizado y orientado a la intervención en diferentes
campos sociales. El conocimiento de los profesores está orientado
a la consecución de unas finalidades culturales, políticas y
sociales, que le dan unas características propias a su
profesionalidad.
Por otra parte, el conocimiento del profesor supone abordar
problemas relacionados con la práctica de la enseñanza, lo que indica
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una toma de decisiones en la fase preactiva o de planeamiento, durante
el proceso de enseñanza y cuando realiza la evaluación general del
proceso de enseñanza y aprendizaje. Por esta razón es notable la
relación entre el conocimiento profesional del profesor y el desarrollo
curricular.
El conocimiento profesional de los profesores es un saber
constituido por un conjunto de teorías, prácticas y experiencias que
se estructuran alrededor de cuestiones tan importantes como: metas
y objetivos de la educación, naturaleza y condiciones del saber escolar,
ideas acerca del aprendizaje de los alumnos y la gestión de la vida de
la escuela; estas ideas, teorías y creencias se generan y cultivan en el
proceso de construcción y reconstrucción de los diferentes contenidos
formativos presentes en sus prácticas pedagógicas.
Este conocimiento del profesor, es una expresión un tanto
suigéneris en la que se entremezclan teorías provenientes del campo
del saber científico, con manifestaciones peculiares del mundo
experiencial cotidiano, con sus hábitos, rutinas, reflexiones, teorías
personales y creencias; no es filosófico o metadisciplinar que sigue
con rigor las normas epistemológicas del pensamiento científico, pero
tampoco se reduce a una expresión simple del saber empírico de la
vida escolar; tiene una epistemología propia de un nivel de complejidad
al menos similar al del conocimiento científico, aunque
tradicionalmente en la formación del profesor no se lo valora del mismo
modo (Porlán y Rivero 1998: 65).
Cuando estudiamos el conocimiento del profesor damos gran
importancia al papel de la mente, o mejor a los procesos que se
desarrollan en ella para interpretar y comprender la realidad. Por
supuesto, los procesos de la mente aparecen para resolver o conjeturar
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sobre los problemas de los sujetos en contextos espaciales y temporales
específicos. Uno de estos espacios es el de las acciones de enseñanza
que orienta el profesor en la escuela. De ahí que los procesos que
desencadena la mente para dar respuesta a situaciones y problemas
reales, propios de la enseñanza, se denominen conocimiento ordinario,
y sus formas de accionar no se pueden considerar anomalías de la
razón, sino también formas de conocimiento.
Muchos estudiosos y analistas del conocimiento humano,
cuando se refieren al campo de las experiencias de la vida cotidiana,
sugieren que las operaciones mentales no son lógicas sino psicológicas;
nosotros diríamos que competen a los dos campos: al psicológico y al
lógico. Las acciones del profesor no se podrían valorar como lógicas
o ilógicas, racionales o irracionales, deberán apreciarse como el
resultado de la influencia de los campos psicológico y lógico o la
dependencia o dominancia de uno de ellos.
4. Las categorías del conocimiento profesional
Como hemos indicado, el conocimiento profesional del
profesor se constituye en un sistema cognitivo de saberes, creencias,
destrezas, habilidades y capacidades. Este especial sistema está
alimentado por una red interactiva de diferentes tipos de
conocimientos y señales que se interrelacionan y retroalimentan
mutuamente, integrando un complejo dispositivo de saber hacer en
la acción. Para Shulman este nivel de competencia se apoya en un
proceso reflexivo regulado por un razonamiento que orienta y dirige
las acciones del profesor.
Desde esta perspectiva el conocimiento profesional de los
profesores podría caracterizarse como:
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• Un sistema inteligente configurado por un amplio
repertorio de conocimientos y experiencias que interaccionan
continuamente.
• Un sistema cognitivo estructurado en forma de esquemas
o redes semánticas de diversa tipología (Calderheard, 1988).
• Como un sistema abierto que mantiene un intercambio
frecuente con las informaciones y señales provenientes del entorno.
• Un sistema dinámico, pero que puede mostrar resistencias
al cambio, o expresar una predisposición positiva hacia el cambio y
la innovación.
Dos trabajos que sirvieron como tesis doctorales en la
Universidad de Sevilla (Martín del Pozo, R, 1994 y Azcarate, P.
1995) reseñados por (López, J. 1999) consideran como componentes
del conocimiento profesional:
• El conocimiento profesionalizado de las disciplinas: se
refiere al contenido de las asignaturas o cursos que el profesor
imparte e incluye las decisiones relativas al currículo
• El conocimiento pedagógico o repertorio de saberes
didácticos y educativos del profesor.
• El conocimiento práctico o experiencial: proviene de la
experiencia del profesor y es el conocimiento que de hecho emplea y
refleja en su actuación en el aula.
La investigación del conocimiento profesional de los
profesores se ha desarrollado principalmente por la necesidad de
comprender e interpretar mejor los procesos de formación y
perfeccionamiento de los profesores. Su alcance se ha extendido
principalmente hacia la educación secundaria. La pretensión es
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Shulman (1986)
Conocimiento de
la materia.
Conocimiento
pedagógico
general.
Conocimiento de
los objetivos de
la enseñanza.
Conocimiento
curricular.
Conocimiento
didáctico del
contenido.
Grosman (1990)
Conocimiento de
la materia.
Conocimiento
pedagógico
general.
Conocimiento
didáctico del
contenido.
Conocimiento
curricular.
Conocimiento de
los propósitos de
enseñanza.
Conocimiento de
estrategias de
enseñanza.
Conocimiento
del contexto.
Martín del Pozo
(1994)
Conocimiento
profesionalizado
del contenido.
Conocimiento
pedagógico
general.
Conocimiento
didáctico
específico
Conocimiento
práctico.
Azcarate (1995)
Conocimiento
profesionalizado
de la disciplina.
Conocimiento
práctico
profesional
Conocimiento
experiencial.
identificar correctamente las dimensiones del conocimiento de los
docentes con el propósito de que éstas sirvan de base para la
formulación de programas coherentes de formación inicial y continua
de los profesores.
En el cuadro siguiente se sintetizan las categorías descritas
por varios investigadores:
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5. El conocimiento profesional del profesor de ciencias sociales
Las respuestas a los cuestionarios aplicados a un grupo de
profesores de educación secundaria de la ciudad de Cali, nos
permiten hacer una aproximación acerca del papel de las Ciencias
Sociales en la enseñanza y la relevancia que le otorgan los
profesores a aspectos como el saber profesionalizado y el
conocimiento didáctico.
Sobre el saber profesionalizado encontramos las siguientes
características:
• La gran incidencia de los aspectos formales en los que
ha operado el proceso de formación como educador: escuela
normal para quienes eligieron ser maestros de primaria y luego
los estudios de licenciatura en Ciencias Sociales. Desde esta
opción tiene gran fuerza el conocimiento brindado por la
universidad. En otras palabras, su proceso formativo está bien
definido por la cultura escolar del medio universitario y no
obedece a procesos informales o espontáneos, fruto de
innovaciones o proyectos alternativos.
• En cuanto a los modos de razonar, podemos afirmar que
están en relación directa con el aspecto anterior, ya que la cultura
de los programas de licenciatura que se ofrecen en nuestra ciudad
se caracterizan por la presencia de modelos centrados en la
adquisición del conocimiento y los modos de razonar propios de
las disciplinas que conforman el área de las Ciencias Sociales.
De esta manera los profesores comparten una educación
comprensiva, con estrategias que la propicien, pero al mismo
tiempo mantienen un papel directivo predominante en el
conocimiento. Se hibridan unas formas académicas propias del
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enciclopedismo con otras que se apoyan más en la búsqueda, la
interpretación y la comprensión.
• El conocimiento de los profesores tiene un fuerte componente
práctico, ligado a su praxis pedagógica y se transforma como
resultado de las diferentes interacciones que recibe. La disciplina
que demuestra su predominio en las Ciencias Sociales es la historia,
pues el profesor le dedica más tiempo y le atribuye una mayor
importancia que a la geografía, la economía o la sociología. Los
conocimientos históricos son valorados por el profesor como
insustituibles para garantizar el afianzamiento del concepto de
nacionalidad y la formación ciudadana. Además, afirman que la
historia sirve para que los alumnos conozcan el pasado, comprendan
el presente y puedan incidir sobre el futuro.
6. El conocimiento didáctico
Se refiere a las estrategias empleadas por los profesores; permite
apreciar la valoración que éstos hacen del aprendizaje y el papel que
le confieren a los aspectos didácticos para:
• La búsqueda de soluciones concretas a los problemas de la
realidad social de los alumnos para hacer más significativo el
aprendizaje de las Ciencias Sociales y generar mayor motivación en
los estudiantes.
• La enseñanza debe privilegiar la comprensión sobre la
memoria a diferencia de la enseñanza tradicional. No se debe
despreciar la memoria, pero ella debe ser comprensiva. Las Ciencias
Sociales debieran enseñarse de manera integral o global para que se
puedan captar mejor los diferentes aspectos de la compleja realidad
social.
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• Se atribuye mucha importancia a medios tradicionales
empleados en la enseñanza, tales como: textos, carteleras, vídeos, mapas
y salidas de campo; no incluye los nuevos medios que proporciona el
Internet y las redes satelitales ni otros asociados con los ordenadores.
• Otorga características especiales al profesor de sociales:
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domingo, 21 de noviembre de 2010
Gonzalo Guerrero: el español que se hizo maya
.Una de las figuras más sorprendentes de la conquista de Mesoamérica es la de un simple marinero onubense llamado Gonzalo Guerrero. Un hombre que terminaría sus días convertido en maya, y combatiendo mano a mano con ellos contra la conquista española.
Gonzalo Guerrero nació en Palos de la Forontera (Huelva), en algun año de fines del siglo XV, y murió probablemente 10 de agosto de 1536, ya hombre maduro, luchando contra los conquistadores españoles.
Desde joven fue marino y se embarcó para la recientemente descubierta América como tantos y tantos onubenses.
En 1511 un barco de la flota de Diego de Nicuesa, al mando de Pedro de Valdivia ( no confundir con Pedro de Valdivia el conquistador de Chile), a bordo del navío Santa María de la Barca que regresaba a la isla La Española, después de explorar la costa centroamericana, naufragó cerca de las costas de Yucatán, y algunos de sus ocupantes consiguieron salvarse, hubo unos veinte sobrevivientes del naufragio, entre ellos el Capitán Valdivia, el fraile Gerónimo de Aguilar y el marinero Gonzalo Guerrero. Cuenta la historia que arribaron a Ecab poblado que dependía de un cacicazgo maya que abarcaba entre otras poblaciones Cancún, Cozumel e Isla Mujeres. Allí fueron tomados prisioneros por los nativos y los presentaron ante Halach Uinik, cacique maya de Ecab, quien decidió sacrificar a cuatro de ellos a sus dioses. Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero de algún modo lograron escapar hacia la selva. En su vagar lograron dejar atrás a sus perseguidores. Sin embargo días después fueron nuevamente capturados por guerreros mayas de otra tribu más benévola y convertidos en esclavos del cacique de Xamanhá. Gonzalo Guerrero adoptó pronto las costumbres de nativos, y así fue aceptado como uno de ellos, y no sabemos cómo, también liberado de la esclavitud, mientras que Gerónimo de Aguilar ansiaba escapar de su cautiverio ¡pero a dónde!
Posteriormente, Gonzalo Guerrero, ya un guerrero maya afamado, se desplazó por la costa oriental cerca de lo que hoy es la frontera con Belice, donde contrajo nupcias con la hija del cacique Nachan Can, por lo que se convirtió en capitán de sus fuerzas. Pronto el fruto de su amor les dió varios hijos, que fueron los primeros mestizos de América.
Cuando en 1519, rumbo a la conquista de México Hernán Cortés desembarcó en Cozumel, derrotando a los mayas de Ecab, se enteró que había en aquellas tierras náufragos españoles, miembros de anteriores expediciones que habían sido tomados prisioneros por los mayas. Cortés envió mensajeros indios con cartas en busca de dichos naufragos. Así es como Gerónimo de Aguilar tuvo noticia de la llegada de "sus salvadores". Probablemente junto a las cartas viajaba un recate que ayudó a que el cacique maya se decidiera a dar licencia a su esclavo Gerónimo para que regresara con sus compatriotas. El fraile, henchido de alegría, que aún vestía sus roídos habitos, mandó aviso a su compañero Gonzalo Guerrero, que por aquel entonces ya era un cacique maya del medio-este de Yucatán.
Según el cronista Bernal Diaz del Castillo, Gonzalo Guerrero le respondió de la siguiente manera a su amigo y compañero:
"Hermano Aguilar, yo soy casado y tengo tres hijos. Tienenme por cacique y capitán, cuando hay guerras, la cara tengo labrada, y horadadas las orejas ¿que dirán de mi esos españoles, si me ven ir de este modo? Idos vos con Dios, que ya véis que estos mis hijitos son bonitos, y dadme por vida vuestra de esas cuentas verdes que traéis, para darles, y diré, que mis hermanos me las envían de mi tierra."
Gonzalo Guerrero eligió así permanecer junto a los mayas; junto a su Pueblo. La Historia terminó olvidando a éste hombre, aunque reaparecería tiempo después con motivo de la conquista de Yucatan. Sin embargo Gerónimo de Aguilar cobró gran fama y honor como traductor oficial de Hernán Cortés, el conquistador de México, ya que durante su estancia entre los mayas había aprendido su lengua. A su vez, la amante nahualt de Cortés: Malinche, comprendía el maya a la prefección, de modo que los primeros contactos con los aztecas se hicieron mediante una traducción a tres.
Durante los años siguientes, los españoles estimaron que Gonzalo Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruza el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán. En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia el sitio que hoy es Chetumal, donde suponían que vivía Guerrero y existían minas de oro; sin embargo encontró un lugar en abandono y pese a que más adelante toma a algunos mayas prisioneros, lo engañan diciéndole que Gonzalo Guerrero había muerto de forma natural, por lo que Dávila remite informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. Pero el maya-español dió guerra algunos años más con su partida de fieles apoyados en las espesuras de la selva.
Gonzalo Guerrero, fundador del mestizaje, quien adopta las costumbres de los mayas, y les enseña nuevas técnicas para defender su territorio, enfrentándose a sus compatriotas, muere a fines de los años 30 bajo el fuego de los españoles del gobernador Alvarado que sojuzgaron finalmente a parte de los mayas de Guatemala y Honduras.
Estatua en honor a Gonzalo Guerrero y sus hijos en Akumal, Quintana de Roo, Mexico
Los principales cronistas que hacen mención sobre éste personaje son principalmente Bernal Díaz del Castillo, Fray Diego de Landa y Fray Diego López de Cogollado. Se reproducen otros acercamientos a su figura en diversos autores de los siglos XVIII y XIX con base en los documentos anteriores.
Autor: Tito
Gonzalo Guerrero nació en Palos de la Forontera (Huelva), en algun año de fines del siglo XV, y murió probablemente 10 de agosto de 1536, ya hombre maduro, luchando contra los conquistadores españoles.
Desde joven fue marino y se embarcó para la recientemente descubierta América como tantos y tantos onubenses.
En 1511 un barco de la flota de Diego de Nicuesa, al mando de Pedro de Valdivia ( no confundir con Pedro de Valdivia el conquistador de Chile), a bordo del navío Santa María de la Barca que regresaba a la isla La Española, después de explorar la costa centroamericana, naufragó cerca de las costas de Yucatán, y algunos de sus ocupantes consiguieron salvarse, hubo unos veinte sobrevivientes del naufragio, entre ellos el Capitán Valdivia, el fraile Gerónimo de Aguilar y el marinero Gonzalo Guerrero. Cuenta la historia que arribaron a Ecab poblado que dependía de un cacicazgo maya que abarcaba entre otras poblaciones Cancún, Cozumel e Isla Mujeres. Allí fueron tomados prisioneros por los nativos y los presentaron ante Halach Uinik, cacique maya de Ecab, quien decidió sacrificar a cuatro de ellos a sus dioses. Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero de algún modo lograron escapar hacia la selva. En su vagar lograron dejar atrás a sus perseguidores. Sin embargo días después fueron nuevamente capturados por guerreros mayas de otra tribu más benévola y convertidos en esclavos del cacique de Xamanhá. Gonzalo Guerrero adoptó pronto las costumbres de nativos, y así fue aceptado como uno de ellos, y no sabemos cómo, también liberado de la esclavitud, mientras que Gerónimo de Aguilar ansiaba escapar de su cautiverio ¡pero a dónde!
Posteriormente, Gonzalo Guerrero, ya un guerrero maya afamado, se desplazó por la costa oriental cerca de lo que hoy es la frontera con Belice, donde contrajo nupcias con la hija del cacique Nachan Can, por lo que se convirtió en capitán de sus fuerzas. Pronto el fruto de su amor les dió varios hijos, que fueron los primeros mestizos de América.
Cuando en 1519, rumbo a la conquista de México Hernán Cortés desembarcó en Cozumel, derrotando a los mayas de Ecab, se enteró que había en aquellas tierras náufragos españoles, miembros de anteriores expediciones que habían sido tomados prisioneros por los mayas. Cortés envió mensajeros indios con cartas en busca de dichos naufragos. Así es como Gerónimo de Aguilar tuvo noticia de la llegada de "sus salvadores". Probablemente junto a las cartas viajaba un recate que ayudó a que el cacique maya se decidiera a dar licencia a su esclavo Gerónimo para que regresara con sus compatriotas. El fraile, henchido de alegría, que aún vestía sus roídos habitos, mandó aviso a su compañero Gonzalo Guerrero, que por aquel entonces ya era un cacique maya del medio-este de Yucatán.
Según el cronista Bernal Diaz del Castillo, Gonzalo Guerrero le respondió de la siguiente manera a su amigo y compañero:
"Hermano Aguilar, yo soy casado y tengo tres hijos. Tienenme por cacique y capitán, cuando hay guerras, la cara tengo labrada, y horadadas las orejas ¿que dirán de mi esos españoles, si me ven ir de este modo? Idos vos con Dios, que ya véis que estos mis hijitos son bonitos, y dadme por vida vuestra de esas cuentas verdes que traéis, para darles, y diré, que mis hermanos me las envían de mi tierra."
Gonzalo Guerrero eligió así permanecer junto a los mayas; junto a su Pueblo. La Historia terminó olvidando a éste hombre, aunque reaparecería tiempo después con motivo de la conquista de Yucatan. Sin embargo Gerónimo de Aguilar cobró gran fama y honor como traductor oficial de Hernán Cortés, el conquistador de México, ya que durante su estancia entre los mayas había aprendido su lengua. A su vez, la amante nahualt de Cortés: Malinche, comprendía el maya a la prefección, de modo que los primeros contactos con los aztecas se hicieron mediante una traducción a tres.
Durante los años siguientes, los españoles estimaron que Gonzalo Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruza el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán. En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia el sitio que hoy es Chetumal, donde suponían que vivía Guerrero y existían minas de oro; sin embargo encontró un lugar en abandono y pese a que más adelante toma a algunos mayas prisioneros, lo engañan diciéndole que Gonzalo Guerrero había muerto de forma natural, por lo que Dávila remite informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. Pero el maya-español dió guerra algunos años más con su partida de fieles apoyados en las espesuras de la selva.
Gonzalo Guerrero, fundador del mestizaje, quien adopta las costumbres de los mayas, y les enseña nuevas técnicas para defender su territorio, enfrentándose a sus compatriotas, muere a fines de los años 30 bajo el fuego de los españoles del gobernador Alvarado que sojuzgaron finalmente a parte de los mayas de Guatemala y Honduras.
Estatua en honor a Gonzalo Guerrero y sus hijos en Akumal, Quintana de Roo, Mexico
Los principales cronistas que hacen mención sobre éste personaje son principalmente Bernal Díaz del Castillo, Fray Diego de Landa y Fray Diego López de Cogollado. Se reproducen otros acercamientos a su figura en diversos autores de los siglos XVIII y XIX con base en los documentos anteriores.
Autor: Tito
El Principito
EL PRINCIPITO
Antoine de Saint-Exúpery
Capítulo 1
Cuando tenía seis años, vi una vez un extraordinario dibujo en un libro que trataba sobre el Bosque Virgen, llamado "Historias Vividas". La lámina expresaba nada menos que una serpiente boa tragándose a una fiera. Aquí tenemos la copia del dibujo.
Decía el texto: "Las serpientes boas capturan a sus presas y las tragan enteras, sin masticarlas. Esto, no les permite moverse y duermen durante los seis largos meses en que transcurre la digestión." Es entonces que pensé mucho sobre las aventuras de la selva y un buen día, tomé un lápiz de color y logré mi dibujo número 1. Era así:
Decidí mostrar mi primer obra maestra a la gente grande, y pregunté si mi dibujo les asustaba.
-"Por qué nos asustaría un sombrero?"-, me respondían.
Pero mi dibujo, no representaba en verdad a un sombrero. Expresaba una serpiente boa que había tragado a un elefante.
Decidí entonces dibujar el interior de la serpiente boa a fin de que los adultos comprendieran, ya que siempre necesitan explicaciones. Así quedó logrado mi dibujo número 2:
Me aconsejaron las personas grandes, que abandonara estos dibujos de serpientes boas cerradas o abiertas y me dedicara un poco más a la geografía, la historia, el cálculo y la gramática.
De este modo abandoné a la edad de seis años lo que pudo haber sido una brillante carrera de pintor. Me encontraba decepcionado a raíz del fracaso de mis dos primeros dibujos. Insisto en que las personas grandes no comprenden nada por sí mismas y es cansador para nosotros, los niños, darles siempre y siempre explicaciones.
Consideré que debía elegir otra ocupación y aprendí a pilotear aviones, volando así por innúmeros lugares del mundo. Reconozco que la geografía me sirvió de mucho. Al instante podía distinguir China de Arizona; ésto es muy útil si uno llega a perderse durante la noche.
Debo decir, que así fue como a lo largo de mi vida, tomé contacto con muchísima gente seria. He vivido mucho con personas grandes, viéndolas muy de cerca. Aún así, no mejoré en demasía mi opinión acerca de los adultos.
Cuando encontraba alguna persona grande que me parecía algo lúcida, realizaba la prueba de mi dibujo número 1 que siempre he conservado y conservo aún. Me interesaba saber si verdaderamente comprendería mi dibujo. Sin embargo, siempre me respondían: "Es un sombrero". Desde ya que no les hablaba entonces de serpientes boas, ni de bosques vírgenes, ni de estrellas. Me ponía a su alcance, hablándoles de bridge, de golf, de política y de corbatas. Así es como se quedaban conformes por haber conocido a un hombre tan razonable.
