jueves, 9 de diciembre de 2010


Desaparición población taína

Por Frank Moya Pons / El Caribe
Jueves 3 de julio del 2008

La rápida desaparición de la población taína, entre 1493 y 1514, impresionó mucho a los europeos que la presenciaron, y no era para menos pues la población nativa de la isla Española decreció de unas 400,000 personas en 1493 a apenas 26,334 en 1514.

Conocemos hoy el número exacto de la población aborigen de la isla en 1514 porque su rápida declinación creó una crisis de mano de obra en las minas de oro que obligó al rey Fernando a ordenar un nuevo conteo de los indios que estaban en manos de los españoles para redistribuirlos según su propia conveniencia y poner fin así a los conflictos entre los encomenderos.

Ese conteo y distribución de los últimos indios disponibles para el trabajo en las minas es conocido como el “Repartimiento de 1514” y fue realizado quitando indios a quienes no producían oro o alimentos, y dándolos arbitrariamente a quienes todavía tenían minas en producción.

En el momento en que se hizo el repartimiento había en la Española 14 ciudades y villas fundadas en sitios en los que originalmente hubo grandes pueblos indígenas o en lugares cercanos a importantes yacimientos de oro.

En algunos casos lo que determinó la fundación de los establecimientos españoles fue la disponibilidad de mano de obra india o de oro.
 
En el caso de la Concepción, el más importante centro minero de la isla, ambas circunstancias concurrieron en un mismo punto y contribuyeron al desarrollo de una ciudad de varios miles de habitantes.

Santo Domingo, por su parte, combinaba su cercanía a las importantes minas de Haina con el hecho de ser el principal puerto de la isla y la capital de la colonia.
 
En el Repartimiento de 1514 solamente recibieron indios 738 encomenderos, de los cuales 16 vivían en España. Otros 10 eran hospitales, monasterios y una iglesia.

Con la cifra de 710 encomenderos residentes en la isla podemos aproximarnos a una población europea mínima de unas 3,585 personas, aceptando que cada encomendero fuera realmente cabeza de una familia de tamaño promedio de cinco individuos.

Los que recibieron indios no componían la totalidad de los vecinos y moradores de la isla pues hubo muchas personas que no recibieron indios por no merecerlos políticamente o por haberlos perdido en virtud del mismo repartimiento.

Más de la mitad de la población española de la colonia se quedó sin recibir indios en el repartimiento de 1514, a juzgar por la emigración masiva que se produjo inmediatamente después por parte de aquellos que fueron despojados de sus indios y de los que vieron cerradas sus posibilidades de adquirir mano de obra indígena.

 El juez Alonso de Zuazo, en su célebre "Carta a Xevres", escrita en 1518, llegó a afirmar que entre 1515 y 1517 "se fueron a tierra firme más de ochocientas personas que andaban en las minas", y otro documento de 1516 dice que en ese año los vecinos eran algo menos de 715.

Tal vez nunca lleguemos a saber cuál era la población española de la colonia en 1514 o en los años anteriores, pero sí es posible concluir que era mucho mayor que la que sugieren los simples datos del repartimiento, y no es descaminado estimarla como superior a las cinco mil personas en 1515. Bartolomé de las Casas, que vivió en la isla en años anteriores la estimó en unas 10,000 personas.

Los repartidores censaron a los encomenderos por su residencia, como vecinos y moradores, por su estado civil, en casados con indias; casados con mujeres de Castilla y no casados, y por su ocupación.

De este conteo resultó que 371 encomenderos gozaban de la calidad de vecinos, esto es, poseían solar y se habían establecido en la Española con intención de permanencia.

Que la mitad de los encomenderos estuvieran avecindados parece indicar un cierto grado de estabilidad entre la población española de la isla en aquellos momentos en que el espíritu de aventura y exploración empujaban a los hombres a cambiar de sitio y a moverse de una frontera a otra en las tierras americanas.

Otro dato sugerente es la cantidad de encomenderos casados, entre los cuales 133 habían formado familia con mujeres de Castilla, en tanto que 62 todavía seguían casados con mujeres taínas, lo cual nos dice que casi un tercio de los matrimonios eran mixtos y que muchos españoles casados con indias habían conservado sus privilegios a pesar de la política contraria a estas uniones impuesta por el gobernador Nicolás de Ovando.

Ovando había prohibido los matrimonios mixtos como un medio de limitar el acceso de la gente común a la mano de obra indígena y de impedir que se repitiera lo que había ocurrido en tiempos de Roldán y de Colón cuando muchos españoles aprovecharon la muerte de los caciques para casar con sus hermanas o viudas y heredar el poder político y el control laboral de las comunidades aborígenes.

El promedio de indios recibidos por los españoles casados con indias varía de una comunidad a otra. Llama la atención el empeño de las autoridades por fomentar los matrimonios y la constitución de familias europeas en la colonia pues en más de un caso se entregaron encomiendas de indios en 1514 a condición de que el recipiente "traiga a su mujer de Castilla dentro de un año primero siguiente e si no que queden para las haciendas de Sus Altezas."

Igualmente interesante es la distribución de los artesanos y mineros españoles en las diferentes ciudades y villas de la isla pues se nota inmediatamente que los tres principales centros mineros, la Concepción, Santo Domingo y la Buenaventura, concentraban 49 de los 89 trabajadores blancos calificados en el Repartimiento.

De esos trabajadores, 28 eran mineros profesionales. El resto eran un aserrador, 12 herreros, 7 carpinteros, 7 barberos, 5 albañiles, 5 sastres, 2 fundidores, 1 mercader, 1 calcetero, 1 pescador, 1 pastelero y 1 pregonero. Entre los profesionales se mencionan 10 escribanos, 9 bachilleres, 5 licenciados, 1 notario, 1 cirujano y 2 boticarios.

A estos hay que añadir 47 regidores, 4 alcaldes, 20 funcionarios y oficiales reales y 26 visitadores que también recibieron indios, para tener una idea de la composición laboral de la población española en aquellos años. Hay que advertir que en más de un caso un individuo desempeñaba más de una de las actividades mencionadas anteriormente.

El número de encomenderos registrados nos da una idea del tamaño relativo de cada asentamiento español en la colonia y nos muestra cuán incipiente era la vida urbana en la Española a pesar de los pomposos títulos y blasones que la Corona otorgó en 1508 a todos los pueblos y villas que habían sido fundadas por Colón o por Ovando.
 
Cuatro pueblos apenas alcanzan los 25 encomenderos. Otros dos tienen 35 y 36 encomenderos, respectivamente. Cinco poseen entre 42 y 49 encomenderos. La Concepción con 82 y Santo Domingo con 201 se destacan por encima de las demás poblaciones españolas por su evidente importancia como centros mineros y administrativos de la isla en donde se llevaban a cabo las fundiciones del oro recogido.
 
Estas cifras nos muestran comunidades aldeanas de pocas familias que vivían en un ambiente rural orientadas hacia la minería, o hacia la crianza de ganado y una agricultura de subsistencia basada en modos indígenas de explotación de la tierra pues los españoles apenas empezaban a aclimatarse al nuevo ambiente tropical.

El repartimiento de 1514 no logró detener el colapso de la población taína. Más bien lo aceleró pues a finales de 1517 solamente quedaban 11,000 taínos vivos en control de los españoles.

En diciembre de 1518 se desató una epidemia de viruela, la primera en el Nuevo Mundo, que hizo morir más de 8,000 indios quedando apenas unos 2,500 sobrevivientes en toda la isla. De éstos hablaremos más adelante.
Frank Moya Pons es historiador