Capítulo 2
Pasaba solo mis días, sin encontrar a nadie con quien verdaderamente pudiera hablar, hasta que algo me sucedió hace ya unos seis años, en el desierto de Sahara. Mi motor sufrió una rotura. Como no contaba con mecánico ni pasajeros, no tuve otra opción que la de intentar solo una difícil reparación. Indudablemente era para mí, una cuestión de vida o muerte. El agua que tenía, sólo me alcanzaba para ocho días.
Me recosté sobre la arena, pasando así mi primer noche nada menos que a mil millas de toda región habitada. Me encontraba por cierto, más alejado que un náufrago dentro de una balsa en medio del océano. Inexplicable fue mi sorpresa, cuando al despuntar el día una extraña vocecita me decía casi suplicante:
-Por favor... dibújame un cordero!
-Eh!-exclamé-
-Dibújame un cordero...
Como atravesado por un rayo, de un salto me puse en pie, refregué mis ojos y observé con severa atención. Me encontré frente a un increíble hombrecito que me examinaba gravemente. Es éste el retrato más acertado que tiempo más tarde logré hacer de él.
Seguramente el modelo, es mucho mas encantador que mi copia. Como ya os dije, las personas grandes me han desalentado de mi carrera de pintor cuando tenía apenas seis años, habiendo sólo aprendido a dibujar las boas cerradas y las boas abiertas.
Continuaba absorto mirando aquélla aparición ya que me encontraba, como les dijera, a mil millas de toda tierra habitada. El hombrecito sin embargo, no me parecía extraviado, ni cansado, ni muerto de sed ni de hambre y menos muerto de miedo. No tenía el aspecto de un niño extraviado.
Al fin pude hablar y entonces dije:
-Pero... qué haces aquí?
Suavemente pero muy serio repitió:
-Por favor... dibújame un cordero...
Cuando el misterio es demasiado grande, es imposible desobedecer. Por ridículo que me pareciera, a tantas millas de una región habitada y en peligro de muerte, tomé de mi bolsillo un papel y un lápiz. Comuniqué al hombrecito, no en el mejor tono, que no sabía dibujar. Me contestó:
-No importa. Dibújame un cordero.
Nunca en mi vida había dibujado un cordero, de manera que decidí rehacer uno de los únicos dibujos que me sentía capaz de realizar. El de la boa cerrada.
Incalculable mi sorpresa, cuando oí al hombrecito responder:
-No! No! No quiero un elefante dentro de una boa. Las boas son sumamente peligrosas y un elefante muy embarazoso. En mi casa, todo es pequeño. Lo que necesito es un cordero. Por favor, dibújamelo.
Entonces dibujé:
El hombrecito miró con atención y luego dijo:
-No lo quiero. Este cordero está muy enfermo. Debes hacer otro.
Mientras dibujaba, mi amigo sonreía amablemente pero con cierta soberbia:
-Ves?... No es un cordero, más bien es un carnero. Tiene cuernos...
Hice nuevamente el dibujo, pero fue rechazado como los anteriores:
-Este es muy viejito; quiero un cordero que viva muchos años.
Ya algo impaciente y apurado por desmontar mi motor, garabateé por último este dibujo:
Le dije:
-Esta es una caja. El cordero que quieres está adentro.
Sorprendido me quedé al comprobar que el rostro de mi joven juez se iluminaba:
-Es exactamente como lo quería! Me pregunto si necesitará mucha hierba este cordero.
-Por qué?
-Porque en mi casa, todo es muy pequeño...
-Seguro que alcanzará. En verdad, te he regalado un cordero bien pequeño.
Mirando el dibujo, con la cabeza inclinada dijo:
-No tan pequeño... Mira! Se ha dormido.
Así fue como conocí al principito.
Capítulo 3
No fue tarea fácil comprender de dónde venía. El principito me acosaba a preguntas y no parecía preocuparse demasiado por las mías. Muy lentamente y a través de algunas palabras emitidas al azar, es como pude poco a poco enterarme de todo. Al ver por primera vez mi avión (al que no dibujaré por ser algo complicado para mí), me preguntó:
-Qué es esta cosa?
-No se trata de una cosa. Vuela. Se llama avión. Es mi avión.
Sentí orgullo al hacerle saber que volaba. Entonces exclamó:
-Entonces has caído del cielo?
-Sí-dije humildemente.
-Ah! Qué divertido!...
El principito soltó tal carcajada que me sentí muy irritado. No me gusta que se tomen a risa mis desgracias.
Inmediatamente agregó:
-Entonces, tú también vienes del cielo! De qué planeta eres?
El misterio de su presencia quedó transformado en una luz y pregunté atropelladamente:
-Tú vienes de otro planeta?
Pero no me respondió. Movía la cabeza muy suavemente de un lado al otro mientras miraba mi avión:
-En esto..., no puedes haber venido de muy lejos.
Pareció haberse hundido en un ensueño que duró un largo rato. Luego, sacó el cordero del bolsillo contemplándolo ensimismado.
Imaginen ustedes, cómo pudo haberme intrigado esta semiconfidencia acerca de los "otros planetas". Quise saber aún más:
-De dónde vienes, exactamente? Y dónde queda tu casa? A dónde llevarás mi cordero?-pregunté al hombrecito.
Luego de meditar silenciosamente, respondió:
-Me agrada la caja que me has regalado ya de en la noche le servirá de casa.
-Ya lo creo. Si eres amable también te daré una cuerda a fin de atarlo durante el día. Y una estaca.
Esto, no pareció conformar al principito:
-Atarlo? Vaya idea rara!
-Piensa que si no lo atas, tomará cualquier rumbo y se perderá.
Mi amigo fue objeto de una nueva carcajada:
-Dime dónde crees que iría?
-A cualquier lugar. Derecho, siempre adelante...
El principito entonces exclamó severamente:
-Eso no interesa! Mi casa es tan pequeña!
Quizá con cierta tristeza agregó:
-Derecho, siempre adelante de uno, no se puede ir muy lejos...
EL PRINCIPITO- Capítulo 4
Supe algo más acerca de él. El planeta de donde provenía era apenas más grande que una casa!
Tenía conocimiento, que fuera de los grandes planetas conocidos como la Tierra, Júpiter, Marte, Venus, hay centenares de planetas, muchas veces tan pequeñitos, que apenas pueden ser vistos a través de un telescopio.
Cuando un astrónomo descubre alguno, lo identifica con un número. Por ejemplo: "asteroide 3251".
Suficientes razones tengo como para creer que el planeta de donde provenía mi amigo es el asteroide B 612. Sólo una vez ha sido visto con el telescopio, en el año 1909, por un astrónomo de origen turco.
El científico realizó la demostración de su descubrimiento en un Congreso Internacional de Astronomía. Su explicación no fue creíble a causa de su vestido. Así son las personas grandes.
Sin embargo, más tarde, un dictador turco obligó al pueblo bajo ley de pena de muerte, vestirse al estilo europeo. Esto ofreció nueva oportunidad al astrónomo quien en 1920 mostró por segunda vez su descubrimiento, pero en esta oportunidad, con un traje sumamente elegante. Esta vez, todo el mundo compartió su opinión.
Referí detalles del asteroide B 612 tan sólo por las personas grandes. Ellos aman los números. Cuando les comunicáis acerca de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial: "Cómo es el timbre de su voz? Cuáles son los juegos que prefiere? Colecciona mariposas?" En cambio preguntan: "Qué edad tiene? Cuántos hermanos? Cuánto pesa? Cuánto gana su padre?". Sólo así creen conocerle.
Si contás a los adultos: "He visto una magnífica casa construida con ladrillos rojos, geranios en las ventanas y palomas en el techo...", no podrán imaginarse la casa. En cambio si dices: "He visto una casa de cien mil francos", exclaman: "Qué hermosa es!"
Si dices: "La prueba que confirma que el principito existió es que era encantador, que reía y que quería un cordero. Querer un cordero es prueba de su existencia", se encogerán de hombros y os tratarán como se trata a un niño. En cambio si les dices: "El planeta de donde provenía es el asteroide B 612", quedarán convencidos y no formularán más preguntas sobre esta cuestión. Son así, no hay que reprocharles. Los niñitos deben ser muy indulgentes con las personas grandes.
Los que comprendemos la vida, nos burlamos de los números. Más me hubiera gustado dar comienzo a esta historia como si se tratara de un cuento de hadas. En tal caso hubiera dicho:
"Había una vez un principito que vivía en un planeta apenas más grande que él y que tenía la necesidad de un amigo..." Para aquéllos que comprenden la vida les habría parecido mucho más real.
Detesto que se lea mi libro a la ligera. Me entristece relatar estos recuerdos!. Transcurrieron ya seis años que mi hombrecito se marchó con su cordero. Intento describirlo aquí sencillamente para no olvidarlo. Es triste olvidar a un amigo. No todos han tenido esta oportunidad. Podría transformarme en persona grande e interesarme sólo por las cifras. Es por ello que me he comprado una caja de lápices de colores. A mi edad, es penoso retomar el dibujo, cuando sólo se hicieron algunos esbozos de boas cerradas y abiertas a la edad de seis años. Intentaré hacer la reproducción de los dibujos, lo más parecidos posible. Dudo tener éxito pues un retrato va, y el otro no se parece más. Cometo errores en la talla. Es aquí el principito demasiado alto; allá algo pequeño. Se me desdibuja por instantes el color de su vestido. Voy ensayando de una forma u otra a fin de lograr el retrato más próximo a él. Habrán de perdonar mis imperfecciones. Mi amigo jamás daba explicaciones. Tal vez me creía parecido a él; aunque yo lamentablemente, no poseo la cualidad de ver corderos a través de una caja. Me pareceré quizá a las personas grandes. Indudablemente, debo haber envejecido.
Capítulo 5
Cada nuevo día, me aportaba algún otro dato acerca del planeta, la partida, el viaje. Durante el tercer día me enteré del drama de los baobabs.
Fue gracias al cordero, pues el principito me preguntó inquieto, como invadido por una gran duda:
-Es cierto que los corderos comen arbustos?
-Sí, claro. Comen arbustos.
-Ah! Qué alegría me da saberlo!
No me era posible comprender por qué era ello tan importante para el hombrecito. Pero el principito agregó:
-De modo que comen también baobabs, verdad?
Recordé al principito que los baobabs no son simples arbustos, sino grandes árboles y que aún llevando consigo una tropilla de elefantes, no acabarían con un sólo baobab.
La imágen de tropa de elefantes, hizo mucha gracia al principito:
-Habría que ponerlos unos sobre otros...
Luego observó sabiamente:
-Los baobabs, antes de crecer, comienzan siendo pequeños.
-Claro que sí! Lo que no entiendo es por qué sugieres que tus corderos coman a los pequeños baobabs?
-Bueno! Vamos!-contestó el principito como si allí estuviese la prueba. Tuve que realizar un gran esfuerzo inteligente para acercarme por mis propios medios al problema.
Como en todo sitio, también en el planeta del principito, existían hierbas buenas y de las malas que resultaban naturalmente de semillas buenas y de malas semillas. Ocurre que las semillas son invisibles y duermen en el secreto de la tierra hasta el instante en que a una de ellas se le ocurre despertarse. Lentamente comienza a estirarse creciendo tímidamente hacia el sol. Si se trata de una planta mala, se la debe arrancar inmediatamente, en cuanto se la reconoce como tal. Precisamente en el planeta del principito, había semillas terribles. Eran las de los famosos baobabs. Podría decirse que el suelo estaba infestado. Si un baobab no es arrancado a tiempo, ya no es posible luego. Invade y perfora con sus raíces todo el planeta, pudiendo así producirse un estallido.
"Es cuestión de disciplina", decía el principito. "Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, debe proceder cuidadosamente a la limpieza y orden del planeta. Hay que arrancar con regularidad a los baobabs apenas son distinguidos entre los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. El trabajo es fácil, pero muy aburrido".
Me aconsejó un día, que intentara lograr un espléndido dibujo, para que entrara bien en las cabezas de los niños de mi tierra. "Si algún día viajan-decía- podrá serle de mucha utilidad. En algunas cosas, no es un inconveniente importante dejar el trabajo para otro momento. Pero si se trata de los baobabs, siempre es una catástrofe. Conocí en una oportunidad un perezoso habitante de un planeta que descuidó tres arbustos..."
Dibujé aquél planeta según las indicaciones del principito.
Me desagrada ser moralista; pero verdaderamente el peligro de los baobabs es poco conocido y los riesgos por quien pudiera llegar a extraviarse en algún asteroide son tan importantes, que, en una excepción que me permito, salgo de mi reserva y os digo: "Niños, cuidado con los baobabs!"
Trabajé largo rato sobre el dibujo, a fin de prevenir a mis amigos de semejante peligro. Quizá os preguntéis: "Por qué no hay en este libro, otros dibujos tan grandiosos como el de los baobabs?" La respuesta es que intenté hacerlos pero sin éxito. En cambio con los baobabs, lo que me impulsó fue sencillamente la urgencia.
Capítulo 6
De a poco fui comprendiendo tu pequeña vida melancólica. Tu mayor distracción era la suavidad de las puestas de sol. De ello me enteré en la mañana del cuarto día cuando me dijiste:
-Me gustan las puestas de sol. Vamos a ver una?
-Bueno, pero debemos esperar...
-Esperar qué?
-Tenemos que esperar a que el sol se ponga.
Pareciste sorprendido. Luego riéndote de ti mismo me dijiste:
-Creo siempre estar en casa!
Se sabe que cuando es mediodía en los Estados Unidos, el sol se pone en Francia. Sólo bastaría llegar a Francia en un minuto para ver la puesta del sol. Pero desafortunadamente, esto no es posible; Francia está suficientemente lejos. Claro que, a diferencia de ésto, en tu pequeño planeta bastaba sólo con mover tu silla algunos pasos, contemplando así el crepúsculo cuantas veces quisieras.
-Un día, asistí a cuarenta y tres puestas de sol.
Poco después agregaste:
-Sabes?... Cuando se está verdaderamente triste, son agradables las puestas de sol...
-Aquél día entonces, el de las cuarenta y tres veces, estabas verdaderamente triste?
El principito no respondió.
Capítulo 7
Durante el quinto día y siempre gracias al cordero, me fue revelado otro secreto de la vida de mi amigo. Me preguntó bruscamente y con cierta ansiedad:
-Si un cordero come arbustos, es que come también flores?
-Claro! Y es más, un cordero come todo lo que encuentra en a paso.
-Come flores con espinas?
-Sí. También las que tienen espinas.
-Pero entonces, de qué sirven las espinas a la flor?
En verdad, ya no tenía respuesta para ello. Estaba además muy ocupado intentando destornillar un bulón de mi motor, que se hallaba muy ajustado. Me encontraba por cierto bastante preocupado por el estado de mi avión y el agua para beber que iba agotándose minuto a minuto; ello me hacía temer lo peor.
-Para qué sirven entonces las espinas?
El principito no olvidaba jamás las preguntas que formulaba. Yo, preocupado por mi bulón respondí cualquier cosa:
-Las espinas no sirven para nada, son pura maldad de las flores.
-Oh!
Luego de un silencio y con cierto dejo de rencor, agregó:
-No lo creo! Las flores son ingenuas y débiles. No tienen maldad y se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas.
Nada respondí. Me decía para mí: "Si este bulón aún resiste, lo haré saltar de un martillazo". Interrumpiendo nuevamente mis reflexiones, el principito dijo:
-Y tú, tú crees que las flores...?
-Pero no! Yo no creo nada! Te respondí cualquier cosa. Yo me ocupo de cosas serias!
Asombradísimo me observaba el principito.
-Cosas serias, eh! Hablas como las personas grandes!
Avergonzándome aún más agregó:
-Todo lo confundes! Mezclas todo!
Nunca lo había visto tan irritado. Sus dorados cabellos se sacudían con el viento.
-Sé de un planeta en donde habita un Señor carmesí. Nunca ha sentido el perfume de una flor, nunca ha mirado una estrella. Tampoco ha querido a nadie. Sólo una cosa ha hecho en su vida; sumas y restas. Repite todo el día, como tú, hasta el cansancio: "Soy un hombre serio! Soy un hombre serio!" Hinchándose de orgullo. Sabes lo que creo? Que no es un hombre, es un hongo!
-Un qué?
-Un hongo!
El principito empalidecía de cólera.
-Millones de años hace que las flores fabrican espinas, y otro tanto que los corderos se comen de todas formas las flores. Acaso no es serio intentar entender por qué las flores insisten en fabricar sus espinas que no sirven nunca para nada? No crees que tenga importancia la guerra entre los corderos y las flores? No tiene ésto más importancia que las sumas y restas de un Señor gordo y rojo? Y no es también importante que la flor que yo conozco sea única en el mundo, que sólo exista en mi planeta y que un corderito pueda hacerla desaparecer de golpe, en un instante una mañana y sin darse cuenta de lo que hace? Esto, no es acaso importante?
Ya enrojecido agregó:
-Si se ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre millones de estrellas, es motivo suficiente para que al mirar las estrellas sea feliz. Se dice para sí: "Mi flor está allí, en alguna parte..." Pero si el corderito comiera la flor, para él es como si de pronto y al mismo tiempo, todas las estrellas se apagaran. Y ésto, no es importante?
Bruscamente rompió en sollozos y nada más pudo decir. Ya era noche. Abandoné mis herramientas, de las que ya no importaban ni el martillo, ni el bulón, ni la sed, ni la muerte. En la Tierra, en mi planeta, en una estrella, había un principito que necesitaba ayuda. Lo tomé entre mis brazos y lo acuné. Le dije: "La flor que tú amas no corre ningún peligro... sabes por qué? Dibujaré ya mismo un bozal para tu corderito. También dibujaré una armadura para tu flor... Di..." Ya no sabía que decir. Mis palabras resonaban torpes, estaba perdido... no sabía cómo llegar a él... Es soberanamente misterioso el mundo de las lágrimas...!
Capítulo 8
De a poco fui conociendo mejor a esa flor. El planeta del pincipito tenía flores simples, con una sóla hilera de pétalos, no molestaban a nadie ya que apenas ocupaban lugar. Se las hallaba de pronto una mañana entre la hierba y luego por la noche, se extinguían. Pero... aquélla, de la que hablaba el principito, germinó un día de una semillita traída quién sabe de dónde y a quien el principito había vigilado muy de cerca. Podía tal vez ser un nuevo tipo de baobab. Pero al poco tiempo dejó de crecer y comenzó a transformarse en una bella flor. El principito que asistió a todos los cambios que iban produciéndose, al ver el capullo enorme, creyó que de ello iba a surgir alguna aparición milagrosa. Y, al abrigo de su cámara verde parecía no terminar nunca de preparar su embellecimiento. Elegía con sumo cuidado sus colores. Lentamente se vestía ajustando uno a uno sus pétalos. No quería nacer llena de arrugas como las amapolas. Quería aparecer con el pleno resplandor de su hermosura. Era por cierto muy coqueta. Por fin una mañana, decidió mostrarse junto con la salida del sol.
En medio de un gran bostezo, la flor que había trabajado con tanta perfección, dijo;
-Ah!, perdóname... Recién me despierto... Todavía estoy despeinada.
El principito en un estado de máxima admiración exclamó:
-Eres hermosa!
-Es cierto. He nacido al tiempo que nació el sol.
El principito notó que era muy poco modesta, pero... era tan conmovedora!
-Si no me equivoco, creo que es hora de desayunar-dijo la flor- Serías tan amable de acordarte de mí?
Algo confuso, el principito tomó una regadera llena de agua fresca y sirvió a la flor.
Se mostraba ciertamente vanidosa. Un día por ejemplo, dijo al principito refiriéndose a sus cuatro espinas:
-Ya pueden venir los tigres con sus garras!
-Despreocúpate, en mi planeta no hay tigres, pero además, los tigres no comen hierba-argumentó el principito.
-Yo no soy una hierba-agregó con seductora suavidad la flor.
-Oh... perdóname.
-No temo a los tigres, pero... las corrientes de aire me horrorizan. Tendrías un biombo para protegerme?
"Horror a las corrientes de aire... No es una suerte para una plante-pensó para sí el principito- Esta flor es bien complicada..."
-Aquí hace mucho frío, de modo que durante la noche, me meterás bajo un globo. Veo que hay pocas comodidades. Allá, de donde vengo...
Había llegado bajo la forma de semilla, de modo que no podía conocer absolutamente nada de otros mundos. Se sentía avergonzada por haberse dejado sorprender por una mentira tan inocente, tosió dos o tres veces como para poner en falta al principito.
-Pero... dónde está el biombo?
-Iba por él, pero... como me estabas hablando!
La flor nuevamente forzó la tos como para afligirle aún más.
Es así como el principito comenzó a dudar de ella y se sentía muy desgraciado.
"No debí escucharla-me confesó un día-; es mejor no escuchar a las flores. Tan sólo contemplarlas y aspirar su perfume. La mía endulzaba con su aroma todo mi planeta, y aún así, yo no podía gozar de ello. Quizá la historia de las garras, que tanto me fastidiaba, debe haberme conmovido...
Me confió luego:
"No supe entonces comprender. Cometí el error de haberla enjuiciado por sus palabras y no por sus actos. Iluminaba y perfumaba todo mi planeta. Jamás debí haberla abandonado! Debí haber intuído su ternura detrás de sus ingenuas astucias. Las flores son tan contradictorias! Y yo... demasiado jóven para saber amarla.
Capítulo 9
Sospecho que su partida, la realizó a través de una migración de pájaros silvestres. Antes de marcharse, ordenó detalladamente su planeta. Deshollinó los volcanes en actividad con sumo cuidado, eran dos y el principito los utilizaba diariamente para calentar su desayuno. Había un tercer volcán, pero en estado de extinción. Sin embargo, como decía mi amigo: "nunca se sabe...!" y deshollinó igualmente el volcán extinguido. Si se deshollinan regularmente los volcanes, pueden evitarse las erupciones. Para la grandeza de nuestra tierra, somos demasiado minúsculos para deshollinar volcanes, es por eso que nos causan tantos disgustos.
Arrancó tristemente los últimos brotes de baobabs que se hacían visibles. Tenía la sensación de no volver jamás. Esa mañana en particular, estos trabajos de rutina le eran sumamente agradables. Regó la flor por última vez, la resguardó con el globo de las fuertes corrientes de viento, y descubrió deseo de llorar.
-Adiós-dijo a la flor.
La flor no respondió.
-Adiós-insistió el principito.
La flor tosió, pero no precisamente por padecer un resfrío.
-He sido tonta-murmuró al fin- Te pido disculpas e intenta ser feliz.
Estaba estupefacto por la ausencia de reproches. Algo paralizado, permanecía de pie junto a la flor con el globo en su mano. Intentaba comprender esa calma mansedumbre.
-Claro que te quiero!-le dijo la flor- Por mi culpa, no te has enterado de nada. Creo también que has sido tonto como yo. Guarda ese globo, ya no lo quiero.
-Pero el viento...
-No estoy tan resfriada... Soy una flor y estoy segura que el fresco aire de la noche me hará bien.
-Y los animales...?
-Es necesario soportar dos o tres orugas si realmente deseo conocer a las mariposas. Debe ser hermoso! De lo contrario, quién vendrá a visitarme? Tú ya estarás lejos. En cuanto a los animales, tengo mis garras para defenderme, no les temo.
Lució inocentemente sus cuatro espinas. Luego dijo:
-No demores tu partida, es molesto. Si has decidido irte, pues... vete ya.
No quería que la viese llorar. Ciertamente era una flor muy orgullosa...
Capítulo 10
La región exacta en la que se encontraba era en la de los asteroides 325, 326, 327, 328, 329 y 330. Decidió visitarlos a fin de instruírse y encontrar una ocupación.
El primero lo habitaba un rey, vestido de púrpura. Se sentaba en un tronco sencillo pero majestuoso.
-Ah! He aquí un súbdito-dijo el rey al ver llegar al principito.
Mi amigo pensó para sí: "Cómo puede reconocerme si nunca me ha visto antes? Acaso todos los hombres son sus súbditos?"
-Ven más cerca, que quiero mirarte mejor-dijo el rey orgulloso de poder ser por fin el rey de alguien.
El principito buscaba un lugar para sentarse, pero el planeta estaba completamente cubierto por el manto de armiño que llevaba encima el rey. No tuvo opción más que la de permanecer en pie, y como se veía muy cansado, bostezó.
-Es contrario al protocolo bostezar en presencia de un rey, de modo que te lo prohíbo-replicó el rey.
-Cómo puedo impedirlo? Vengo de un largo viaje y no he dormido-respondió el principito.
-Pues entonces-dijo el rey- te ordeno que bosteces. Desde hace largo tiempo, no he visto a nadie bostezar. Los bostezos despiertan en mí cierta curiosidad. Vamos!, hazlo otra vez. Es una orden!.
-Eso me intimida... ahora no puedo-exclamó el principito mientras iba enrojeciendo.
-Hum! Hum!-expresó el rey- Entonces te... te ordeno bostezar o no bos...
De pronto pareció irritado.
El único deseo del rey, era el de ser respetado. No toleraba entonces que se le desobedeciera en lo más mínimo. Pero... dentro de todo, daba órdenes razonables.
"Si ordeno-decía- a un general que se convierta en ave marina y éste no obedece, no sería culpa del general, sino exclusivamente mía".
-Podría sentarme-suplicó tímidamente el principito.
-Ordeno que lo hagas-respondió el rey al tiempo que recogía parte del faldón de su manto de armiño.
El principito se preguntaba: "Sobre quiénes podía reinar el rey, siendo tan pequeño su planeta?"
-Sire...-le dijo- os pido perdón por preguntaos...
-Ordeno que me preguntes-contestó el rey apresurado.
-Sire... Sobre qué reináis?
-Sobre todo-respondió el rey.
-Sobre todo?
Expresándose con gestos, el rey señaló su planeta, los otros y también las estrellas.
-Sobre todo eso?-preguntó el principito asombrado.
-Así es, sobre todo eso...-respondió el rey.
El principito se hallaba nada menos que frente a un monarca universal.
-Y las estrellas os obedecen?
-Claro que sí-dijo el rey- Acatan mis órdenes al instante. Detesto la indisciplina.
El principito estaba realmente maravillado. Si él hubiera detentado tal poder, habría podido ser testigo no sólo de cuarenta y cuatro, sino a setenta y dos, o cien, o aún doscientas puestas de sol en un mismo día, sin siquiera necesitar desplazarse con su silla! Comenzaba a experimentar cierta melancolía al recordar a su pequeño planeta que había quedado abandonado y se animó a pedir una gracia al rey:
-Necesito ver una puesta de sol... Hazme el gusto... Ordena al sol que se ponga...
-Si ordeno a un general que vuele de flor en flor cual si fuera mariposa, que escriba una tragedia o que de pronto mutara en ave marina y no lo hiciera, quién estaría en falta, él o yo?
-Vos-contestó el principito con tono seguro.
-Correcto. Se debe pedir a cada cual, lo que está a su alcance realizar. La autoridad posee un primer sustento que es la razón-dijo el rey- De tal forma que si ordenas a tu pueblo arrojarse al mar, seguramente éste se inclinará hacia una revolución. Me creo con el derecho de exigir obediencia ya que mis órdenes están dentro de lo razonable.
-Y qué hay de mi puesta de sol?-recordó el principito, quien nunca renunciaba a una pregunta, una vez que la había formulado.
-La tendrás. Así lo exigiré, pero tendré que esperar a que las condiciones sean las favorables y adecuadas.
-Y cuándo sucederá eso?-quiso averiguar el principito.
-Hem! Hem!-vociferó el rey mientras consultaba un grueso calendario-, hem! hem!, será a las... a las... será esta misma noche, exactamente a las siete y cuarenta! Ya veras cómo soy obedecido!
El principito bostezó al tiempo que lamentaba la pérdida de su puesta de sol, y como ya se aburría dijo:
-Ya nada tengo que hacer aquí. Me marcho.
-No te vayas todavía-sugirió el rey, quien estaba muy satisfecho de tener un súbdito- Si te quedas, te hago ministro.
-Ministro de qué?
-De... de justicia!
-Pero a quién podré juzgar?
-Eso aún no lo se-contestó el rey- Debo visitar a mi reino, pero estoy viejo, no tengo suficiente lugar para una carroza y me fatiga caminar.
-Yo ya he mirado, por allí tampoco hay habitantes-comentó el principito asomándose a fin de poder observar mejor el otro lado del planeta.
-Podrás juzgarte a ti mismo-replicó el rey- Eso es bien difícil, mucho más que juzgarse a los demás. Te diré más: si logras juzgarte bien a ti mismo, estarás frente a un verdadero sabio.
-Pero no necesito vivir en este sitio para poder juzgarme a mí mismo-dijo el principito-, eso puedo hacerlo en cualquier parte.
-Hem! Hem!-dijo el rey- Oigo por la noche una vieja rata que anda por algún lugar de este planeta. Podrías juzgarla y aún condenarla a muerte de tiempo en tiempo, de modo tal que su vida dependa de tu justicia. Deberá indultarla cada vez, a fin de conservarla ya que no hay más que una.
-A mí no me gusta condenar a muerte, y ahora sí, creo que me marcho-contestó el principito.
-No-dijo el rey.
El principito, aún habiendo terminado sus preparativos para la partida, hizo lo posible para no afligir al viejo monarca:
-Si Vuestra Majestad desea que obedezca puntualmente, podría darme una orden razonable. Por ejemplo, que parta antes de un minuto. Apuesto a que las condiciones son favorables...
Al ver que el rey no esbozó palabra alguna, pareció pensarlo y luego... suspirando comenzó a alejarse.
-Te nombro embajador-gritó apresuradamente el rey, con un tono altamente autoritario.
Mientras se marchaba, se dijo a sí mismo el principito: "Las personas grandes son bien extrañas".
Capítulo 11
El segundo planeta se encontraba habitado por un vanidoso:
-Bien! Bien! Tenemos aquí la presencia de un admirador!-expresó fuertemente y desde lejos el vanidoso, al ver que el principito se acercaba.
Es así, para los vanidosos, los otros hombres son meros admiradores.
-Buen día-saludó el principito- Pero qué raro es tu sombrero!
-Sirve para saludar-respondió el vanidoso- Es para saludar cuando me aclaman. Aunque... lamentablemente, nunca pasa nadie por aquí.
-Ah, si?-exclamó el principito sin comprender.
-Golpea tus manos una contra la otra-solicitó el vanidoso.
Así lo hizo el principito. Modestamente saludó el vanidoso al tiempo que levantaba su sombrero.
-Esto me divierte más que la visita al rey-se dijo el principito para sí, volviendo a golpear sus manos una contra otra. Inmediatamente, el vanidoso volvió a saludar levantando su sombrero.
A los cinco minutos, el principito se veía cansado por la monotonía del juego:
-Qué se hace para que el sombrero caiga?-interrogó.
El vanidoso no lo oyó, ya que los vanidosos sólo escuchan las alabanzas.
-Me admiras mucho, claro?-preguntó al principito.
-Explícame lo que significa admirar.
-Admirar significa asumir que soy el hombre más bello, rico, inteligente y mejor vestido del planeta.
-Acaso no eres la única persona en este planeta?
-Admírame lo mismo! Hazme el favor!
-Bien, te admiro-complaciendo al vanidoso mientras se encogía de hombros pero... qué beneficio obtienes en que yo te admire?
El principito se fue.
Decididamente, las personas grandes son muy extrañas, se dijo para sí el principito mientras emprendía su nuevo viaje.
Capítulo 12
La visita al tercer planeta fue algo breve pero suficiente para entristecer al principito. Vivía en él un bebedor.
-Qué haces allí?-interrogó el bebedor, ubicado silenciosamente entre una vasta colección de botellas llenas y otras vacías.
-Bebo-contestó el habitante algo lúgubre.
-Por qué lo haces?-preguntó el principito.
-Para olvidar-contestó el bebedor.
-Qué es lo que tratas de olvidar?-inquirió penosamente el principito.
-Que me siento avergonzado-confesó el bebedor inclinando hacia abajo la cabeza.
-Avergonzado de qué?-intentó averiguar el principito con el propósito de ayudarle.
-Avergonzado de beber!-concluyó el bebedor quedando definitivamente sumido en el silencio.
El principito se alejaba perplejo. Volvió a repetirse durante el viaje que las personas grandes son muy pero muy extrañas.
Capítulo 13
Un hombre de negocios habitaba el cuarto planeta. Tan ocupado estaba que no levantó su mirada ni aún ante la llegada del principito.
-Buenos días-saludó éste- Su cigarrillo está apagado.
-Tres y dos son cinco. Cinco y siete, doce. Doce y tres, quince. Buenos días. Quince y siete, veintidós. Veintidós y seis, veintiocho. No tengo tiempo para volver a encenderlo. Veintiséis y cinco, treinta y uno. Uf! Da un total de quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno.
-Quinientos millones de qué?
-Eh! Todavía permaneces allí? Quinientos un millones de... Ya no sé... Tengo tanto trabajo! Yo soy serio, no me divierto con tonterías. Dos y cinco, siete...
-Quinientos millones de qué?-inquirió nuevamente el principito, que jamás olvidaba una pregunta una vez formulada.
El señor de negocios levantó la cabeza:
-Hace cincuenta y cuatro años que vivo en este planeta, y sólo tres veces me han molestado. Hace veintidós años fue la primera, cuando un abejorro cayó Dios sabe de dónde. Fue tan estrepitoso el ruido que produjo al caer, que cometí cuatro errores en una suma. Hace once años fue la segunda a causa de un ataque de reumatismo. Debo hacer ejercicios, pero no tengo tiempo para moverme. Soy serio. La tercera vez... Hela aquí! Decía, quinientos un millones...
-Millones de qué?
El hombre de negocios había comprendido que no había ya esperanza de tranquilidad alguna.
-Millones de esas cositas que se ven a veces en el cielo.
-Moscas?
-Oh, no! Cositas que brillan.
-Abejas?
-Pero no! Cositas doradas que hacen desvariar a los holgazanes. Pero yo soy serio! y no tengo tiempo para perder.
-Ah! Estrellas!
-Eso es. Estrellas.
-Pero puedes decirme que haces con quinientos millones de estrellas?
-Quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno. Yo soy serio y preciso.
-Dime, qué haces con esas estrellas.
-Cómo qué hago? Nada, las poseo.
-Posees las estrellas?
-Efectivamente.
-He visto un rey que...
-Escucha: los reyes no poseen, "reinan" que es bien distinto.
-Me dirás para qué te sirve poseer estrellas?
-Gracias a ello soy rico.
-De qué sirve ser rico?
-Para comprar otras estrellas, si alguien las encuentra.
Mientras tanto el principito iba pensando que este hombre, razona un poco como el ebrio. Siguió preguntando;
-Cómo puede un hombre poseer estrellas?
-Acaso, sabes de quién son?
-No sé. Supongo que de nadie.
-Pues entonces... son mías por ser el primero en haberlo pensado.
-Y con eso basta?
-Pues claro!. Cuando hallas un diamante que no le pertenece a nadie, es sencillamente tuyo. De igual forma, cuando eres el primero a quien se le ocurre una idea, la patentas e inmediatamente pasa a ser de tu propiedad. Así, yo poseo las estrellas pues nadie antes que yo, soñó poseerlas. Comprende?
-Es cierto-dijo el principito- Pero qué haces tú con ellas?
-Las administro. Las cuento y recuento-contestó el hombre de negocios. Es bastantes difícil, pero como dije, soy un hombre serio!
El principito aún no se daba por satisfecho.
-Yo, si poseo un pañuelo, puedo abrigar con él mi cuello y llevarlo conmigo a donde vaya. Si poseo una flor, puedo cortarla y llevármela. En cambio tú, no puede cortar las estrellas!
-No, pero puedo depositarlas en el banco.
-Y eso qué quiere decir?
-Escribo en un papelito la cantidad de estrellas que poseo, cierro el papelito y lo pongo bajo llave en un cajón.
-Eso es todo?
-Lo suficiente.
Es divertido y bastante poético, pero... no es serio-pensó el principito, que sobre cosas serias tenía un concepto bien distinto del de las personas grandes.
-Yo-dirigiéndose al señor- poseo una flor a la que riego todos los días. Tres volcanes que deshollino todas las semanas, aunque uno de los tres está extinguido. Nunca se sabe. Tanto para mis volcanes como para mi flor, es útil que yo los posea. En cambio tú... no eres útil a las estrellas.
El hombre de negocios hizo el ademán de responder pero no encontró palabras para ello. El principito se fue. Decididamente las personas grandes-se decía para sí- son enteramente extraordinarias.
Capítulo 14
El quinto planeta era algo extraño y el más pequeño de todos. Apenas había espacio para albergar a un farol y un farolero. Era incomprensible para el principito, qué utilidad tendrían en algún lugar del cielo, en un planeta casi deshabitado, un farol y un farolero.
Dijo para sí: "Quizá este hombre es absurdo. Pero seguramente lo es menos que el rey, el vanidoso, el hombre de negocios y el bebedor. Por lo menos su trabajo posee sentido. Al encender su farol, es como si diera nacimiento a una estrella más, o a una flor. Cuando apaga el farol, hace dormir a la flor o a la estrella. Su trabajo es lindo, y por ello útil.
Al llegar al planeta, saludó con respeto al farolero:
-Buenos días. Por qué apagas el farol?
-Es la consigna-contestó el farolero- Buenos días.
-Qué es la consigna?
-Apagar el farol. Buenas noches.
Y volvió a encenderlo.
-Pero, y ahora por qué acabas de encenderlo nuevamente?
-Es la consigna-respondió el farolero.
-No te comprendo-le dijo el principito.
-No es necesario comprender nada. La consigna es la consigna. Buenos días.-dijo el farolero, apagó el farol y secó su frente con un pañuelo a cuadros rojos.
-Mi oficio es terrible. Al principio era más razonable. Apagaba el farol por la mañana y lo encendía por la noche. El resto del día lo utilizaba para descansar y el resto de la noche para dormir...
-Después la consigna cambió?-interrogó el principito.
-La consigna no ha cambiado-respondió el farolero- Ese es el drama! Año tras año el planeta gira más velozmente y la consigna no ha cambiado.
-Entonces?-dijo el principito.
-Al producirse ahora una vuelta por minuto, no tengo ni un segundo para descansar. enciendo y apago el farol una vez por minuto.
-Qué raro! En este planeta los días duran tan sólo de un minuto!
-Nada tiene de raro. Hace ya un mes que estamos juntos-dijo el farolero.
-Un mes?
-Exacto. Treinta minutos. O sea treinta días! Buenas noches.
Volvió a encender el farol.
El principito lo observaba atentamente y le agradaba que el farolero fuera tan fiel a la consigna. Le hizo recordar las puestas de sol que en otros tiempos había perseguido con sólo mover su silla unos pasos. Sintió el deseo de ayudar a su amigo.
-Sabes?..., conozco la manera en que puedas descansar cuando así lo necesites...
-Siempre quiero descansar-dijo el farolero.
Se puede ser a la vez fiel y perezoso. El principito prosiguió:
-Tu planeta es tan pequeño que puedes recorrerlo en un abrir y cerrar de ojos. Con sólo caminar lentamente, quedarás siempre al sol. Cuando quieras descansar, deberás caminar y de esta forma el día, durará el tiempo que tú quieras.
-No es gran cosa lo que con eso adelanto. Lo que más me gusta en la vida, es dormir-confesó el farolero.
-Es no tener suerte-dijo el principito.
-Es no tener suerte-dijo el farolero. Buenos días.
Y apagó el farol.
Mientras proseguía su viaje se dijo el principito: "éste sería despreciado por todos los otros, por el rey, el vanidoso, el bebedor, el hombre de negocios. Por el contrario a mí, es el único que no me parece ridículo. Tal vez sea por ocuparse de una cosa ajena a si mismo".
Suspiró con nostalgia y prosiguió:
"Este es el único del que podría haberme hecho amigo. Pero su planeta es realmente tan pequeño que no hay lugar para dos...".
El principito no se animaba a contarse a sí mismo que lo más atrayente de aquél planeta, eran sin duda, las mil cuatrocientas cuarenta puesta de sol, cada veinticuatro horas!.
Capítulo 15
El sexto planeta contaba con grandes dimensiones. Vivía allí un Anciano que se dedicaba a escribir enormes libros.
-He aquí un explorador!-exclamó al ver al principito.
El principito sentado sobre la mesa, resopló de cansancio. Había viajado mucho!
-De dónde es que vienes?-preguntóle el Anciano.
-Qué es este libro tan gordo?-interrogó el principito- Qué es lo que haces aquí?
-Soy geógrafo-dijo el Anciano.
-Qué es ser un geógrafo?
-Es un sabio conocedor de los mares, ríos, ciudades, montañas y desiertos.
-Eso es bien interesante-acotó el principito- Al fin un oficio verdadero! Miró a su alrededor; no había visto todavía un planeta tan majestuoso.
-Es realmente hermoso vuestro planeta. Tiene océanos?
-No puedo saberlo-contestó el geógrafo.
-Ah!-exclamó el principito decepcionado- Tiene montañas?
-Tampoco puedo saberlo-dijo el geógrafo.
-Ciudades, ríos y desiertos?
-Y cómo podría saberlo?
-Pero acaso no eres geógrafo?-preguntó disconforme el principito.
-Dije que era geógrafo, no explorador. No poseo exploradores y no soy yo quien deba realizar el cómputo de las ciudades, los ríos, montañas, mares, océanos y desiertos. El geógrafo es lo suficientemente importante como para ambular por ahí. Nunca debe abandonar su despacho. Debe interrogar a sus exploradores y tomar nota de sus observaciones. Y si alguna de ellas se le aparece como interesante, debe levantarse una encuesta acerca de la moralidad del explorador.
-Por qué?
-Porque si un explorador mintiera podría causar todo tipo de catástrofes en los libros de geografía. Lo mismo un explorador que bebiera en demasía.
-Por qué?-preguntó nuevamente el principito.
-Pues los ebrios ven doble, de modo que vería dos montañas en el lugar donde sólo hay una.
-Ah, sí! Conozco a alguien-dijo el principito- que no sería un buen explorador.
-Es posible. De manera que, cuando la moral del explorador es intachable, se realiza una encuesta en relación a su descubrimiento.
-Se va a ver?-preguntó el principito.
-Desde ya que no. Eso sería demasiado complicado. Sólo se exige al explorador que presente pruebas. Si por ejemplo el descubrimiento es de una gran montaña, se le pide que traiga grandes piedras.
El geógrafo se mostró repentinamente emocionado:
-Pero tú, tu vienes de lejos! Eres un explorador! Podrías describirme tu planeta!
Sin perder tiempo, el geógrafo abrió su gigantesco registro y afinó la punta de su lápiz. Los relatos se toman en lápiz al principio. Se transcriben en tinta al momento en que el explorador suministra las pruebas correspondientes.
-Decías?-interrogó el geógrafo.
-Oh!, veráis...-dijo el principito-, mi planeta es poco interesante; es demasiado pequeño. Tengo tres volcanes de los cuales uno se extinguió. Pero nunca se sabe...
-Nunca se sabe-repitió el geógrafo.
-Tengo también una flor.
-Las flores no son tenidas en cuenta, no las anotamos-dijo el geógrafo.
-Por qué? Si son lo más lindo!-exclamó el principito entre irritado y asombrado.
-La razón es que toda flor es efímera.
-Qué quiere decir "efímera"?
-Las geografías-dijo el geógrafo son los libros más valiosos de todos los libros. Jamás pasan de moda. Es raro, por no decir imposible que una montaña cambie de lugar. También sería cosa extraña que un océano perdiera su agua. Lo que escribimos son aquéllas cosas eternas.
-Sin embargo, los volcanes extinguidos pueden despertar-interrumpió el principito- Qué significa "efímera".
-Para nuestros registros, que un volcán esté extinguido o en actividad, es lo mismo. Lo que cuenta es la montaña misma y eso no cambia.
-Qué significa "efímera"?-interroga nuevamente el principito, que como sabemos, en su vida había renunciado jamás a una pregunta una vez formulada.
-Significa que se encuentra en permanente amenaza de desaparición. Que algún día deja de existir.
-Acaso mi flor está amenazada por una próxima desaparición?-preguntó entristecido el principito.
-Seguramente.
Mi flor es efímera-pensó el principito-, y sólo tiene cuatro espinas que intentan defenderla contra el mundo entero! Y la he dejado completamente sola en mi casa!
A pesar de la nostalgia, tomó coraje y preguntó:
-Qué me aconsejáis que vaya a visitar?
-El planeta Tierra. Su reputación es buena...
Partió así el principito... pensando en su flor.
Capítulo 16
La Tierra ha sido el séptimo planeta visitado por el principito.
La Tierra no es, por cierto, un planeta cualquiera. La cantidad de reyes que allí se cuentan es de ciento once (incluyendo a los reyes negros), siete mil geógrafos, novecientos mil hombres de negocios, trescientos once millones de vanidosos, siete millones y medio de ebrios, es decir, aproximadamente dos mil millones de personas grandes.
Para tener una idea de la grandeza de la Tierra, os contaré que cuando la electricidad aún no existía, se hacía imprescindible la labor de cuatrocientos sesenta y dos mil quinientos once faroleros, que proveyeran de luz a seis continentes.
El desplazamiento y movimiento de este gran ejército de faroleros, se veía a la distancia como los de un ballet de ópera. Quienes cubrían el primer turno eran los faroleros de Nueva Zelandia y Australia. Encendían los faroles y se iban a dormir. Le seguían los faroleros de China y Siberia. Era el turno luego de Rusia y de las Indias. Le sucedían los de Africa y Europa. Tras ellos los de América del Sud, más tarde América del Norte. Jamás equivocaban este orden. Era verdaderamente una escena espléndida.
Quienes llevaban una vida poco divertida, eran el farolero del único farol del Polo Norte y su colega del único farol del Polo Sud, ya que la frecuencia con que encendían sus faroles, era tan sólo de dos veces al año.
Capítulo 17
Sugiero que no he sido preciso al hablar de los faroleros. Puedo correr el riesgo de ofrecer a quienes no lo conocen, una idea equívoca acerca de nuestro planeta. En verdad, de todo el espacio habitable de la Tierra, los hombres ocupan poco espacio. Imaginaos que si los dos mil millones de hombres que habitan la Tierra, permanecieran de pie y algo apretados, entrarían tranquilamente en una plaza pública de veinte millas de largo por veinte de ancho. La humanidad entera podría alojarse en la islita más pequeña del Pacífico.
Seguro que las personas grandes no harían caso de ello. Se sienten tan importantes que se ven ocupando mucho lugar como los baobabs. Les podríais aconsejar hacer el cálculo, ya que tanto gustan de las cifras, pero me temo que sería una gran pérdida de tiempo. Confiad en mí.
Una vez en tierra, el principito quedó sorprendido al no ver a nadie. Pensaba para sí haber equivocado el planeta cuando de pronto, fue sorprendido por un anillo color luna que se revolvía en la arena.
-Buenas noches-dijo el principito.
-Buenas noches-contestó la serpiente.
-Puedes decirme en qué planeta me encuentro?-interrogó el principito.
-En la Tierra, exactamente en Africa-respondió amablemente la serpiente.
-Ah!... Está despoblado el planeta?
-Ocurre que has caído justo en el desierto. Es común que en los desiertos no haya nadie. Pero, la Tierra es grande...-dijo la serpiente.
Sentándose sobre una piedra, el principito levantó su mirada hacia el cielo:
-Será que las estrellas brillan-dijo-, a fin de que cada uno pueda algún día encontrar la suya? Ese es mi planeta, está justo sobre nosotros... Mira qué pequeño. Qué distante está...!
-Es hermoso!-exclamó la serpiente-, qué haces por aquí?
-Estoy algo enfadado con una flor-dijo el principito.
-Ah!, comprendo...-dijo la serpiente.
Luego de un silencio:
-Dime... dónde están los hombres?-quiso averiguar el principito- Aquí, en el desierto se está un poco solo.
-Tal vez con los hombres, también se esté solo, no crees?
Después de mirar largo tiempo a la serpiente:
-Qué extraño animal eres-dijo el principito. Tan delgado como un dedo.
-Sin embargo mucho más poderoso que el dedo de un rey-respondió con cierto orgullo la serpiente.
-No eres muy poderoso-dijo sonriendo el principito- Ni siquiera tienes patas, no puedes viajar...
-Aún así, te aseguro, puedo llevarte más lejos de lo que lo haría un navío-agregó sorprendiendo al principito, mientras se enroscaba alrededor de su tobillo.
-A quien toco, vuelvo al lugar de donde provino. Pero tú pareces diferente..., eres puro y vienes de una estrella.
El principito nada decía.
-Eres débil, me das pena-continuó la serpiente- Si algún día extrañas demasiado a tu planeta, puedo ayudarte. Puedo..., tú comprendes...
Oh! Claro que sí! Te he comprendido muy bien-dijo el principito- Sólo una cosa... por qué hablas siempre con enigmas?
-Yo los resuelvo todos-contestó presurosa la serpiente.
Y así, permanecieron un largo rato en silencio.
Capítulo 18
Avanzó el principito por el desierto, no encontrando más que una flor. Apenas si tenía tres pétalos...
-Buenos días-saludó cortesmente el principito.
-Buenos días-contestó la flor.
-Sabes tú dónde están los hombres?-preguntó el principito.
Alguna vez la flor había visto pasar una caravana..., una en toda su vida.
-Los hombres? Existen algo así como seis o siete. Los he visto hace muchos años y nunca se sabe donde hallarlos. Parecen arrastrados por los vientos, como no poseen raíces... Les fastidia mucho no tenerlas.
-Adiós-dijo de pronto el principito.
-Adiós-dijo la flor.
Capítulo 19
El principito se encontró con una gran montaña y se subió. En verdad, las únicas montañas que en su vida había visto eran los tres volcanes de su pequeño planeta que en total le llegaba cada uno a sus rodillas. El volcán apagado lo utilizaba como taburete.
Se dijo: "Desde una montaña tan alta como ésta, seguro es que veré de un sólo golpe el planeta con todos sus habitantes..." Sólo vió puntas de rocas bien afiladas.
-Buenos días-dijo al azar el principito.
-Buenos días... Buenos días... Buenos días...-respondió el eco.
-Quién eres?-preguntó interesado el principito.
-Quién eres... quién eres... quién eres...-respondió el eco.
-Os suplico, sed mis amigos... estoy solo-dijo el principito.
-Estoy solo... estoy solo... estoy solo-prosiguió el eco.
"Pero... qué planeta tan raro!-pensó para sí el principito- Es seco, puntiagudo y salado. Los hombres no tienen imaginación. repiten y repiten todo lo que escuchan... En casa tenía una flor y siempre era la primera en hablar...
Capítulo 20
Al fin el principito descubrió una ruta, luego de haber caminado a través de arenas, rocas y nieves durante un largo tiempo. Todas las rutas van hacia la morada de los hombres.
-Buenos días-esbozó el principito.
Se trataba de un jardín lleno de rosas.
-Buenos días-respondieron al saludo las rosas.
El principito las observó detenidamente..., todas eran semejantes a su flor.
-Quiénes sois?-preguntó sorprendido el principito.
-Somos rosas-contestaron las rosas.
-Ah!-exclamó el principito.
Muy desdichado, recordaba que su flor le había contado un día que era única en su especie y en el universo entero. El principito se encontró con que en un sólo jardín había cinco mil, todas semejantes entre sí.
"Si ella viera ésto-pensó para sí-, se sentiría seguramente avergonzada, tosería un buen rato y simularía morir a fin de evitar el ridículo. Yo debería aparentar protegerla, pues para humillarme aún más, llegaría hasta el extremo de dejarse morir..."
Prosiguió así el curso de sus pensamientos: "Creí ser rico al poseer una flor única en su especie, y no se trata más que de un ejemplar ordinario. La rosa y tres volcanes que no pasan de mis rodillas, de los cuales uno esté quizá apagado para siempre. Verdaderamente..., no soy un gran príncipe". Se extendió sobre la hierba y lloró.
Capítulo 21
Apareció entonces el zorro;
-Buenos días-saludó el zorro.
-Buenos días-contestó amablemente el principito que al darse vuelta en dirección a la voz no vio a nadie.
-Si me buscas, aquí estoy-aclaró el zorro- debajo del manzano...
-Pero..., quién eres tú?-preguntó el principito- Eres muy hermoso...
-Soy un zorro-dijo el zorro.
-Acércate..., ven a jugar conmigo-propuso el principito- Estoy tan triste!...
-Jugar contigo? No..., no puedo-dijo el zorro- Aún no estoy domesticado.
-Ah! Perdón-se excusó el principito.
Interrogó, luego de meditar un instante:
-Has dicho "domesticar"? Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí-afirmó el zorro- Puedes decirme qué es lo que buscas?
-Busco a los hombres-respondió el principito- Dime, qué significa "domesticar"?
-Los hombres-intentó explicar el zorro- poseen fusiles y cazan. Eso es bien molesto. Crian también gallinas; es su único interés. Tú buscas gallinas, verdad?
-No-dijo el principito- Busco amigos. Qué significa "domesticar"?
-Ah!..., es una cosa muy olvidada-respondió el zorro- Significa "crear lazos".
-Crear lazos?-preguntó el principito.
-Así es-confirmó el zorro- Tú para mí, no eres más que un jovencito semejante a cien mil muchachitos. Además, no te necesito. Tampoco tú a mí. No soy para tí más que un zorro parecido a cien mil zorros. En cambio, si me domesticas..., sentiremos necesidad uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para tí único en el mundo...
-Creo que empiezo a entender-dijo el principito- Hay una flor... Creo que me ha domesticado.
-Es probable-contestó el zorro- En este planeta, en la Tierra, pueden ocurrir todo tipo de cosas...!
-Oh! No es en la Tierra-se apresuró a decir el principito.
El zorro se quedó no menos que intrigado.
-Acaso en otro planeta?
-Sí.
-Puedes decirme si hay cazadores en ese planeta?
-Oh, no! No los hay.
-Me está resultando muy interesante, Hay gallinas?
-No.
-No existe nada que sea perfecto-dijo el zorro suspirando.
Luego prosiguió:
-Mi vida es algo aburrida. Cazo gallinas y los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen como también los hombres se parecen entre sí. Francamente me aburro un poco. Estoy seguro que..., si me domesticas mi vida se verá envuelta por un gran sol. Podré conocer un ruido de pasos que será bien diferente a todos los demás. Los otros pasos, me hacen correr y esconder bajo la tierra. Pero el tuyo sin embargo, me llamará fuera de la madriguera, como una música. Mira! Puedes ver allá a lo lejos los campos de trigo? Yo no como pan, por lo que para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo nada me recuerdan. Es triste! Pero tú tienes cabellos de color oro. Cuando me hayas por fin domesticado, el trigo dorado me recordará a ti. Y amaré el sonido del viento en el trigo...
El zorro en silencio, miró por un gran rato al principito.
-Por favor... domestícame!-suplicó.
-Lo haría, pero... no dispongo de mucho tiempo-contestó el principito. Quisiera encontrar amigos y conocer muchas cosas.
-Sabes...? Sólo se conocen las cosas que se domestican-afirmó el zorro. Los hombres carecen ya de tiempo. Compran a los mercaderes cosas ya hechas. Y... como no existen mercaderes de amigos, es muy simple, los hombres ya no tienen amigos. Si realmente deseas un amigo, domestícame!
-Y... qué es lo que debo hacer?-preguntó el principito.
-Debes tener suficiente paciencia-respondió el zorro- En un principio, te sentarás a cierta distancia, algo lejos de mi sobre la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra suele ser fuente de malentendidos. Cada día podrás sentarte un poco más cerca.
Al otro día el principito volvió:
-Lo mejor es venir siempre a la misma hora-dijo el zorro- Si sé que vienes a las cuatro de la tarde, comenzaré a estar feliz desde las tres. A medida que se acerque la hora más feliz me sentiré. A las cuatro estaré agitado e inquieto; comenzaré a descubrir el precio de la felicidad! En cambio, si vienes a distintas horas, no sabré nunca en qué momento preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-Qué son los ritos?-preguntó el principito.
-Se trata también de algo bastante olvidado-contestó el zorro- Es aquéllo que hace que un día se diferencie de los demás, una hora de las otras horas. Te daré un ejemplo. Entre los cazadores hay un rito. Todos los jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Para mí el jueves es un maravilloso día, ya que paseo hasta la viña. Si los cazadores no tuvieran un día fijo para su baile, todos los días serían iguales y yo no tendría vacaciones.
Fue así como el principito domesticó al zorro. Pero al acercarse la hora de la partida:
-Ah!-dijo el zorro- Voy a llorar.
-No es mi culpa-repuso el principito- Tú quisiste que te domesticara, no fue mi intención hacerte daño...
-Sí, yo quise que me domesticaras-dijo el zorro.
-Pero dices que llorarás!
-Sí-confirmó el zorro.
-Ganas algo entonces?-preguntó el principito.
-Gano-aseguró el zorro- por el color del trigo.
Luego sugirió al principito:
-Vuelve y observa una vez más el jardín de rosas. Ahora comprenderás que tu rosa es única en el mundo. Cuando vuelvas para decirme adiós, yo te regalaré un secreto.
Se dirigió el principito nuevamente a la rosas:
-En absoluto os parecéis a mi rosa. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Así era mi zorro antes, semejante a cien mil otros. Al hacerlo mi amigo, ahora es único en el mundo.
Las rosas se mostraron ciertamente molestas.
-Sois bellas, pero aún estáis vacías-agregó todavía- Nadie puede morir por vosotras. Es probable que una persona común crea que mi rosa se os parece. Ella siendo sólo una, es sin duda más importante que todas vosotras, pues es ella la rosa a quien he regado, a quien he puesto bajo un globo; es la rosa que abrigué con el biombo. Ella es la rosa cuyas orugas maté (excepto unas pocas que se hicieron mariposas). Ella es a quien escuché quejarse, alabarse y aún algunas veces, callarse. Ella es mi rosa...
Regresó hacia donde estaba el zorro:
-Adiós-dijo.
-Adiós-dijo el zorro- Mi secreto es muy simple: no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos-repitió el principito a fin de acordarse.
-El tiempo que dedicaste por tu rosa, es lo que hace que ella sea tan importante para ti.
-El tiempo que dediqué por mi rosa...-repitió el principito para no olvidar.
-Los hombres ya no recuerdan esta verdad-dijo el zorro- En cambio tú, por favor... no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa...-dijo en voz alta el principito a fin de recordar...
Capítulo 22
-Buenos días-dijo el principito.
-Buenos días-dijo el guardavías.
-Qué haces aquí?-preguntó el principito.
-Realizo la clasificación de los viajeros por grupos de mil-respondió el guardavías- Despacho los trenes que los trasladan, tanto hacia una dirección como hacia la otra.
Un rápido tren rugiendo como un trueno, hizo temblar la cabina.
-Están muy apurados-dijo el principito- Qué buscan?
-No lo sabe ni aún el que conduce la locomotora-afirmó el guardavías.
Otro tren rugió, pasando en sentido inverso al anterior.
-Ya regresan?-preguntó el principito.
-No son los mismos-dijo el guardavías- Es un cambio.
-No les agradaba en donde estaban?
-Nadie está nunca conforme donde está-dijo el guardavías, mientras rugía el tercer tren.
-Es que persiguen a los primeros viajeros?-preguntó intrigado el principito.
-No persiguen absolutamente nada-respondió el guardavías- Allí dentro bostezan o se quedan dormidos. Unicamente los niños aplastan sus narices contra los vidrios.
-Sólo los niños tienen claro lo que buscan-dijo el principito- Juegan con una muñeca de trapo que termina transformándose en algo sumamente importante. Si se les quita la muñeca, comienzan a llorar...
-Ellos tienen suerte-continuó el guardavías.
Capítulo 23
-Buenos días-saludó el principito.
-Buenos días-contestó el mercader.
Se trataba de un vendedor de píldoras que quitan la sed. Se las ingiere una vez a la semana y se pierde la necesidad de beber.
-Para qué vendes eso?-quiso averiguar el principito.
-Para economizar tiempo-dijo el mercader- Investigadores han podido calcular que se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
-Qué se hace con los minutos ahorrados?.
-Lo que se quiere...
"Yo-dijo el principito- con cincuenta y tres minutos para gastar, lo que haría sería caminar lentamente hacia una fuente..."
Capítulo 24
Era ya el octavo día en medio del desierto, y había escuchado la historia del mercader, mientras bebía la última gota de agua que quedaba.
-Ah!-dije al principito- Me gustan tus recuerdos pero aún no he podido reparar mi avión, ya no queda nada para beber y también me agradaría dirigirme muy lentamente hacia una fuente.
-Mi amigo el zorro...-me dijo.
-Mi pequeño hombrecito, ya no se trata más del zorro!
-Por qué?-preguntó algo indignado el principito.
-Porque vamos a morir de sed...
Sin comprender mi explicación agregó:
-Es hermoso haber tenido un amigo, aún si vamos a morir. Soy feliz por haber tenido un amigo zorro...
"No tiene noción del peligro-me dije- Nunca siente hambre, nunca sed... Un poco sol es suficiente para él"
Me miró y dijo como respondiendo a mis pensamientos:
-También tengo sed... Veamos si encontramos un pozo...
Expresé un gesto de cansancio. Nada mas ridículo que buscar un pozo al azar en medio del desierto. De todas formas, emprendimos la marcha.
Caminamos horas en silencio hasta que cayó la noche y las estrellas comenzaron a brillar. Parecía estar soñando, estaba algo afiebrado a causa de la sed. Danzaban por mi mente, palabras del principito;
-Tú también tienes sed?-pregunté.
No me respondió. Simplemente me dijo:
-El agua también puede ser buena para el corazón...
Me resultaba ciertamente complicado comprender su respuesta, pero como sabía que era mejor no interrogarlo, me callé...
Se lo veía algo cansado. Se sentó y yo cerca de él. Luego de un silencio dijo:
-Las estrellas son bellas, por una flor que no se ve...
"Seguramente"-dije- Sin hablar miré las ondulaciones de la arena bajo la luna.
-Es muy bello el desierto-agregó.
Pensaba igual. Siempre he amado el desierto. Puede uno sentarse sobre un médano sin ver nada, sin oír nada y sin embargo... algo resplandece en el mágico silencio.
-Lo que embellece aún más al desierto-dijo el principito-, es que escode un pozo en cualquier parte, en el sitio menos esperado...
Comprendí de pronto el misterio del resplandor de la arena. Cuando era jovencito, vivía en una casa muy antigua y contaba la leyenda que allí había un tesoro escondido. Nadie pudo descubrirlo y quizá nadie lo haya buscado. Sin embargo, encantaba toda la casa. Mi casa guardaba un secreto en el fondo de su corazón...
-Sí-dije al principito-; se trate de la casa, de las estrellas o bien del desierto mismo, lo que indudablemente embellece es invisible.
-Así es como piensa mi zorro, me gusta que estés de acuerdo con él-dijo.
Tomé en mis brazos al principito que había quedado dormido, y proseguí la marcha. Sentía una gran emoción recorrer mi cuerpo. Me parecía estar cargando un frágil tesoro. Y aún más, sentía que no existía algo más frágil sobre esta Tierra. La luz que provenía de la luna iluminaba la pálida frente del hombrecito, sus ojos cerrados y los cabellos dorados movidos por el viento. Me dije: "Lo que aquí veo, es solo una corteza. Lo más importante es invisible..."
Sus labios permanecían entreabiertos esbozando una suave sonrisa. Me dije: "Lo que me emociona de este principito es su fidelidad por una flor, es la imagen de una rosa que brilla en él aún en su sueño como la llama de una lámpara..." Lo sentí aún más frágil. Es muy necesario cuidar de las lámparas ya que un golpe de viento puede apagarlas...
Y así, caminando lentamente, descubrí el pozo al amanecer.
Capítulo 25
-Veo que los hombres-comentó el principito- se encierran en los rápidos sin saber lo que buscan. Esto los agita y comienzan a dar vueltas...
El pozo que habíamos hallado era bien extraño para un desierto, mas bien parecía el pozo de una aldea.
-Es raro-dije al principito- Todo está ya preparado: la roldana, el balde, la cuerda...
Rió, tocó la cuerda e hizo mover la roldana que gimió como una vieja veleta.
-Escuchas?-preguntó el principito- Despertamos al pozo y él ahora nos canta...
-Permíteme a mí-le sugerí. Creo que para ti es muy pesado.
Lentamente icé el balde, lo asenté bien. Dentro mío cantaba aún la roldana y en el agua..., vi temblar el sol.
Tengo sed de esta agua-dijo el principito- Dame de beber.
Comprendí lo que había buscado.
Acerqué el balde a sus labios y bebió con los ojos cerrados. Todo parecía una fiesta. El agua había nacido del caminar bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos. Era como un regalo, buena para el corazón. Cuando pequeño, la luz del árbol de Navidad, la música de la misa de medianoche, la calidez de las sonrisas formaban todo el resplandor del regalo de Navidad que recibía.
-En tu tierra-dijo el principito-, los hombres cultivan miles de rosas en un mismo sitio, pero no encuentran lo que buscan...
-Así es, no lo encuentran...-dije.
-Y pensar que lo que buscan, podría encontrarse en una sola rosa o en un poco de agua...
-Seguro que así es-afirmé.
-Pero como los ojos están ciegos, se hace necesario buscar con el corazón.
Yo había bebido, respiraba bien. Al nacer un nuevo día, la arena se mostraba color miel. Eso me hacía feliz. Por qué habría de apenarme?
-Necesito que cumplas tu promesa-me dijo dulcemente el principito al tiempo que se sentaba cerca mío.
-Y cuál es esa promesa?-pregunté algo olvidado.
-Un bozal para mi cordero... soy responsable de mi flor!
Tomé de mi bolsillo los bosquejos de dibujo. Al verlos, el principito rió y dijo;
-Tus baobabs son bien parecidos a los repollos, sabes?
-Oh! Estaba muy orgulloso de ellos!
-Fíjate ahora en las orejas del zorro... parecen cuernos y además, son demasiado largas!-dijo todavía riendo.
-Eres algo injusto. Yo no sabía dibujar más que boas abiertas y cerradas.
-Oh, está bien!-dijo- Los niños saben.
Dibujé como pude un bozal y sentí una opresión en mi corazón al dárselo.
-Veo que tienes proyectos que desconozco...
Me dijo:
-Sabes, mi caída sobre la Tierra... mañana se cumplirá el aniversario...
Luego de un silencio:
-Caí muy cerquita de aquí-dijo y se sonrojó.
No comprendí bien por qué, pero sentí un gran pesar.
-Entonces no te paseabas por casualidad aquélla mañana en la que te conocí, hace ocho días, así, solo y a mil millas de toda región habitada. Acaso regresabas al punto de tu caída?
El principito enrojeció otra vez y dije vacilando;
-Quizá por el aniversario...?
Nuevamente enrojeció el principito. Nunca respondía a las preguntas pero... cuando uno se enrojece significa "sí", no es cierto?
-Ah!-le dije- Temo...
-Ahora debes continuar tu trabajo-dijo interrumpiéndome- Debes volver a tu avión. Aquí te esperaré. Regresa mañana por la tarde...
No me quedaba tranquilo. Me recordaba ésto al zorro. Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco...
Capítulo 26
A un lado del pozo, se levantaba una ruina de un viejo muro pedroso. Mientras trabajaba al día siguiente, podía distinguir a lo lejos al hombrecito sentado allí arriba, con sus piernas colgando. Pude oír que hablaba:
-No lo recuerdas?-decía- No es exactamente aquí!
Deduzco que una voz le respondió, pues el principito contestó:
-Sí! Sí! Es el día, pero estoy seguro que el lugar no es éste...
Emprendí mi vuelta hacia el muro. No veía ni oía a nadie. El principito nuevamente dijo:
-..Seguro. Te fijarás en qué lugar comienza mi huella en la arena. Espérame allí esta misma noche.
A veinte metros del muro y todavía no veía a nadie con quien el principito pudiera seguir hablando..
Agregó todavía:
-Dará buen resultado tu veneno? No sufriré por mucho tiempo, verdad?
Con el corazón oprimido me detuve sin comprender.
-Márchate ahora...-dijo- Quisiera descender!
Baje la mirada hacia el pie del muro y... di un salto! Inclinada hacia el principito, amenazaba una de esas serpientes amarillas que os matan en treinta segundos. Corría mientras buscaba mi revólver, pero al oír el ruido, la serpiente se deslizó por dentro de la arena hasta desaparecer como un chorro de agua que muere.
Llegué al muro en el instante indicado como para recibir al principito en mis brazos, quien se hallaba pálido como la nieve.
-De qué se trata esta historia? Ignoraba que hablaras con serpientes.
Mojé sus sienes, le di de beber y aflojé su eterna bufanda de oro. No me atreví a preguntar nada. Mirándome gravemente, rodeó mi cuello con sus pequeños brazos. Su corazón latía como el de un pájaro que muere, herido por una carabina. Me dijo:
-Me alegra mucho que hayas dado con el desperfecto de tu máquina. Podrás regresar a tu casa...
-Cómo lo sabes?
Justamente, era lo que venía a comunicarle. Contra toda esperanza, finalmente mi trabajo tuvo éxito.
Sin responder a mi pregunta agregó:
-También yo hoy vuelvo a casa...
Algo triste prosiguió:
-Es mucho más lejos, más difícil...
Lo abracé contra mi pecho como a un niño y parecía escurrirse hacia un oscuro abismo sin poder hacer nada por retenerlo...
-Ah! Sabes? Tengo tu cordero, su caja y también su bozal...
Sonrió con melancolía.
-Has tenido miedo, hombrecito.
Sin duda que lo había tenido.
-Esta noche tendré mucho más...
Un frío helado recorrió mi cuerpo por la certeza de lo irreparable. No soportaría la idea de no escuchar nunca más la música de su risa. Era para mí como una fuente en el desierto.
-Hombrecito... quiero escuchar tu risa otra vez...
Me dijo:
-Esta noche se cumplirá un ano. Mi estrella estará exactamente sobre el mismo sitio donde caí el año pasado...
-Dime que es una pesadilla la historia de la serpiente, la cita y la estrella...
No respondió y dijo:
-No se ve lo que es importante...
-Seguro que no...
-Es como una flor. Si la flor que amas se encuentra en una estrella, da alegría mirar el cielo por la noche. Es como si todas las estrellas florecieran.
-Seguramente...
-Como el agua, la que me has dado... Era como una música, recuerdas? Era dulce...
-Seguramente.
-Mirarás por la noche las estrellas. No sabrás exactamente cuál es la mía pues mi casa es demasiado pequeña. Pero será mejor así. Para tí mi estrella será alguna de todas ellas; te agradará mirarlas y todas serán tus amigas. Luego te haré un regalo...
Rió nuevamente.
-Ah! cómo me gusta oír tu risa!
-Precisamente, será mi regalo... será como el agua...
-No comprendo.
-Las estrellas no significan lo mismo para todas las personas. Para algunos viajantes son guías. Para otros no son más que lucecitas. para los sabios son problemas. Para mi hombre de negocios eran oro. Ninguna de esas estrellas habla. En cambio tú..., tendrás estrellas como ninguno ha tenido.
-Qué intentas decirme?
-Por las noches tú elevarás la mirada hacia el cielo. Como yo habitaré y reiré en una de ellas, será para tí como si rieran todas las estrellas. Tú poseerás estrellas que saben reír.
Volvió a reír.
-Cuando hayas encontrado consuelo (siempre se encuentra), te alegrarás por haberme conocido. Siempre seremos amigos. Sentirás el deseo de reír conmigo y abrirá tu ventana, así... por placer... y tus amigos se asombrarán al verte reír mientras miras el cielo. Les dirás: "Sí, las estrellas siempre me hacen reír". Tal vez crean que estás loco. Te habré hecho una muy mala jugada...
Volvió a reír:
-Harás de cuenta que en lugar de estrellas te he regalado puñados de cascabelitos que saben reír...
Rió nuevamente. Luego su risa se transformó en seriedad.
-Esta noche... sabes?... no llega.
-Prometo no separarme de ti.
-Va a parecer que sufro... que muero un poco. Es asi. No vengas a verlo, no vale la pena...
--No me separaré de ti ni un instante.
Estaba inquieto.
-Te lo sugiero también por la serpiente. Ella no debe morderte... las serpientes son malas, muerden muchas veces por placer...
-Hombrecito..., no me separaré de ti.
Algo pareció tranquilizarlo:
-Aunque... es cierto que no tienen veneno en la segunda mordedura...
Esa noche no lo vi marcharse. Se evadió sigilosamente.
Logré alcanzarlo mientras caminaba decidido y con paso rápido. Me dijo:-Ah! Estás ahí...
Tomó mi mano pero siguió atormentándose:
-No has hecho bien en desobedecerme. Sufrirás. Parecerá que muero pero no será verdad...
Yo permanecía en silencio.
-Comprende que es demasiado lejos. No puedo llevar mi pesado cuerpo allí.
Yo seguía sin hablar.
-Pero será como una vieja corteza abandonada. No son tristes las viejas cortezas, verdad?
-Yo callaba.
Hacía esfuerzo para no descorazonarse:
-Sabes?, será agradable. También yo miraré las estrellas. Todas ellas serán pozos con una roldana enmohecida, y todas ellas me darán de beber...
-Yo continuaba en silencio.
-Hasta será divertido! Tendrás quinientos millones de cascabeles y otro tanto de fuentes...
Pero también calló, porque lloraba...
Mira, es allá. Déjame avanzar un paso, solo.
Se sentó porque tenía miedo.
Dijo:
-Sabes?... mi flor.. soy responsable. Ella es tan débil! Y tan ingenua! Piensa que con esas cuatro espinas insignificantes se protegerá contra el mundo...
Me senté porque ya no me era posible mantenerme de pie.
El principito dijo:
-Bien... es todo...
Vaciló un instante, al cabo del cual se levantó. Dio un paso. Yo estaba casi paralizado.
Pudo verse un relámpago amarillo cerca de su tobillo que lo dejó inmóvil un instante. No gritó. Como cae un árbol, cayó suavemente sobre la arena.
Capítulo 27
Han transcurrido ya seis años y es la primera vez que relato esta historia. Los camaradas que me encontraron se alegraron de verme vivo. Estaba muy triste, pero les decía: "Es la fatiga..."
Con el tiempo encontré algo de consuela. Tengo la certeza que regresó a su planeta, pues, al despuntar el día, no hallé su cuerpo. Por las noches me gusta oír las estrellas. Suenan como si fueran millones de cascabeles.
He aquí algo extraordinario. Olvidé agregar la corra de cuero al bozal que dibujé para el principito. No habrá podido colocársela nunca. Me pregunto: "Qué habrá sucedido en su planeta? Tal vez el cordero haya devorado a la flor..."
Muchas veces me respondo: "Seguramente no! El principito sabe cuidar a su rosa poniéndola todas las noches bajo un globo de vidrio, al tiempo que vigila celosamente a su cordero..." Y así me siento feliz. Y todas las estrellas ríen dulcemente.
Otras veces pienso: "Sería suficiente distraerse tan sólo una noche..., y olvidarse del globo de vidrio..., en ese caso el cordero saldría cuidadosamente a fin de no ser escuchado, y comería la flor durante la noche..." Los cascabeles de pronto se transforman en lágrimas!...
Es realmente un gran misterio. Para vosotros que seguramente amáis también a mi hombrecito, nada en el mundo sigue siendo igual si en algún lugar, no se sabe dónde, un cordero que no conocemos ha comido, sí o no, a una rosa...
-Levantad los ojos al cielo y preguntad: el cordero, sí o no, ha comido a la flor? Y veréis como todo cambia...
Os aseguro que no hallaréis persona grande alguna, que comprenda la importancia que ello tiene, para quienes hemos conocido al principito.
Para mí, es éste al mismo tiempo, el más bello y triste paisaje del mundo. El mismo que el que lo precede, pero lo repito para que lo miréis con atención. Es aquí donde el principito apareció en este planeta y es también aquí donde finalmente desapareció.
Repasad esta imagen como para estar bien seguros que habréis de reconocerlo, si viajáis algún día por el Africa, en el desierto. Si pasáis por allí os pido: tened la gentileza de esperar; no os apuréis, aguardad unos instantes, exactamente debajo de la estrella. Si véis que un niño se os aproxima, ríe, tiene cabellos color oro, si no responde a vuestras preguntas, ya sabréis de quién se trata. Sed bien gentiles entonces! Escribidme sin vacilar un instante, contadme que el principito ha regresado...
Antoine de Saint-Exúpery
Capítulo 1
Cuando tenía seis años, vi una vez un extraordinario dibujo en un libro que trataba sobre el Bosque Virgen, llamado "Historias Vividas". La lámina expresaba nada menos que una serpiente boa tragándose a una fiera. Aquí tenemos la copia del dibujo.
Decía el texto: "Las serpientes boas capturan a sus presas y las tragan enteras, sin masticarlas. Esto, no les permite moverse y duermen durante los seis largos meses en que transcurre la digestión." Es entonces que pensé mucho sobre las aventuras de la selva y un buen día, tomé un lápiz de color y logré mi dibujo número 1. Era así:
Decidí mostrar mi primer obra maestra a la gente grande, y pregunté si mi dibujo les asustaba.
-"Por qué nos asustaría un sombrero?"-, me respondían.
Pero mi dibujo, no representaba en verdad a un sombrero. Expresaba una serpiente boa que había tragado a un elefante.
Decidí entonces dibujar el interior de la serpiente boa a fin de que los adultos comprendieran, ya que siempre necesitan explicaciones. Así quedó logrado mi dibujo número 2:
Me aconsejaron las personas grandes, que abandonara estos dibujos de serpientes boas cerradas o abiertas y me dedicara un poco más a la geografía, la historia, el cálculo y la gramática.
De este modo abandoné a la edad de seis años lo que pudo haber sido una brillante carrera de pintor. Me encontraba decepcionado a raíz del fracaso de mis dos primeros dibujos. Insisto en que las personas grandes no comprenden nada por sí mismas y es cansador para nosotros, los niños, darles siempre y siempre explicaciones.
Consideré que debía elegir otra ocupación y aprendí a pilotear aviones, volando así por innúmeros lugares del mundo. Reconozco que la geografía me sirvió de mucho. Al instante podía distinguir China de Arizona; ésto es muy útil si uno llega a perderse durante la noche.
Debo decir, que así fue como a lo largo de mi vida, tomé contacto con muchísima gente seria. He vivido mucho con personas grandes, viéndolas muy de cerca. Aún así, no mejoré en demasía mi opinión acerca de los adultos.
Cuando encontraba alguna persona grande que me parecía algo lúcida, realizaba la prueba de mi dibujo número 1 que siempre he conservado y conservo aún. Me interesaba saber si verdaderamente comprendería mi dibujo. Sin embargo, siempre me respondían: "Es un sombrero". Desde ya que no les hablaba entonces de serpientes boas, ni de bosques vírgenes, ni de estrellas. Me ponía a su alcance, hablándoles de bridge, de golf, de política y de corbatas. Así es como se quedaban conformes por haber conocido a un hombre tan razonable.
Capítulo 2
Pasaba solo mis días, sin encontrar a nadie con quien verdaderamente pudiera hablar, hasta que algo me sucedió hace ya unos seis años, en el desierto de Sahara. Mi motor sufrió una rotura. Como no contaba con mecánico ni pasajeros, no tuve otra opción que la de intentar solo una difícil reparación. Indudablemente era para mí, una cuestión de vida o muerte. El agua que tenía, sólo me alcanzaba para ocho días.
Me recosté sobre la arena, pasando así mi primer noche nada menos que a mil millas de toda región habitada. Me encontraba por cierto, más alejado que un náufrago dentro de una balsa en medio del océano. Inexplicable fue mi sorpresa, cuando al despuntar el día una extraña vocecita me decía casi suplicante:
-Por favor... dibújame un cordero!
-Eh!-exclamé-
-Dibújame un cordero...
Como atravesado por un rayo, de un salto me puse en pie, refregué mis ojos y observé con severa atención. Me encontré frente a un increíble hombrecito que me examinaba gravemente. Es éste el retrato más acertado que tiempo más tarde logré hacer de él.
Seguramente el modelo, es mucho mas encantador que mi copia. Como ya os dije, las personas grandes me han desalentado de mi carrera de pintor cuando tenía apenas seis años, habiendo sólo aprendido a dibujar las boas cerradas y las boas abiertas.
Continuaba absorto mirando aquélla aparición ya que me encontraba, como les dijera, a mil millas de toda tierra habitada. El hombrecito sin embargo, no me parecía extraviado, ni cansado, ni muerto de sed ni de hambre y menos muerto de miedo. No tenía el aspecto de un niño extraviado.
Al fin pude hablar y entonces dije:
-Pero... qué haces aquí?
Suavemente pero muy serio repitió:
-Por favor... dibújame un cordero...
Cuando el misterio es demasiado grande, es imposible desobedecer. Por ridículo que me pareciera, a tantas millas de una región habitada y en peligro de muerte, tomé de mi bolsillo un papel y un lápiz. Comuniqué al hombrecito, no en el mejor tono, que no sabía dibujar. Me contestó:
-No importa. Dibújame un cordero.
Nunca en mi vida había dibujado un cordero, de manera que decidí rehacer uno de los únicos dibujos que me sentía capaz de realizar. El de la boa cerrada.
Incalculable mi sorpresa, cuando oí al hombrecito responder:
-No! No! No quiero un elefante dentro de una boa. Las boas son sumamente peligrosas y un elefante muy embarazoso. En mi casa, todo es pequeño. Lo que necesito es un cordero. Por favor, dibújamelo.
Entonces dibujé:
El hombrecito miró con atención y luego dijo:
-No lo quiero. Este cordero está muy enfermo. Debes hacer otro.
Mientras dibujaba, mi amigo sonreía amablemente pero con cierta soberbia:
-Ves?... No es un cordero, más bien es un carnero. Tiene cuernos...
Hice nuevamente el dibujo, pero fue rechazado como los anteriores:
-Este es muy viejito; quiero un cordero que viva muchos años.
Ya algo impaciente y apurado por desmontar mi motor, garabateé por último este dibujo:
Le dije:
-Esta es una caja. El cordero que quieres está adentro.
Sorprendido me quedé al comprobar que el rostro de mi joven juez se iluminaba:
-Es exactamente como lo quería! Me pregunto si necesitará mucha hierba este cordero.
-Por qué?
-Porque en mi casa, todo es muy pequeño...
-Seguro que alcanzará. En verdad, te he regalado un cordero bien pequeño.
Mirando el dibujo, con la cabeza inclinada dijo:
-No tan pequeño... Mira! Se ha dormido.
Así fue como conocí al principito.
Capítulo 3
No fue tarea fácil comprender de dónde venía. El principito me acosaba a preguntas y no parecía preocuparse demasiado por las mías. Muy lentamente y a través de algunas palabras emitidas al azar, es como pude poco a poco enterarme de todo. Al ver por primera vez mi avión (al que no dibujaré por ser algo complicado para mí), me preguntó:
-Qué es esta cosa?
-No se trata de una cosa. Vuela. Se llama avión. Es mi avión.
Sentí orgullo al hacerle saber que volaba. Entonces exclamó:
-Entonces has caído del cielo?
-Sí-dije humildemente.
-Ah! Qué divertido!...
El principito soltó tal carcajada que me sentí muy irritado. No me gusta que se tomen a risa mis desgracias.
Inmediatamente agregó:
-Entonces, tú también vienes del cielo! De qué planeta eres?
El misterio de su presencia quedó transformado en una luz y pregunté atropelladamente:
-Tú vienes de otro planeta?
Pero no me respondió. Movía la cabeza muy suavemente de un lado al otro mientras miraba mi avión:
-En esto..., no puedes haber venido de muy lejos.
Pareció haberse hundido en un ensueño que duró un largo rato. Luego, sacó el cordero del bolsillo contemplándolo ensimismado.
Imaginen ustedes, cómo pudo haberme intrigado esta semiconfidencia acerca de los "otros planetas". Quise saber aún más:
-De dónde vienes, exactamente? Y dónde queda tu casa? A dónde llevarás mi cordero?-pregunté al hombrecito.
Luego de meditar silenciosamente, respondió:
-Me agrada la caja que me has regalado ya de en la noche le servirá de casa.
-Ya lo creo. Si eres amable también te daré una cuerda a fin de atarlo durante el día. Y una estaca.
Esto, no pareció conformar al principito:
-Atarlo? Vaya idea rara!
-Piensa que si no lo atas, tomará cualquier rumbo y se perderá.
Mi amigo fue objeto de una nueva carcajada:
-Dime dónde crees que iría?
-A cualquier lugar. Derecho, siempre adelante...
El principito entonces exclamó severamente:
-Eso no interesa! Mi casa es tan pequeña!
Quizá con cierta tristeza agregó:
-Derecho, siempre adelante de uno, no se puede ir muy lejos...
EL PRINCIPITO- Capítulo 4
Supe algo más acerca de él. El planeta de donde provenía era apenas más grande que una casa!
Tenía conocimiento, que fuera de los grandes planetas conocidos como la Tierra, Júpiter, Marte, Venus, hay centenares de planetas, muchas veces tan pequeñitos, que apenas pueden ser vistos a través de un telescopio.
Cuando un astrónomo descubre alguno, lo identifica con un número. Por ejemplo: "asteroide 3251".
Suficientes razones tengo como para creer que el planeta de donde provenía mi amigo es el asteroide B 612. Sólo una vez ha sido visto con el telescopio, en el año 1909, por un astrónomo de origen turco.
El científico realizó la demostración de su descubrimiento en un Congreso Internacional de Astronomía. Su explicación no fue creíble a causa de su vestido. Así son las personas grandes.
Sin embargo, más tarde, un dictador turco obligó al pueblo bajo ley de pena de muerte, vestirse al estilo europeo. Esto ofreció nueva oportunidad al astrónomo quien en 1920 mostró por segunda vez su descubrimiento, pero en esta oportunidad, con un traje sumamente elegante. Esta vez, todo el mundo compartió su opinión.
Referí detalles del asteroide B 612 tan sólo por las personas grandes. Ellos aman los números. Cuando les comunicáis acerca de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial: "Cómo es el timbre de su voz? Cuáles son los juegos que prefiere? Colecciona mariposas?" En cambio preguntan: "Qué edad tiene? Cuántos hermanos? Cuánto pesa? Cuánto gana su padre?". Sólo así creen conocerle.
Si contás a los adultos: "He visto una magnífica casa construida con ladrillos rojos, geranios en las ventanas y palomas en el techo...", no podrán imaginarse la casa. En cambio si dices: "He visto una casa de cien mil francos", exclaman: "Qué hermosa es!"
Si dices: "La prueba que confirma que el principito existió es que era encantador, que reía y que quería un cordero. Querer un cordero es prueba de su existencia", se encogerán de hombros y os tratarán como se trata a un niño. En cambio si les dices: "El planeta de donde provenía es el asteroide B 612", quedarán convencidos y no formularán más preguntas sobre esta cuestión. Son así, no hay que reprocharles. Los niñitos deben ser muy indulgentes con las personas grandes.
Los que comprendemos la vida, nos burlamos de los números. Más me hubiera gustado dar comienzo a esta historia como si se tratara de un cuento de hadas. En tal caso hubiera dicho:
"Había una vez un principito que vivía en un planeta apenas más grande que él y que tenía la necesidad de un amigo..." Para aquéllos que comprenden la vida les habría parecido mucho más real.
Detesto que se lea mi libro a la ligera. Me entristece relatar estos recuerdos!. Transcurrieron ya seis años que mi hombrecito se marchó con su cordero. Intento describirlo aquí sencillamente para no olvidarlo. Es triste olvidar a un amigo. No todos han tenido esta oportunidad. Podría transformarme en persona grande e interesarme sólo por las cifras. Es por ello que me he comprado una caja de lápices de colores. A mi edad, es penoso retomar el dibujo, cuando sólo se hicieron algunos esbozos de boas cerradas y abiertas a la edad de seis años. Intentaré hacer la reproducción de los dibujos, lo más parecidos posible. Dudo tener éxito pues un retrato va, y el otro no se parece más. Cometo errores en la talla. Es aquí el principito demasiado alto; allá algo pequeño. Se me desdibuja por instantes el color de su vestido. Voy ensayando de una forma u otra a fin de lograr el retrato más próximo a él. Habrán de perdonar mis imperfecciones. Mi amigo jamás daba explicaciones. Tal vez me creía parecido a él; aunque yo lamentablemente, no poseo la cualidad de ver corderos a través de una caja. Me pareceré quizá a las personas grandes. Indudablemente, debo haber envejecido.
Capítulo 5
Cada nuevo día, me aportaba algún otro dato acerca del planeta, la partida, el viaje. Durante el tercer día me enteré del drama de los baobabs.
Fue gracias al cordero, pues el principito me preguntó inquieto, como invadido por una gran duda:
-Es cierto que los corderos comen arbustos?
-Sí, claro. Comen arbustos.
-Ah! Qué alegría me da saberlo!
No me era posible comprender por qué era ello tan importante para el hombrecito. Pero el principito agregó:
-De modo que comen también baobabs, verdad?
Recordé al principito que los baobabs no son simples arbustos, sino grandes árboles y que aún llevando consigo una tropilla de elefantes, no acabarían con un sólo baobab.
La imágen de tropa de elefantes, hizo mucha gracia al principito:
-Habría que ponerlos unos sobre otros...
Luego observó sabiamente:
-Los baobabs, antes de crecer, comienzan siendo pequeños.
-Claro que sí! Lo que no entiendo es por qué sugieres que tus corderos coman a los pequeños baobabs?
-Bueno! Vamos!-contestó el principito como si allí estuviese la prueba. Tuve que realizar un gran esfuerzo inteligente para acercarme por mis propios medios al problema.
Como en todo sitio, también en el planeta del principito, existían hierbas buenas y de las malas que resultaban naturalmente de semillas buenas y de malas semillas. Ocurre que las semillas son invisibles y duermen en el secreto de la tierra hasta el instante en que a una de ellas se le ocurre despertarse. Lentamente comienza a estirarse creciendo tímidamente hacia el sol. Si se trata de una planta mala, se la debe arrancar inmediatamente, en cuanto se la reconoce como tal. Precisamente en el planeta del principito, había semillas terribles. Eran las de los famosos baobabs. Podría decirse que el suelo estaba infestado. Si un baobab no es arrancado a tiempo, ya no es posible luego. Invade y perfora con sus raíces todo el planeta, pudiendo así producirse un estallido.
"Es cuestión de disciplina", decía el principito. "Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, debe proceder cuidadosamente a la limpieza y orden del planeta. Hay que arrancar con regularidad a los baobabs apenas son distinguidos entre los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. El trabajo es fácil, pero muy aburrido".
Me aconsejó un día, que intentara lograr un espléndido dibujo, para que entrara bien en las cabezas de los niños de mi tierra. "Si algún día viajan-decía- podrá serle de mucha utilidad. En algunas cosas, no es un inconveniente importante dejar el trabajo para otro momento. Pero si se trata de los baobabs, siempre es una catástrofe. Conocí en una oportunidad un perezoso habitante de un planeta que descuidó tres arbustos..."
Dibujé aquél planeta según las indicaciones del principito.
Me desagrada ser moralista; pero verdaderamente el peligro de los baobabs es poco conocido y los riesgos por quien pudiera llegar a extraviarse en algún asteroide son tan importantes, que, en una excepción que me permito, salgo de mi reserva y os digo: "Niños, cuidado con los baobabs!"
Trabajé largo rato sobre el dibujo, a fin de prevenir a mis amigos de semejante peligro. Quizá os preguntéis: "Por qué no hay en este libro, otros dibujos tan grandiosos como el de los baobabs?" La respuesta es que intenté hacerlos pero sin éxito. En cambio con los baobabs, lo que me impulsó fue sencillamente la urgencia.
Capítulo 6
De a poco fui comprendiendo tu pequeña vida melancólica. Tu mayor distracción era la suavidad de las puestas de sol. De ello me enteré en la mañana del cuarto día cuando me dijiste:
-Me gustan las puestas de sol. Vamos a ver una?
-Bueno, pero debemos esperar...
-Esperar qué?
-Tenemos que esperar a que el sol se ponga.
Pareciste sorprendido. Luego riéndote de ti mismo me dijiste:
-Creo siempre estar en casa!
Se sabe que cuando es mediodía en los Estados Unidos, el sol se pone en Francia. Sólo bastaría llegar a Francia en un minuto para ver la puesta del sol. Pero desafortunadamente, esto no es posible; Francia está suficientemente lejos. Claro que, a diferencia de ésto, en tu pequeño planeta bastaba sólo con mover tu silla algunos pasos, contemplando así el crepúsculo cuantas veces quisieras.
-Un día, asistí a cuarenta y tres puestas de sol.
Poco después agregaste:
-Sabes?... Cuando se está verdaderamente triste, son agradables las puestas de sol...
-Aquél día entonces, el de las cuarenta y tres veces, estabas verdaderamente triste?
El principito no respondió.
Capítulo 7
Durante el quinto día y siempre gracias al cordero, me fue revelado otro secreto de la vida de mi amigo. Me preguntó bruscamente y con cierta ansiedad:
-Si un cordero come arbustos, es que come también flores?
-Claro! Y es más, un cordero come todo lo que encuentra en a paso.
-Come flores con espinas?
-Sí. También las que tienen espinas.
-Pero entonces, de qué sirven las espinas a la flor?
En verdad, ya no tenía respuesta para ello. Estaba además muy ocupado intentando destornillar un bulón de mi motor, que se hallaba muy ajustado. Me encontraba por cierto bastante preocupado por el estado de mi avión y el agua para beber que iba agotándose minuto a minuto; ello me hacía temer lo peor.
-Para qué sirven entonces las espinas?
El principito no olvidaba jamás las preguntas que formulaba. Yo, preocupado por mi bulón respondí cualquier cosa:
-Las espinas no sirven para nada, son pura maldad de las flores.
-Oh!
Luego de un silencio y con cierto dejo de rencor, agregó:
-No lo creo! Las flores son ingenuas y débiles. No tienen maldad y se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas.
Nada respondí. Me decía para mí: "Si este bulón aún resiste, lo haré saltar de un martillazo". Interrumpiendo nuevamente mis reflexiones, el principito dijo:
-Y tú, tú crees que las flores...?
-Pero no! Yo no creo nada! Te respondí cualquier cosa. Yo me ocupo de cosas serias!
Asombradísimo me observaba el principito.
-Cosas serias, eh! Hablas como las personas grandes!
Avergonzándome aún más agregó:
-Todo lo confundes! Mezclas todo!
Nunca lo había visto tan irritado. Sus dorados cabellos se sacudían con el viento.
-Sé de un planeta en donde habita un Señor carmesí. Nunca ha sentido el perfume de una flor, nunca ha mirado una estrella. Tampoco ha querido a nadie. Sólo una cosa ha hecho en su vida; sumas y restas. Repite todo el día, como tú, hasta el cansancio: "Soy un hombre serio! Soy un hombre serio!" Hinchándose de orgullo. Sabes lo que creo? Que no es un hombre, es un hongo!
-Un qué?
-Un hongo!
El principito empalidecía de cólera.
-Millones de años hace que las flores fabrican espinas, y otro tanto que los corderos se comen de todas formas las flores. Acaso no es serio intentar entender por qué las flores insisten en fabricar sus espinas que no sirven nunca para nada? No crees que tenga importancia la guerra entre los corderos y las flores? No tiene ésto más importancia que las sumas y restas de un Señor gordo y rojo? Y no es también importante que la flor que yo conozco sea única en el mundo, que sólo exista en mi planeta y que un corderito pueda hacerla desaparecer de golpe, en un instante una mañana y sin darse cuenta de lo que hace? Esto, no es acaso importante?
Ya enrojecido agregó:
-Si se ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre millones de estrellas, es motivo suficiente para que al mirar las estrellas sea feliz. Se dice para sí: "Mi flor está allí, en alguna parte..." Pero si el corderito comiera la flor, para él es como si de pronto y al mismo tiempo, todas las estrellas se apagaran. Y ésto, no es importante?
Bruscamente rompió en sollozos y nada más pudo decir. Ya era noche. Abandoné mis herramientas, de las que ya no importaban ni el martillo, ni el bulón, ni la sed, ni la muerte. En la Tierra, en mi planeta, en una estrella, había un principito que necesitaba ayuda. Lo tomé entre mis brazos y lo acuné. Le dije: "La flor que tú amas no corre ningún peligro... sabes por qué? Dibujaré ya mismo un bozal para tu corderito. También dibujaré una armadura para tu flor... Di..." Ya no sabía que decir. Mis palabras resonaban torpes, estaba perdido... no sabía cómo llegar a él... Es soberanamente misterioso el mundo de las lágrimas...!
Capítulo 8
De a poco fui conociendo mejor a esa flor. El planeta del pincipito tenía flores simples, con una sóla hilera de pétalos, no molestaban a nadie ya que apenas ocupaban lugar. Se las hallaba de pronto una mañana entre la hierba y luego por la noche, se extinguían. Pero... aquélla, de la que hablaba el principito, germinó un día de una semillita traída quién sabe de dónde y a quien el principito había vigilado muy de cerca. Podía tal vez ser un nuevo tipo de baobab. Pero al poco tiempo dejó de crecer y comenzó a transformarse en una bella flor. El principito que asistió a todos los cambios que iban produciéndose, al ver el capullo enorme, creyó que de ello iba a surgir alguna aparición milagrosa. Y, al abrigo de su cámara verde parecía no terminar nunca de preparar su embellecimiento. Elegía con sumo cuidado sus colores. Lentamente se vestía ajustando uno a uno sus pétalos. No quería nacer llena de arrugas como las amapolas. Quería aparecer con el pleno resplandor de su hermosura. Era por cierto muy coqueta. Por fin una mañana, decidió mostrarse junto con la salida del sol.
En medio de un gran bostezo, la flor que había trabajado con tanta perfección, dijo;
-Ah!, perdóname... Recién me despierto... Todavía estoy despeinada.
El principito en un estado de máxima admiración exclamó:
-Eres hermosa!
-Es cierto. He nacido al tiempo que nació el sol.
El principito notó que era muy poco modesta, pero... era tan conmovedora!
-Si no me equivoco, creo que es hora de desayunar-dijo la flor- Serías tan amable de acordarte de mí?
Algo confuso, el principito tomó una regadera llena de agua fresca y sirvió a la flor.
Se mostraba ciertamente vanidosa. Un día por ejemplo, dijo al principito refiriéndose a sus cuatro espinas:
-Ya pueden venir los tigres con sus garras!
-Despreocúpate, en mi planeta no hay tigres, pero además, los tigres no comen hierba-argumentó el principito.
-Yo no soy una hierba-agregó con seductora suavidad la flor.
-Oh... perdóname.
-No temo a los tigres, pero... las corrientes de aire me horrorizan. Tendrías un biombo para protegerme?
"Horror a las corrientes de aire... No es una suerte para una plante-pensó para sí el principito- Esta flor es bien complicada..."
-Aquí hace mucho frío, de modo que durante la noche, me meterás bajo un globo. Veo que hay pocas comodidades. Allá, de donde vengo...
Había llegado bajo la forma de semilla, de modo que no podía conocer absolutamente nada de otros mundos. Se sentía avergonzada por haberse dejado sorprender por una mentira tan inocente, tosió dos o tres veces como para poner en falta al principito.
-Pero... dónde está el biombo?
-Iba por él, pero... como me estabas hablando!
La flor nuevamente forzó la tos como para afligirle aún más.
Es así como el principito comenzó a dudar de ella y se sentía muy desgraciado.
"No debí escucharla-me confesó un día-; es mejor no escuchar a las flores. Tan sólo contemplarlas y aspirar su perfume. La mía endulzaba con su aroma todo mi planeta, y aún así, yo no podía gozar de ello. Quizá la historia de las garras, que tanto me fastidiaba, debe haberme conmovido...
Me confió luego:
"No supe entonces comprender. Cometí el error de haberla enjuiciado por sus palabras y no por sus actos. Iluminaba y perfumaba todo mi planeta. Jamás debí haberla abandonado! Debí haber intuído su ternura detrás de sus ingenuas astucias. Las flores son tan contradictorias! Y yo... demasiado jóven para saber amarla.
Capítulo 9
Sospecho que su partida, la realizó a través de una migración de pájaros silvestres. Antes de marcharse, ordenó detalladamente su planeta. Deshollinó los volcanes en actividad con sumo cuidado, eran dos y el principito los utilizaba diariamente para calentar su desayuno. Había un tercer volcán, pero en estado de extinción. Sin embargo, como decía mi amigo: "nunca se sabe...!" y deshollinó igualmente el volcán extinguido. Si se deshollinan regularmente los volcanes, pueden evitarse las erupciones. Para la grandeza de nuestra tierra, somos demasiado minúsculos para deshollinar volcanes, es por eso que nos causan tantos disgustos.
Arrancó tristemente los últimos brotes de baobabs que se hacían visibles. Tenía la sensación de no volver jamás. Esa mañana en particular, estos trabajos de rutina le eran sumamente agradables. Regó la flor por última vez, la resguardó con el globo de las fuertes corrientes de viento, y descubrió deseo de llorar.
-Adiós-dijo a la flor.
La flor no respondió.
-Adiós-insistió el principito.
La flor tosió, pero no precisamente por padecer un resfrío.
-He sido tonta-murmuró al fin- Te pido disculpas e intenta ser feliz.
Estaba estupefacto por la ausencia de reproches. Algo paralizado, permanecía de pie junto a la flor con el globo en su mano. Intentaba comprender esa calma mansedumbre.
-Claro que te quiero!-le dijo la flor- Por mi culpa, no te has enterado de nada. Creo también que has sido tonto como yo. Guarda ese globo, ya no lo quiero.
-Pero el viento...
-No estoy tan resfriada... Soy una flor y estoy segura que el fresco aire de la noche me hará bien.
-Y los animales...?
-Es necesario soportar dos o tres orugas si realmente deseo conocer a las mariposas. Debe ser hermoso! De lo contrario, quién vendrá a visitarme? Tú ya estarás lejos. En cuanto a los animales, tengo mis garras para defenderme, no les temo.
Lució inocentemente sus cuatro espinas. Luego dijo:
-No demores tu partida, es molesto. Si has decidido irte, pues... vete ya.
No quería que la viese llorar. Ciertamente era una flor muy orgullosa...
Capítulo 10
La región exacta en la que se encontraba era en la de los asteroides 325, 326, 327, 328, 329 y 330. Decidió visitarlos a fin de instruírse y encontrar una ocupación.
El primero lo habitaba un rey, vestido de púrpura. Se sentaba en un tronco sencillo pero majestuoso.
-Ah! He aquí un súbdito-dijo el rey al ver llegar al principito.
Mi amigo pensó para sí: "Cómo puede reconocerme si nunca me ha visto antes? Acaso todos los hombres son sus súbditos?"
-Ven más cerca, que quiero mirarte mejor-dijo el rey orgulloso de poder ser por fin el rey de alguien.
El principito buscaba un lugar para sentarse, pero el planeta estaba completamente cubierto por el manto de armiño que llevaba encima el rey. No tuvo opción más que la de permanecer en pie, y como se veía muy cansado, bostezó.
-Es contrario al protocolo bostezar en presencia de un rey, de modo que te lo prohíbo-replicó el rey.
-Cómo puedo impedirlo? Vengo de un largo viaje y no he dormido-respondió el principito.
-Pues entonces-dijo el rey- te ordeno que bosteces. Desde hace largo tiempo, no he visto a nadie bostezar. Los bostezos despiertan en mí cierta curiosidad. Vamos!, hazlo otra vez. Es una orden!.
-Eso me intimida... ahora no puedo-exclamó el principito mientras iba enrojeciendo.
-Hum! Hum!-expresó el rey- Entonces te... te ordeno bostezar o no bos...
De pronto pareció irritado.
El único deseo del rey, era el de ser respetado. No toleraba entonces que se le desobedeciera en lo más mínimo. Pero... dentro de todo, daba órdenes razonables.
"Si ordeno-decía- a un general que se convierta en ave marina y éste no obedece, no sería culpa del general, sino exclusivamente mía".
-Podría sentarme-suplicó tímidamente el principito.
-Ordeno que lo hagas-respondió el rey al tiempo que recogía parte del faldón de su manto de armiño.
El principito se preguntaba: "Sobre quiénes podía reinar el rey, siendo tan pequeño su planeta?"
-Sire...-le dijo- os pido perdón por preguntaos...
-Ordeno que me preguntes-contestó el rey apresurado.
-Sire... Sobre qué reináis?
-Sobre todo-respondió el rey.
-Sobre todo?
Expresándose con gestos, el rey señaló su planeta, los otros y también las estrellas.
-Sobre todo eso?-preguntó el principito asombrado.
-Así es, sobre todo eso...-respondió el rey.
El principito se hallaba nada menos que frente a un monarca universal.
-Y las estrellas os obedecen?
-Claro que sí-dijo el rey- Acatan mis órdenes al instante. Detesto la indisciplina.
El principito estaba realmente maravillado. Si él hubiera detentado tal poder, habría podido ser testigo no sólo de cuarenta y cuatro, sino a setenta y dos, o cien, o aún doscientas puestas de sol en un mismo día, sin siquiera necesitar desplazarse con su silla! Comenzaba a experimentar cierta melancolía al recordar a su pequeño planeta que había quedado abandonado y se animó a pedir una gracia al rey:
-Necesito ver una puesta de sol... Hazme el gusto... Ordena al sol que se ponga...
-Si ordeno a un general que vuele de flor en flor cual si fuera mariposa, que escriba una tragedia o que de pronto mutara en ave marina y no lo hiciera, quién estaría en falta, él o yo?
-Vos-contestó el principito con tono seguro.
-Correcto. Se debe pedir a cada cual, lo que está a su alcance realizar. La autoridad posee un primer sustento que es la razón-dijo el rey- De tal forma que si ordenas a tu pueblo arrojarse al mar, seguramente éste se inclinará hacia una revolución. Me creo con el derecho de exigir obediencia ya que mis órdenes están dentro de lo razonable.
-Y qué hay de mi puesta de sol?-recordó el principito, quien nunca renunciaba a una pregunta, una vez que la había formulado.
-La tendrás. Así lo exigiré, pero tendré que esperar a que las condiciones sean las favorables y adecuadas.
-Y cuándo sucederá eso?-quiso averiguar el principito.
-Hem! Hem!-vociferó el rey mientras consultaba un grueso calendario-, hem! hem!, será a las... a las... será esta misma noche, exactamente a las siete y cuarenta! Ya veras cómo soy obedecido!
El principito bostezó al tiempo que lamentaba la pérdida de su puesta de sol, y como ya se aburría dijo:
-Ya nada tengo que hacer aquí. Me marcho.
-No te vayas todavía-sugirió el rey, quien estaba muy satisfecho de tener un súbdito- Si te quedas, te hago ministro.
-Ministro de qué?
-De... de justicia!
-Pero a quién podré juzgar?
-Eso aún no lo se-contestó el rey- Debo visitar a mi reino, pero estoy viejo, no tengo suficiente lugar para una carroza y me fatiga caminar.
-Yo ya he mirado, por allí tampoco hay habitantes-comentó el principito asomándose a fin de poder observar mejor el otro lado del planeta.
-Podrás juzgarte a ti mismo-replicó el rey- Eso es bien difícil, mucho más que juzgarse a los demás. Te diré más: si logras juzgarte bien a ti mismo, estarás frente a un verdadero sabio.
-Pero no necesito vivir en este sitio para poder juzgarme a mí mismo-dijo el principito-, eso puedo hacerlo en cualquier parte.
-Hem! Hem!-dijo el rey- Oigo por la noche una vieja rata que anda por algún lugar de este planeta. Podrías juzgarla y aún condenarla a muerte de tiempo en tiempo, de modo tal que su vida dependa de tu justicia. Deberá indultarla cada vez, a fin de conservarla ya que no hay más que una.
-A mí no me gusta condenar a muerte, y ahora sí, creo que me marcho-contestó el principito.
-No-dijo el rey.
El principito, aún habiendo terminado sus preparativos para la partida, hizo lo posible para no afligir al viejo monarca:
-Si Vuestra Majestad desea que obedezca puntualmente, podría darme una orden razonable. Por ejemplo, que parta antes de un minuto. Apuesto a que las condiciones son favorables...
Al ver que el rey no esbozó palabra alguna, pareció pensarlo y luego... suspirando comenzó a alejarse.
-Te nombro embajador-gritó apresuradamente el rey, con un tono altamente autoritario.
Mientras se marchaba, se dijo a sí mismo el principito: "Las personas grandes son bien extrañas".
Capítulo 11
El segundo planeta se encontraba habitado por un vanidoso:
-Bien! Bien! Tenemos aquí la presencia de un admirador!-expresó fuertemente y desde lejos el vanidoso, al ver que el principito se acercaba.
Es así, para los vanidosos, los otros hombres son meros admiradores.
-Buen día-saludó el principito- Pero qué raro es tu sombrero!
-Sirve para saludar-respondió el vanidoso- Es para saludar cuando me aclaman. Aunque... lamentablemente, nunca pasa nadie por aquí.
-Ah, si?-exclamó el principito sin comprender.
-Golpea tus manos una contra la otra-solicitó el vanidoso.
Así lo hizo el principito. Modestamente saludó el vanidoso al tiempo que levantaba su sombrero.
-Esto me divierte más que la visita al rey-se dijo el principito para sí, volviendo a golpear sus manos una contra otra. Inmediatamente, el vanidoso volvió a saludar levantando su sombrero.
A los cinco minutos, el principito se veía cansado por la monotonía del juego:
-Qué se hace para que el sombrero caiga?-interrogó.
El vanidoso no lo oyó, ya que los vanidosos sólo escuchan las alabanzas.
-Me admiras mucho, claro?-preguntó al principito.
-Explícame lo que significa admirar.
-Admirar significa asumir que soy el hombre más bello, rico, inteligente y mejor vestido del planeta.
-Acaso no eres la única persona en este planeta?
-Admírame lo mismo! Hazme el favor!
-Bien, te admiro-complaciendo al vanidoso mientras se encogía de hombros pero... qué beneficio obtienes en que yo te admire?
El principito se fue.
Decididamente, las personas grandes son muy extrañas, se dijo para sí el principito mientras emprendía su nuevo viaje.
Capítulo 12
La visita al tercer planeta fue algo breve pero suficiente para entristecer al principito. Vivía en él un bebedor.
-Qué haces allí?-interrogó el bebedor, ubicado silenciosamente entre una vasta colección de botellas llenas y otras vacías.
-Bebo-contestó el habitante algo lúgubre.
-Por qué lo haces?-preguntó el principito.
-Para olvidar-contestó el bebedor.
-Qué es lo que tratas de olvidar?-inquirió penosamente el principito.
-Que me siento avergonzado-confesó el bebedor inclinando hacia abajo la cabeza.
-Avergonzado de qué?-intentó averiguar el principito con el propósito de ayudarle.
-Avergonzado de beber!-concluyó el bebedor quedando definitivamente sumido en el silencio.
El principito se alejaba perplejo. Volvió a repetirse durante el viaje que las personas grandes son muy pero muy extrañas.
Capítulo 13
Un hombre de negocios habitaba el cuarto planeta. Tan ocupado estaba que no levantó su mirada ni aún ante la llegada del principito.
-Buenos días-saludó éste- Su cigarrillo está apagado.
-Tres y dos son cinco. Cinco y siete, doce. Doce y tres, quince. Buenos días. Quince y siete, veintidós. Veintidós y seis, veintiocho. No tengo tiempo para volver a encenderlo. Veintiséis y cinco, treinta y uno. Uf! Da un total de quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno.
-Quinientos millones de qué?
-Eh! Todavía permaneces allí? Quinientos un millones de... Ya no sé... Tengo tanto trabajo! Yo soy serio, no me divierto con tonterías. Dos y cinco, siete...
-Quinientos millones de qué?-inquirió nuevamente el principito, que jamás olvidaba una pregunta una vez formulada.
El señor de negocios levantó la cabeza:
-Hace cincuenta y cuatro años que vivo en este planeta, y sólo tres veces me han molestado. Hace veintidós años fue la primera, cuando un abejorro cayó Dios sabe de dónde. Fue tan estrepitoso el ruido que produjo al caer, que cometí cuatro errores en una suma. Hace once años fue la segunda a causa de un ataque de reumatismo. Debo hacer ejercicios, pero no tengo tiempo para moverme. Soy serio. La tercera vez... Hela aquí! Decía, quinientos un millones...
-Millones de qué?
El hombre de negocios había comprendido que no había ya esperanza de tranquilidad alguna.
-Millones de esas cositas que se ven a veces en el cielo.
-Moscas?
-Oh, no! Cositas que brillan.
-Abejas?
-Pero no! Cositas doradas que hacen desvariar a los holgazanes. Pero yo soy serio! y no tengo tiempo para perder.
-Ah! Estrellas!
-Eso es. Estrellas.
-Pero puedes decirme que haces con quinientos millones de estrellas?
-Quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno. Yo soy serio y preciso.
-Dime, qué haces con esas estrellas.
-Cómo qué hago? Nada, las poseo.
-Posees las estrellas?
-Efectivamente.
-He visto un rey que...
-Escucha: los reyes no poseen, "reinan" que es bien distinto.
-Me dirás para qué te sirve poseer estrellas?
-Gracias a ello soy rico.
-De qué sirve ser rico?
-Para comprar otras estrellas, si alguien las encuentra.
Mientras tanto el principito iba pensando que este hombre, razona un poco como el ebrio. Siguió preguntando;
-Cómo puede un hombre poseer estrellas?
-Acaso, sabes de quién son?
-No sé. Supongo que de nadie.
-Pues entonces... son mías por ser el primero en haberlo pensado.
-Y con eso basta?
-Pues claro!. Cuando hallas un diamante que no le pertenece a nadie, es sencillamente tuyo. De igual forma, cuando eres el primero a quien se le ocurre una idea, la patentas e inmediatamente pasa a ser de tu propiedad. Así, yo poseo las estrellas pues nadie antes que yo, soñó poseerlas. Comprende?
-Es cierto-dijo el principito- Pero qué haces tú con ellas?
-Las administro. Las cuento y recuento-contestó el hombre de negocios. Es bastantes difícil, pero como dije, soy un hombre serio!
El principito aún no se daba por satisfecho.
-Yo, si poseo un pañuelo, puedo abrigar con él mi cuello y llevarlo conmigo a donde vaya. Si poseo una flor, puedo cortarla y llevármela. En cambio tú, no puede cortar las estrellas!
-No, pero puedo depositarlas en el banco.
-Y eso qué quiere decir?
-Escribo en un papelito la cantidad de estrellas que poseo, cierro el papelito y lo pongo bajo llave en un cajón.
-Eso es todo?
-Lo suficiente.
Es divertido y bastante poético, pero... no es serio-pensó el principito, que sobre cosas serias tenía un concepto bien distinto del de las personas grandes.
-Yo-dirigiéndose al señor- poseo una flor a la que riego todos los días. Tres volcanes que deshollino todas las semanas, aunque uno de los tres está extinguido. Nunca se sabe. Tanto para mis volcanes como para mi flor, es útil que yo los posea. En cambio tú... no eres útil a las estrellas.
El hombre de negocios hizo el ademán de responder pero no encontró palabras para ello. El principito se fue. Decididamente las personas grandes-se decía para sí- son enteramente extraordinarias.
Capítulo 14
El quinto planeta era algo extraño y el más pequeño de todos. Apenas había espacio para albergar a un farol y un farolero. Era incomprensible para el principito, qué utilidad tendrían en algún lugar del cielo, en un planeta casi deshabitado, un farol y un farolero.
Dijo para sí: "Quizá este hombre es absurdo. Pero seguramente lo es menos que el rey, el vanidoso, el hombre de negocios y el bebedor. Por lo menos su trabajo posee sentido. Al encender su farol, es como si diera nacimiento a una estrella más, o a una flor. Cuando apaga el farol, hace dormir a la flor o a la estrella. Su trabajo es lindo, y por ello útil.
Al llegar al planeta, saludó con respeto al farolero:
-Buenos días. Por qué apagas el farol?
-Es la consigna-contestó el farolero- Buenos días.
-Qué es la consigna?
-Apagar el farol. Buenas noches.
Y volvió a encenderlo.
-Pero, y ahora por qué acabas de encenderlo nuevamente?
-Es la consigna-respondió el farolero.
-No te comprendo-le dijo el principito.
-No es necesario comprender nada. La consigna es la consigna. Buenos días.-dijo el farolero, apagó el farol y secó su frente con un pañuelo a cuadros rojos.
-Mi oficio es terrible. Al principio era más razonable. Apagaba el farol por la mañana y lo encendía por la noche. El resto del día lo utilizaba para descansar y el resto de la noche para dormir...
-Después la consigna cambió?-interrogó el principito.
-La consigna no ha cambiado-respondió el farolero- Ese es el drama! Año tras año el planeta gira más velozmente y la consigna no ha cambiado.
-Entonces?-dijo el principito.
-Al producirse ahora una vuelta por minuto, no tengo ni un segundo para descansar. enciendo y apago el farol una vez por minuto.
-Qué raro! En este planeta los días duran tan sólo de un minuto!
-Nada tiene de raro. Hace ya un mes que estamos juntos-dijo el farolero.
-Un mes?
-Exacto. Treinta minutos. O sea treinta días! Buenas noches.
Volvió a encender el farol.
El principito lo observaba atentamente y le agradaba que el farolero fuera tan fiel a la consigna. Le hizo recordar las puestas de sol que en otros tiempos había perseguido con sólo mover su silla unos pasos. Sintió el deseo de ayudar a su amigo.
-Sabes?..., conozco la manera en que puedas descansar cuando así lo necesites...
-Siempre quiero descansar-dijo el farolero.
Se puede ser a la vez fiel y perezoso. El principito prosiguió:
-Tu planeta es tan pequeño que puedes recorrerlo en un abrir y cerrar de ojos. Con sólo caminar lentamente, quedarás siempre al sol. Cuando quieras descansar, deberás caminar y de esta forma el día, durará el tiempo que tú quieras.
-No es gran cosa lo que con eso adelanto. Lo que más me gusta en la vida, es dormir-confesó el farolero.
-Es no tener suerte-dijo el principito.
-Es no tener suerte-dijo el farolero. Buenos días.
Y apagó el farol.
Mientras proseguía su viaje se dijo el principito: "éste sería despreciado por todos los otros, por el rey, el vanidoso, el bebedor, el hombre de negocios. Por el contrario a mí, es el único que no me parece ridículo. Tal vez sea por ocuparse de una cosa ajena a si mismo".
Suspiró con nostalgia y prosiguió:
"Este es el único del que podría haberme hecho amigo. Pero su planeta es realmente tan pequeño que no hay lugar para dos...".
El principito no se animaba a contarse a sí mismo que lo más atrayente de aquél planeta, eran sin duda, las mil cuatrocientas cuarenta puesta de sol, cada veinticuatro horas!.
Capítulo 15
El sexto planeta contaba con grandes dimensiones. Vivía allí un Anciano que se dedicaba a escribir enormes libros.
-He aquí un explorador!-exclamó al ver al principito.
El principito sentado sobre la mesa, resopló de cansancio. Había viajado mucho!
-De dónde es que vienes?-preguntóle el Anciano.
-Qué es este libro tan gordo?-interrogó el principito- Qué es lo que haces aquí?
-Soy geógrafo-dijo el Anciano.
-Qué es ser un geógrafo?
-Es un sabio conocedor de los mares, ríos, ciudades, montañas y desiertos.
-Eso es bien interesante-acotó el principito- Al fin un oficio verdadero! Miró a su alrededor; no había visto todavía un planeta tan majestuoso.
-Es realmente hermoso vuestro planeta. Tiene océanos?
-No puedo saberlo-contestó el geógrafo.
-Ah!-exclamó el principito decepcionado- Tiene montañas?
-Tampoco puedo saberlo-dijo el geógrafo.
-Ciudades, ríos y desiertos?
-Y cómo podría saberlo?
-Pero acaso no eres geógrafo?-preguntó disconforme el principito.
-Dije que era geógrafo, no explorador. No poseo exploradores y no soy yo quien deba realizar el cómputo de las ciudades, los ríos, montañas, mares, océanos y desiertos. El geógrafo es lo suficientemente importante como para ambular por ahí. Nunca debe abandonar su despacho. Debe interrogar a sus exploradores y tomar nota de sus observaciones. Y si alguna de ellas se le aparece como interesante, debe levantarse una encuesta acerca de la moralidad del explorador.
-Por qué?
-Porque si un explorador mintiera podría causar todo tipo de catástrofes en los libros de geografía. Lo mismo un explorador que bebiera en demasía.
-Por qué?-preguntó nuevamente el principito.
-Pues los ebrios ven doble, de modo que vería dos montañas en el lugar donde sólo hay una.
-Ah, sí! Conozco a alguien-dijo el principito- que no sería un buen explorador.
-Es posible. De manera que, cuando la moral del explorador es intachable, se realiza una encuesta en relación a su descubrimiento.
-Se va a ver?-preguntó el principito.
-Desde ya que no. Eso sería demasiado complicado. Sólo se exige al explorador que presente pruebas. Si por ejemplo el descubrimiento es de una gran montaña, se le pide que traiga grandes piedras.
El geógrafo se mostró repentinamente emocionado:
-Pero tú, tu vienes de lejos! Eres un explorador! Podrías describirme tu planeta!
Sin perder tiempo, el geógrafo abrió su gigantesco registro y afinó la punta de su lápiz. Los relatos se toman en lápiz al principio. Se transcriben en tinta al momento en que el explorador suministra las pruebas correspondientes.
-Decías?-interrogó el geógrafo.
-Oh!, veráis...-dijo el principito-, mi planeta es poco interesante; es demasiado pequeño. Tengo tres volcanes de los cuales uno se extinguió. Pero nunca se sabe...
-Nunca se sabe-repitió el geógrafo.
-Tengo también una flor.
-Las flores no son tenidas en cuenta, no las anotamos-dijo el geógrafo.
-Por qué? Si son lo más lindo!-exclamó el principito entre irritado y asombrado.
-La razón es que toda flor es efímera.
-Qué quiere decir "efímera"?
-Las geografías-dijo el geógrafo son los libros más valiosos de todos los libros. Jamás pasan de moda. Es raro, por no decir imposible que una montaña cambie de lugar. También sería cosa extraña que un océano perdiera su agua. Lo que escribimos son aquéllas cosas eternas.
-Sin embargo, los volcanes extinguidos pueden despertar-interrumpió el principito- Qué significa "efímera".
-Para nuestros registros, que un volcán esté extinguido o en actividad, es lo mismo. Lo que cuenta es la montaña misma y eso no cambia.
-Qué significa "efímera"?-interroga nuevamente el principito, que como sabemos, en su vida había renunciado jamás a una pregunta una vez formulada.
-Significa que se encuentra en permanente amenaza de desaparición. Que algún día deja de existir.
-Acaso mi flor está amenazada por una próxima desaparición?-preguntó entristecido el principito.
-Seguramente.
Mi flor es efímera-pensó el principito-, y sólo tiene cuatro espinas que intentan defenderla contra el mundo entero! Y la he dejado completamente sola en mi casa!
A pesar de la nostalgia, tomó coraje y preguntó:
-Qué me aconsejáis que vaya a visitar?
-El planeta Tierra. Su reputación es buena...
Partió así el principito... pensando en su flor.
Capítulo 16
La Tierra ha sido el séptimo planeta visitado por el principito.
La Tierra no es, por cierto, un planeta cualquiera. La cantidad de reyes que allí se cuentan es de ciento once (incluyendo a los reyes negros), siete mil geógrafos, novecientos mil hombres de negocios, trescientos once millones de vanidosos, siete millones y medio de ebrios, es decir, aproximadamente dos mil millones de personas grandes.
Para tener una idea de la grandeza de la Tierra, os contaré que cuando la electricidad aún no existía, se hacía imprescindible la labor de cuatrocientos sesenta y dos mil quinientos once faroleros, que proveyeran de luz a seis continentes.
El desplazamiento y movimiento de este gran ejército de faroleros, se veía a la distancia como los de un ballet de ópera. Quienes cubrían el primer turno eran los faroleros de Nueva Zelandia y Australia. Encendían los faroles y se iban a dormir. Le seguían los faroleros de China y Siberia. Era el turno luego de Rusia y de las Indias. Le sucedían los de Africa y Europa. Tras ellos los de América del Sud, más tarde América del Norte. Jamás equivocaban este orden. Era verdaderamente una escena espléndida.
Quienes llevaban una vida poco divertida, eran el farolero del único farol del Polo Norte y su colega del único farol del Polo Sud, ya que la frecuencia con que encendían sus faroles, era tan sólo de dos veces al año.
Capítulo 17
Sugiero que no he sido preciso al hablar de los faroleros. Puedo correr el riesgo de ofrecer a quienes no lo conocen, una idea equívoca acerca de nuestro planeta. En verdad, de todo el espacio habitable de la Tierra, los hombres ocupan poco espacio. Imaginaos que si los dos mil millones de hombres que habitan la Tierra, permanecieran de pie y algo apretados, entrarían tranquilamente en una plaza pública de veinte millas de largo por veinte de ancho. La humanidad entera podría alojarse en la islita más pequeña del Pacífico.
Seguro que las personas grandes no harían caso de ello. Se sienten tan importantes que se ven ocupando mucho lugar como los baobabs. Les podríais aconsejar hacer el cálculo, ya que tanto gustan de las cifras, pero me temo que sería una gran pérdida de tiempo. Confiad en mí.
Una vez en tierra, el principito quedó sorprendido al no ver a nadie. Pensaba para sí haber equivocado el planeta cuando de pronto, fue sorprendido por un anillo color luna que se revolvía en la arena.
-Buenas noches-dijo el principito.
-Buenas noches-contestó la serpiente.
-Puedes decirme en qué planeta me encuentro?-interrogó el principito.
-En la Tierra, exactamente en Africa-respondió amablemente la serpiente.
-Ah!... Está despoblado el planeta?
-Ocurre que has caído justo en el desierto. Es común que en los desiertos no haya nadie. Pero, la Tierra es grande...-dijo la serpiente.
Sentándose sobre una piedra, el principito levantó su mirada hacia el cielo:
-Será que las estrellas brillan-dijo-, a fin de que cada uno pueda algún día encontrar la suya? Ese es mi planeta, está justo sobre nosotros... Mira qué pequeño. Qué distante está...!
-Es hermoso!-exclamó la serpiente-, qué haces por aquí?
-Estoy algo enfadado con una flor-dijo el principito.
-Ah!, comprendo...-dijo la serpiente.
Luego de un silencio:
-Dime... dónde están los hombres?-quiso averiguar el principito- Aquí, en el desierto se está un poco solo.
-Tal vez con los hombres, también se esté solo, no crees?
Después de mirar largo tiempo a la serpiente:
-Qué extraño animal eres-dijo el principito. Tan delgado como un dedo.
-Sin embargo mucho más poderoso que el dedo de un rey-respondió con cierto orgullo la serpiente.
-No eres muy poderoso-dijo sonriendo el principito- Ni siquiera tienes patas, no puedes viajar...
-Aún así, te aseguro, puedo llevarte más lejos de lo que lo haría un navío-agregó sorprendiendo al principito, mientras se enroscaba alrededor de su tobillo.
-A quien toco, vuelvo al lugar de donde provino. Pero tú pareces diferente..., eres puro y vienes de una estrella.
El principito nada decía.
-Eres débil, me das pena-continuó la serpiente- Si algún día extrañas demasiado a tu planeta, puedo ayudarte. Puedo..., tú comprendes...
Oh! Claro que sí! Te he comprendido muy bien-dijo el principito- Sólo una cosa... por qué hablas siempre con enigmas?
-Yo los resuelvo todos-contestó presurosa la serpiente.
Y así, permanecieron un largo rato en silencio.
Capítulo 18
Avanzó el principito por el desierto, no encontrando más que una flor. Apenas si tenía tres pétalos...
-Buenos días-saludó cortesmente el principito.
-Buenos días-contestó la flor.
-Sabes tú dónde están los hombres?-preguntó el principito.
Alguna vez la flor había visto pasar una caravana..., una en toda su vida.
-Los hombres? Existen algo así como seis o siete. Los he visto hace muchos años y nunca se sabe donde hallarlos. Parecen arrastrados por los vientos, como no poseen raíces... Les fastidia mucho no tenerlas.
-Adiós-dijo de pronto el principito.
-Adiós-dijo la flor.
Capítulo 19
El principito se encontró con una gran montaña y se subió. En verdad, las únicas montañas que en su vida había visto eran los tres volcanes de su pequeño planeta que en total le llegaba cada uno a sus rodillas. El volcán apagado lo utilizaba como taburete.
Se dijo: "Desde una montaña tan alta como ésta, seguro es que veré de un sólo golpe el planeta con todos sus habitantes..." Sólo vió puntas de rocas bien afiladas.
-Buenos días-dijo al azar el principito.
-Buenos días... Buenos días... Buenos días...-respondió el eco.
-Quién eres?-preguntó interesado el principito.
-Quién eres... quién eres... quién eres...-respondió el eco.
-Os suplico, sed mis amigos... estoy solo-dijo el principito.
-Estoy solo... estoy solo... estoy solo-prosiguió el eco.
"Pero... qué planeta tan raro!-pensó para sí el principito- Es seco, puntiagudo y salado. Los hombres no tienen imaginación. repiten y repiten todo lo que escuchan... En casa tenía una flor y siempre era la primera en hablar...
Capítulo 20
Al fin el principito descubrió una ruta, luego de haber caminado a través de arenas, rocas y nieves durante un largo tiempo. Todas las rutas van hacia la morada de los hombres.
-Buenos días-esbozó el principito.
Se trataba de un jardín lleno de rosas.
-Buenos días-respondieron al saludo las rosas.
El principito las observó detenidamente..., todas eran semejantes a su flor.
-Quiénes sois?-preguntó sorprendido el principito.
-Somos rosas-contestaron las rosas.
-Ah!-exclamó el principito.
Muy desdichado, recordaba que su flor le había contado un día que era única en su especie y en el universo entero. El principito se encontró con que en un sólo jardín había cinco mil, todas semejantes entre sí.
"Si ella viera ésto-pensó para sí-, se sentiría seguramente avergonzada, tosería un buen rato y simularía morir a fin de evitar el ridículo. Yo debería aparentar protegerla, pues para humillarme aún más, llegaría hasta el extremo de dejarse morir..."
Prosiguió así el curso de sus pensamientos: "Creí ser rico al poseer una flor única en su especie, y no se trata más que de un ejemplar ordinario. La rosa y tres volcanes que no pasan de mis rodillas, de los cuales uno esté quizá apagado para siempre. Verdaderamente..., no soy un gran príncipe". Se extendió sobre la hierba y lloró.
Capítulo 21
Apareció entonces el zorro;
-Buenos días-saludó el zorro.
-Buenos días-contestó amablemente el principito que al darse vuelta en dirección a la voz no vio a nadie.
-Si me buscas, aquí estoy-aclaró el zorro- debajo del manzano...
-Pero..., quién eres tú?-preguntó el principito- Eres muy hermoso...
-Soy un zorro-dijo el zorro.
-Acércate..., ven a jugar conmigo-propuso el principito- Estoy tan triste!...
-Jugar contigo? No..., no puedo-dijo el zorro- Aún no estoy domesticado.
-Ah! Perdón-se excusó el principito.
Interrogó, luego de meditar un instante:
-Has dicho "domesticar"? Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí-afirmó el zorro- Puedes decirme qué es lo que buscas?
-Busco a los hombres-respondió el principito- Dime, qué significa "domesticar"?
-Los hombres-intentó explicar el zorro- poseen fusiles y cazan. Eso es bien molesto. Crian también gallinas; es su único interés. Tú buscas gallinas, verdad?
-No-dijo el principito- Busco amigos. Qué significa "domesticar"?
-Ah!..., es una cosa muy olvidada-respondió el zorro- Significa "crear lazos".
-Crear lazos?-preguntó el principito.
-Así es-confirmó el zorro- Tú para mí, no eres más que un jovencito semejante a cien mil muchachitos. Además, no te necesito. Tampoco tú a mí. No soy para tí más que un zorro parecido a cien mil zorros. En cambio, si me domesticas..., sentiremos necesidad uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para tí único en el mundo...
-Creo que empiezo a entender-dijo el principito- Hay una flor... Creo que me ha domesticado.
-Es probable-contestó el zorro- En este planeta, en la Tierra, pueden ocurrir todo tipo de cosas...!
-Oh! No es en la Tierra-se apresuró a decir el principito.
El zorro se quedó no menos que intrigado.
-Acaso en otro planeta?
-Sí.
-Puedes decirme si hay cazadores en ese planeta?
-Oh, no! No los hay.
-Me está resultando muy interesante, Hay gallinas?
-No.
-No existe nada que sea perfecto-dijo el zorro suspirando.
Luego prosiguió:
-Mi vida es algo aburrida. Cazo gallinas y los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen como también los hombres se parecen entre sí. Francamente me aburro un poco. Estoy seguro que..., si me domesticas mi vida se verá envuelta por un gran sol. Podré conocer un ruido de pasos que será bien diferente a todos los demás. Los otros pasos, me hacen correr y esconder bajo la tierra. Pero el tuyo sin embargo, me llamará fuera de la madriguera, como una música. Mira! Puedes ver allá a lo lejos los campos de trigo? Yo no como pan, por lo que para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo nada me recuerdan. Es triste! Pero tú tienes cabellos de color oro. Cuando me hayas por fin domesticado, el trigo dorado me recordará a ti. Y amaré el sonido del viento en el trigo...
El zorro en silencio, miró por un gran rato al principito.
-Por favor... domestícame!-suplicó.
-Lo haría, pero... no dispongo de mucho tiempo-contestó el principito. Quisiera encontrar amigos y conocer muchas cosas.
-Sabes...? Sólo se conocen las cosas que se domestican-afirmó el zorro. Los hombres carecen ya de tiempo. Compran a los mercaderes cosas ya hechas. Y... como no existen mercaderes de amigos, es muy simple, los hombres ya no tienen amigos. Si realmente deseas un amigo, domestícame!
-Y... qué es lo que debo hacer?-preguntó el principito.
-Debes tener suficiente paciencia-respondió el zorro- En un principio, te sentarás a cierta distancia, algo lejos de mi sobre la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra suele ser fuente de malentendidos. Cada día podrás sentarte un poco más cerca.
Al otro día el principito volvió:
-Lo mejor es venir siempre a la misma hora-dijo el zorro- Si sé que vienes a las cuatro de la tarde, comenzaré a estar feliz desde las tres. A medida que se acerque la hora más feliz me sentiré. A las cuatro estaré agitado e inquieto; comenzaré a descubrir el precio de la felicidad! En cambio, si vienes a distintas horas, no sabré nunca en qué momento preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-Qué son los ritos?-preguntó el principito.
-Se trata también de algo bastante olvidado-contestó el zorro- Es aquéllo que hace que un día se diferencie de los demás, una hora de las otras horas. Te daré un ejemplo. Entre los cazadores hay un rito. Todos los jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Para mí el jueves es un maravilloso día, ya que paseo hasta la viña. Si los cazadores no tuvieran un día fijo para su baile, todos los días serían iguales y yo no tendría vacaciones.
Fue así como el principito domesticó al zorro. Pero al acercarse la hora de la partida:
-Ah!-dijo el zorro- Voy a llorar.
-No es mi culpa-repuso el principito- Tú quisiste que te domesticara, no fue mi intención hacerte daño...
-Sí, yo quise que me domesticaras-dijo el zorro.
-Pero dices que llorarás!
-Sí-confirmó el zorro.
-Ganas algo entonces?-preguntó el principito.
-Gano-aseguró el zorro- por el color del trigo.
Luego sugirió al principito:
-Vuelve y observa una vez más el jardín de rosas. Ahora comprenderás que tu rosa es única en el mundo. Cuando vuelvas para decirme adiós, yo te regalaré un secreto.
Se dirigió el principito nuevamente a la rosas:
-En absoluto os parecéis a mi rosa. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Así era mi zorro antes, semejante a cien mil otros. Al hacerlo mi amigo, ahora es único en el mundo.
Las rosas se mostraron ciertamente molestas.
-Sois bellas, pero aún estáis vacías-agregó todavía- Nadie puede morir por vosotras. Es probable que una persona común crea que mi rosa se os parece. Ella siendo sólo una, es sin duda más importante que todas vosotras, pues es ella la rosa a quien he regado, a quien he puesto bajo un globo; es la rosa que abrigué con el biombo. Ella es la rosa cuyas orugas maté (excepto unas pocas que se hicieron mariposas). Ella es a quien escuché quejarse, alabarse y aún algunas veces, callarse. Ella es mi rosa...
Regresó hacia donde estaba el zorro:
-Adiós-dijo.
-Adiós-dijo el zorro- Mi secreto es muy simple: no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos-repitió el principito a fin de acordarse.
-El tiempo que dedicaste por tu rosa, es lo que hace que ella sea tan importante para ti.
-El tiempo que dediqué por mi rosa...-repitió el principito para no olvidar.
-Los hombres ya no recuerdan esta verdad-dijo el zorro- En cambio tú, por favor... no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa...-dijo en voz alta el principito a fin de recordar...
Capítulo 22
-Buenos días-dijo el principito.
-Buenos días-dijo el guardavías.
-Qué haces aquí?-preguntó el principito.
-Realizo la clasificación de los viajeros por grupos de mil-respondió el guardavías- Despacho los trenes que los trasladan, tanto hacia una dirección como hacia la otra.
Un rápido tren rugiendo como un trueno, hizo temblar la cabina.
-Están muy apurados-dijo el principito- Qué buscan?
-No lo sabe ni aún el que conduce la locomotora-afirmó el guardavías.
Otro tren rugió, pasando en sentido inverso al anterior.
-Ya regresan?-preguntó el principito.
-No son los mismos-dijo el guardavías- Es un cambio.
-No les agradaba en donde estaban?
-Nadie está nunca conforme donde está-dijo el guardavías, mientras rugía el tercer tren.
-Es que persiguen a los primeros viajeros?-preguntó intrigado el principito.
-No persiguen absolutamente nada-respondió el guardavías- Allí dentro bostezan o se quedan dormidos. Unicamente los niños aplastan sus narices contra los vidrios.
-Sólo los niños tienen claro lo que buscan-dijo el principito- Juegan con una muñeca de trapo que termina transformándose en algo sumamente importante. Si se les quita la muñeca, comienzan a llorar...
-Ellos tienen suerte-continuó el guardavías.
Capítulo 23
-Buenos días-saludó el principito.
-Buenos días-contestó el mercader.
Se trataba de un vendedor de píldoras que quitan la sed. Se las ingiere una vez a la semana y se pierde la necesidad de beber.
-Para qué vendes eso?-quiso averiguar el principito.
-Para economizar tiempo-dijo el mercader- Investigadores han podido calcular que se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
-Qué se hace con los minutos ahorrados?.
-Lo que se quiere...
"Yo-dijo el principito- con cincuenta y tres minutos para gastar, lo que haría sería caminar lentamente hacia una fuente..."
Capítulo 24
Era ya el octavo día en medio del desierto, y había escuchado la historia del mercader, mientras bebía la última gota de agua que quedaba.
-Ah!-dije al principito- Me gustan tus recuerdos pero aún no he podido reparar mi avión, ya no queda nada para beber y también me agradaría dirigirme muy lentamente hacia una fuente.
-Mi amigo el zorro...-me dijo.
-Mi pequeño hombrecito, ya no se trata más del zorro!
-Por qué?-preguntó algo indignado el principito.
-Porque vamos a morir de sed...
Sin comprender mi explicación agregó:
-Es hermoso haber tenido un amigo, aún si vamos a morir. Soy feliz por haber tenido un amigo zorro...
"No tiene noción del peligro-me dije- Nunca siente hambre, nunca sed... Un poco sol es suficiente para él"
Me miró y dijo como respondiendo a mis pensamientos:
-También tengo sed... Veamos si encontramos un pozo...
Expresé un gesto de cansancio. Nada mas ridículo que buscar un pozo al azar en medio del desierto. De todas formas, emprendimos la marcha.
Caminamos horas en silencio hasta que cayó la noche y las estrellas comenzaron a brillar. Parecía estar soñando, estaba algo afiebrado a causa de la sed. Danzaban por mi mente, palabras del principito;
-Tú también tienes sed?-pregunté.
No me respondió. Simplemente me dijo:
-El agua también puede ser buena para el corazón...
Me resultaba ciertamente complicado comprender su respuesta, pero como sabía que era mejor no interrogarlo, me callé...
Se lo veía algo cansado. Se sentó y yo cerca de él. Luego de un silencio dijo:
-Las estrellas son bellas, por una flor que no se ve...
"Seguramente"-dije- Sin hablar miré las ondulaciones de la arena bajo la luna.
-Es muy bello el desierto-agregó.
Pensaba igual. Siempre he amado el desierto. Puede uno sentarse sobre un médano sin ver nada, sin oír nada y sin embargo... algo resplandece en el mágico silencio.
-Lo que embellece aún más al desierto-dijo el principito-, es que escode un pozo en cualquier parte, en el sitio menos esperado...
Comprendí de pronto el misterio del resplandor de la arena. Cuando era jovencito, vivía en una casa muy antigua y contaba la leyenda que allí había un tesoro escondido. Nadie pudo descubrirlo y quizá nadie lo haya buscado. Sin embargo, encantaba toda la casa. Mi casa guardaba un secreto en el fondo de su corazón...
-Sí-dije al principito-; se trate de la casa, de las estrellas o bien del desierto mismo, lo que indudablemente embellece es invisible.
-Así es como piensa mi zorro, me gusta que estés de acuerdo con él-dijo.
Tomé en mis brazos al principito que había quedado dormido, y proseguí la marcha. Sentía una gran emoción recorrer mi cuerpo. Me parecía estar cargando un frágil tesoro. Y aún más, sentía que no existía algo más frágil sobre esta Tierra. La luz que provenía de la luna iluminaba la pálida frente del hombrecito, sus ojos cerrados y los cabellos dorados movidos por el viento. Me dije: "Lo que aquí veo, es solo una corteza. Lo más importante es invisible..."
Sus labios permanecían entreabiertos esbozando una suave sonrisa. Me dije: "Lo que me emociona de este principito es su fidelidad por una flor, es la imagen de una rosa que brilla en él aún en su sueño como la llama de una lámpara..." Lo sentí aún más frágil. Es muy necesario cuidar de las lámparas ya que un golpe de viento puede apagarlas...
Y así, caminando lentamente, descubrí el pozo al amanecer.
Capítulo 25
-Veo que los hombres-comentó el principito- se encierran en los rápidos sin saber lo que buscan. Esto los agita y comienzan a dar vueltas...
El pozo que habíamos hallado era bien extraño para un desierto, mas bien parecía el pozo de una aldea.
-Es raro-dije al principito- Todo está ya preparado: la roldana, el balde, la cuerda...
Rió, tocó la cuerda e hizo mover la roldana que gimió como una vieja veleta.
-Escuchas?-preguntó el principito- Despertamos al pozo y él ahora nos canta...
-Permíteme a mí-le sugerí. Creo que para ti es muy pesado.
Lentamente icé el balde, lo asenté bien. Dentro mío cantaba aún la roldana y en el agua..., vi temblar el sol.
Tengo sed de esta agua-dijo el principito- Dame de beber.
Comprendí lo que había buscado.
Acerqué el balde a sus labios y bebió con los ojos cerrados. Todo parecía una fiesta. El agua había nacido del caminar bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos. Era como un regalo, buena para el corazón. Cuando pequeño, la luz del árbol de Navidad, la música de la misa de medianoche, la calidez de las sonrisas formaban todo el resplandor del regalo de Navidad que recibía.
-En tu tierra-dijo el principito-, los hombres cultivan miles de rosas en un mismo sitio, pero no encuentran lo que buscan...
-Así es, no lo encuentran...-dije.
-Y pensar que lo que buscan, podría encontrarse en una sola rosa o en un poco de agua...
-Seguro que así es-afirmé.
-Pero como los ojos están ciegos, se hace necesario buscar con el corazón.
Yo había bebido, respiraba bien. Al nacer un nuevo día, la arena se mostraba color miel. Eso me hacía feliz. Por qué habría de apenarme?
-Necesito que cumplas tu promesa-me dijo dulcemente el principito al tiempo que se sentaba cerca mío.
-Y cuál es esa promesa?-pregunté algo olvidado.
-Un bozal para mi cordero... soy responsable de mi flor!
Tomé de mi bolsillo los bosquejos de dibujo. Al verlos, el principito rió y dijo;
-Tus baobabs son bien parecidos a los repollos, sabes?
-Oh! Estaba muy orgulloso de ellos!
-Fíjate ahora en las orejas del zorro... parecen cuernos y además, son demasiado largas!-dijo todavía riendo.
-Eres algo injusto. Yo no sabía dibujar más que boas abiertas y cerradas.
-Oh, está bien!-dijo- Los niños saben.
Dibujé como pude un bozal y sentí una opresión en mi corazón al dárselo.
-Veo que tienes proyectos que desconozco...
Me dijo:
-Sabes, mi caída sobre la Tierra... mañana se cumplirá el aniversario...
Luego de un silencio:
-Caí muy cerquita de aquí-dijo y se sonrojó.
No comprendí bien por qué, pero sentí un gran pesar.
-Entonces no te paseabas por casualidad aquélla mañana en la que te conocí, hace ocho días, así, solo y a mil millas de toda región habitada. Acaso regresabas al punto de tu caída?
El principito enrojeció otra vez y dije vacilando;
-Quizá por el aniversario...?
Nuevamente enrojeció el principito. Nunca respondía a las preguntas pero... cuando uno se enrojece significa "sí", no es cierto?
-Ah!-le dije- Temo...
-Ahora debes continuar tu trabajo-dijo interrumpiéndome- Debes volver a tu avión. Aquí te esperaré. Regresa mañana por la tarde...
No me quedaba tranquilo. Me recordaba ésto al zorro. Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco...
Capítulo 26
A un lado del pozo, se levantaba una ruina de un viejo muro pedroso. Mientras trabajaba al día siguiente, podía distinguir a lo lejos al hombrecito sentado allí arriba, con sus piernas colgando. Pude oír que hablaba:
-No lo recuerdas?-decía- No es exactamente aquí!
Deduzco que una voz le respondió, pues el principito contestó:
-Sí! Sí! Es el día, pero estoy seguro que el lugar no es éste...
Emprendí mi vuelta hacia el muro. No veía ni oía a nadie. El principito nuevamente dijo:
-..Seguro. Te fijarás en qué lugar comienza mi huella en la arena. Espérame allí esta misma noche.
A veinte metros del muro y todavía no veía a nadie con quien el principito pudiera seguir hablando..
Agregó todavía:
-Dará buen resultado tu veneno? No sufriré por mucho tiempo, verdad?
Con el corazón oprimido me detuve sin comprender.
-Márchate ahora...-dijo- Quisiera descender!
Baje la mirada hacia el pie del muro y... di un salto! Inclinada hacia el principito, amenazaba una de esas serpientes amarillas que os matan en treinta segundos. Corría mientras buscaba mi revólver, pero al oír el ruido, la serpiente se deslizó por dentro de la arena hasta desaparecer como un chorro de agua que muere.
Llegué al muro en el instante indicado como para recibir al principito en mis brazos, quien se hallaba pálido como la nieve.
-De qué se trata esta historia? Ignoraba que hablaras con serpientes.
Mojé sus sienes, le di de beber y aflojé su eterna bufanda de oro. No me atreví a preguntar nada. Mirándome gravemente, rodeó mi cuello con sus pequeños brazos. Su corazón latía como el de un pájaro que muere, herido por una carabina. Me dijo:
-Me alegra mucho que hayas dado con el desperfecto de tu máquina. Podrás regresar a tu casa...
-Cómo lo sabes?
Justamente, era lo que venía a comunicarle. Contra toda esperanza, finalmente mi trabajo tuvo éxito.
Sin responder a mi pregunta agregó:
-También yo hoy vuelvo a casa...
Algo triste prosiguió:
-Es mucho más lejos, más difícil...
Lo abracé contra mi pecho como a un niño y parecía escurrirse hacia un oscuro abismo sin poder hacer nada por retenerlo...
-Ah! Sabes? Tengo tu cordero, su caja y también su bozal...
Sonrió con melancolía.
-Has tenido miedo, hombrecito.
Sin duda que lo había tenido.
-Esta noche tendré mucho más...
Un frío helado recorrió mi cuerpo por la certeza de lo irreparable. No soportaría la idea de no escuchar nunca más la música de su risa. Era para mí como una fuente en el desierto.
-Hombrecito... quiero escuchar tu risa otra vez...
Me dijo:
-Esta noche se cumplirá un ano. Mi estrella estará exactamente sobre el mismo sitio donde caí el año pasado...
-Dime que es una pesadilla la historia de la serpiente, la cita y la estrella...
No respondió y dijo:
-No se ve lo que es importante...
-Seguro que no...
-Es como una flor. Si la flor que amas se encuentra en una estrella, da alegría mirar el cielo por la noche. Es como si todas las estrellas florecieran.
-Seguramente...
-Como el agua, la que me has dado... Era como una música, recuerdas? Era dulce...
-Seguramente.
-Mirarás por la noche las estrellas. No sabrás exactamente cuál es la mía pues mi casa es demasiado pequeña. Pero será mejor así. Para tí mi estrella será alguna de todas ellas; te agradará mirarlas y todas serán tus amigas. Luego te haré un regalo...
Rió nuevamente.
-Ah! cómo me gusta oír tu risa!
-Precisamente, será mi regalo... será como el agua...
-No comprendo.
-Las estrellas no significan lo mismo para todas las personas. Para algunos viajantes son guías. Para otros no son más que lucecitas. para los sabios son problemas. Para mi hombre de negocios eran oro. Ninguna de esas estrellas habla. En cambio tú..., tendrás estrellas como ninguno ha tenido.
-Qué intentas decirme?
-Por las noches tú elevarás la mirada hacia el cielo. Como yo habitaré y reiré en una de ellas, será para tí como si rieran todas las estrellas. Tú poseerás estrellas que saben reír.
Volvió a reír.
-Cuando hayas encontrado consuelo (siempre se encuentra), te alegrarás por haberme conocido. Siempre seremos amigos. Sentirás el deseo de reír conmigo y abrirá tu ventana, así... por placer... y tus amigos se asombrarán al verte reír mientras miras el cielo. Les dirás: "Sí, las estrellas siempre me hacen reír". Tal vez crean que estás loco. Te habré hecho una muy mala jugada...
Volvió a reír:
-Harás de cuenta que en lugar de estrellas te he regalado puñados de cascabelitos que saben reír...
Rió nuevamente. Luego su risa se transformó en seriedad.
-Esta noche... sabes?... no llega.
-Prometo no separarme de ti.
-Va a parecer que sufro... que muero un poco. Es asi. No vengas a verlo, no vale la pena...
--No me separaré de ti ni un instante.
Estaba inquieto.
-Te lo sugiero también por la serpiente. Ella no debe morderte... las serpientes son malas, muerden muchas veces por placer...
-Hombrecito..., no me separaré de ti.
Algo pareció tranquilizarlo:
-Aunque... es cierto que no tienen veneno en la segunda mordedura...
Esa noche no lo vi marcharse. Se evadió sigilosamente.
Logré alcanzarlo mientras caminaba decidido y con paso rápido. Me dijo:-Ah! Estás ahí...
Tomó mi mano pero siguió atormentándose:
-No has hecho bien en desobedecerme. Sufrirás. Parecerá que muero pero no será verdad...
Yo permanecía en silencio.
-Comprende que es demasiado lejos. No puedo llevar mi pesado cuerpo allí.
Yo seguía sin hablar.
-Pero será como una vieja corteza abandonada. No son tristes las viejas cortezas, verdad?
-Yo callaba.
Hacía esfuerzo para no descorazonarse:
-Sabes?, será agradable. También yo miraré las estrellas. Todas ellas serán pozos con una roldana enmohecida, y todas ellas me darán de beber...
-Yo continuaba en silencio.
-Hasta será divertido! Tendrás quinientos millones de cascabeles y otro tanto de fuentes...
Pero también calló, porque lloraba...
Mira, es allá. Déjame avanzar un paso, solo.
Se sentó porque tenía miedo.
Dijo:
-Sabes?... mi flor.. soy responsable. Ella es tan débil! Y tan ingenua! Piensa que con esas cuatro espinas insignificantes se protegerá contra el mundo...
Me senté porque ya no me era posible mantenerme de pie.
El principito dijo:
-Bien... es todo...
Vaciló un instante, al cabo del cual se levantó. Dio un paso. Yo estaba casi paralizado.
Pudo verse un relámpago amarillo cerca de su tobillo que lo dejó inmóvil un instante. No gritó. Como cae un árbol, cayó suavemente sobre la arena.
Capítulo 27
Han transcurrido ya seis años y es la primera vez que relato esta historia. Los camaradas que me encontraron se alegraron de verme vivo. Estaba muy triste, pero les decía: "Es la fatiga..."
Con el tiempo encontré algo de consuela. Tengo la certeza que regresó a su planeta, pues, al despuntar el día, no hallé su cuerpo. Por las noches me gusta oír las estrellas. Suenan como si fueran millones de cascabeles.
He aquí algo extraordinario. Olvidé agregar la corra de cuero al bozal que dibujé para el principito. No habrá podido colocársela nunca. Me pregunto: "Qué habrá sucedido en su planeta? Tal vez el cordero haya devorado a la flor..."
Muchas veces me respondo: "Seguramente no! El principito sabe cuidar a su rosa poniéndola todas las noches bajo un globo de vidrio, al tiempo que vigila celosamente a su cordero..." Y así me siento feliz. Y todas las estrellas ríen dulcemente.
Otras veces pienso: "Sería suficiente distraerse tan sólo una noche..., y olvidarse del globo de vidrio..., en ese caso el cordero saldría cuidadosamente a fin de no ser escuchado, y comería la flor durante la noche..." Los cascabeles de pronto se transforman en lágrimas!...
Es realmente un gran misterio. Para vosotros que seguramente amáis también a mi hombrecito, nada en el mundo sigue siendo igual si en algún lugar, no se sabe dónde, un cordero que no conocemos ha comido, sí o no, a una rosa...
-Levantad los ojos al cielo y preguntad: el cordero, sí o no, ha comido a la flor? Y veréis como todo cambia...
Os aseguro que no hallaréis persona grande alguna, que comprenda la importancia que ello tiene, para quienes hemos conocido al principito.
Para mí, es éste al mismo tiempo, el más bello y triste paisaje del mundo. El mismo que el que lo precede, pero lo repito para que lo miréis con atención. Es aquí donde el principito apareció en este planeta y es también aquí donde finalmente desapareció.
Repasad esta imagen como para estar bien seguros que habréis de reconocerlo, si viajáis algún día por el Africa, en el desierto. Si pasáis por allí os pido: tened la gentileza de esperar; no os apuréis, aguardad unos instantes, exactamente debajo de la estrella. Si véis que un niño se os aproxima, ríe, tiene cabellos color oro, si no responde a vuestras preguntas, ya sabréis de quién se trata. Sed bien gentiles entonces! Escribidme sin vacilar un instante, contadme que el principito ha regresado...
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